Yo sólo sé que nada sé: Sócrates

Ramón Pacheco Aguilar, Recientes No hay comentarios en Yo sólo sé que nada sé: Sócrates 1120

Concluyo el plan original de comentar sucintamente sobre la vida y contenido de los clásicos de la filosofía occidental; algunos dirán de la filosofía universal, pero modestamente creo que aún no tenemos la capacidad de utilizar el término “universal” para este caso y para ningún otro, salvo que nos pudiésemos transportar en una onda de luz.

Sócrates, el primer filósofo clásico, fue maestro de Platón quien tuvo a Aristóteles como discípulo, siendo los representantes fundamentales de la filosofía de la Antigua Grecia. Fue educado en literatura, música y gimnasia. Posteriormente aprendió dialéctica, el arte de la conversación y la discusión, y retórica, el uso del lenguaje y la construcción del discurso. Fue combatiente de varias guerras, pero nunca fue, a diferencia de Platón, partidario de la política.

Sócrates educaba e instruía mediante el arte de la dialéctica y la mayéutica, de la que fue el verdadero iniciador. Realizaba una pregunta y en base a las cuestiones y respuestas generadas se realizaba una evaluación y el interlocutor era capaz de descubrir sus incongruencias y verdades, logrando con ello su propio entendimiento.

Se oponía a la ignorancia popular y enseñaba en creer, de manera objetiva, en la justicia, el amor, la virtud y el conocimiento de uno mismo. Describió el Alma como la unión entre inteligencia y carácter, postulando que ello determina que alguien sea sabio o loco, bueno o malo.

No escribió ningún libro porque creía que cada uno debía desarrollar sus propias ideas. Lo que se sabe de él fue escrito por sus dos discípulos más notables, Platón y Jenofonte. Su método era dialéctico, y no olvidemos que la dialéctica es la iniciadora de la filosofía, ciencia que busca en el interior del ser humano.

La mayéutica, como método inductivo cuya lógica ilumina el entendimiento, fue su más grande mérito. De ella deriva el más especial de sus ejemplos: la unidad entre teoría y conducta, entre pensamiento y acción. Sócrates adoptó siempre un carácter ignorante como lo demuestra su más famosa frase: “Solo sé que nada sé”. Difícil pues, el no ser socrático. Para concluir, acepto que poco conozco de la vida cotidiana de Sócrates como hombre de familia y padre de tres hijos. Su joven muy esposa Jantipa, interesante y controversial personaje de su época, determinó en mucho el “sistema socrático”- Pero de ella, “feminista primaria”, hablaremos en otra contribución.

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