No confundir el uso con el abuso

Jorge Murillo Chísem, Recientes No hay comentarios en No confundir el uso con el abuso 40

Para luchar contra el alcoholismo a nadie se le ocurriría encarcelar a las personas que fabrican y distribuyen vinos y licores. Así también la presión social sobre los fumadores es grande en la actualidad  y sienten la discriminación, sin embargo nadie persigue a los industriales del tabaco.

Mientras los fumadores y alcohólicos son discriminados cada día por la sociedad, sus servidores industriales pasan la prueba como si fueran los ejecutivos de cualquier empresa legal. Hay, por supuesto, advertencias contra los riesgos para la salud que acompañan al hábito de fumar en las cajuelas de los cigarrillos; su publicidad está limitada en muchas partes y los impuestos que paga la industria del tabaco exceden en mucho el promedio de los demás productos. No se llegó, sin embargo, a la penalización de los fabricantes y distribuidores.

Lo opuesto pasa con la droga. En los ambientes donde se consume, los unos entienden y protegen a los otros. Los jóvenes, aun cuando no se droguen, admiten que sus compañeros lo hagan. Los servidores de este otro vicio, empero, son perseguidos como los peores criminales. Y la verdad es que sí lo son.

Comer, fumar y beber, son actividades congruentes con la naturaleza humana hasta que se abusa de ellas. ¿Drogarse, acaso lo es?

En tanto beber o fumar, siempre que se haga con moderación, forman parte de las actividades agradables de la vida; drogarse es huir de ella. He aquí una diferencia esencial. El objetivo que tiene a la vista el fumador de un cigarro, o el catador de un buen vino, es agregar placer a esa mezcla de placeres-dolores que es la vida. La droga, en cambio, es un “viaje” para huir de ella; es la pretensión de sustituirla por un universo de sensaciones químicamente generadas.

Por ello, los industriales del tabaco y los fabricantes de bebidas no son criminales. Ellos ponen a disposición de sus clientes la posibilidad de disfrutar moderadamente de estas prácticas. El “abuso” de estos “usos”, es un problema de cada quien.

El gran error de la famosa Ley Seca que quisieron imponer en los Estados Unidos en los años Veinte del siglo pasado fue confundir el “uso” con el “abuso” del alcohol. Siguiendo una veta puritana, los norteamericanos pretendieron en los años Veinte, para combatir el abuso, prohibir el uso. Desde ese mismo momento, los fabricantes de bebidas alcohólicas pasaron a ser identificados como criminales. Y lo fueron. Pero la Ley Seca debió ser abrogada porque no es posible ir contra las tendencias profundas del ser humano. ¿A quien se le ocurriría prohibir el chocolate para que no haya obesos?, En el acto los que cultivan cacao serían criminales.

¿El que consume drogas tiene un vicio comparable al tabaquismo, el alcoholismo o la gula? Si lo fuera, habría que legalizar el consumo de drogas. La mafiade la droga dejaría de serlo y el problema de la droga pasaría, como el del cigarrillo, a la conciencia de cada persona.

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