Ricardo Anaya ese (falso) profeta de las caguamas

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Dr. Mario Alberto Velázquez García

Academia Mexicana de Ciencias

La política mexicana se ha convertido en una forma menor de los “reality show” donde los presentadores y los participantes buscan despertar nuestras emociones y aumentar la audiencia, aunque esto signifique abandonar toda forma de dignidad o de coherencia ideológica. No importa, nada importa mientras la gente siga votando por ellos. La sociedad como espectáculo es una realidad.

Una de las dinámicas nuevas y más emocionantes en esta sociedad del espectáculo a la mexicana es la reaparición (el reciclaje) de personajes políticos (o de otra índole) que tuvieron algún grado de protagonismo público y que son utilizados para atraer la atención de aquellos nostálgicos que aún los recuerdan. Así, vemos que todos los partidos invitan a viejas figuras como algún cantante, actor o político que de repente descubre que siempre tuvo una “vocación de servicio”, aunque esta ahora sea muy distinta a lo que siempre dijo o sostuvo. No importa, este no es un juego de coherencia sino de visibilidad. Pero en el nuevo espectáculo político, -y supongo que para hacer más atractiva la incorporación de estos personajes-, ninguno de ellos sabe cuál será el recibimiento que tendrá por parte del público ante su regreso; algunos serán recibidos con aplausos y entusiasmo, pero otros son colocados en una luz muy contraria a sus propias expectativas.; incluso parecen estar condenados a los programas de comedia o “pastelazo”.

Este último es el caso de Ricardo Anaya, quien alguna vez fuera considerado una de las promesas más importantes dentro de las nuevas generaciones de política y que llegó a ser por algunos breves momentos una amenaza real a las posibilidades de triunfo electoral del actual presidente Andrés Manuel López Obrador. Este personaje ha decidido regresar al escenario nacional. Sin embargo, en esta rueda de la fortuna que precede el regreso de los actores al espectáculo político parece que le ha tocado un papel muy destacado en el mundo de los memes y los chistes. ¿Cómo se produjo este cambio? ¿Qué le pasó a la sociedad o al mismo Anaya para regresar como rey de los memes sobre las caguamas?

Primer acto. Ricardo Anaya sabía que uno de los apodos que más daño su imagen durante la anterior campaña presidencial fue del “Ricky Riquín Canallín”, porque lo colocaba como miembro de las clases privilegiadas de México (lo que lo alejaba de su posible electorado) y no sólo eso, uno que llegó a ocupar esta posición de privilegio por, supuestamente, haber cometido algún tipo de delito financiero.

Segundo acto. Al decidir que podía regresar a la vida pública, Anaya decide que debe empezar por limpiar su imagen y eliminar esta percepción de no ser parte del “pueblo”. Para ello, decidió hacer una serie de recorridos a pie por colonias de distintas zonas de México. Pero, por más que lo intenta, los capitales culturales de Ricardo y de los que le producen estos videos se notan totalmente alejados de los lugares donde visita. Los videos dejan ver lo artificial de las conversaciones, lo forzado de las sonrisas, en otras palabras, se nota que le “falta ver más bax” a Anaya.

Tercer acto. Anaya ha decidido ocupar el mismo tipo de estrategia que uso Trump durante la presidencia de Obama, es decir, cuestiona sistemáticamente toda acción de gobierno. En su caso por medio de videos cortos que buscan ser “entendibles” para todas las audiencias. Con esta finalidad, hizo un video donde critica la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México comparando, esta decisión de gobierno, con la decisión que toman una hipotética persona trabajadora que dedican todo su sueldo a comprar y tomar “caguamas” (cerveza, pero muy grande). Esto ha desatado, no una ola de indignación social por sus comentarios (sobre el aeropuerto) sino de burlas por su falta de capacidad de entender a la población de bajos ingresos. Para Ricardo, como para muchos miembros de las clases altas y medias, los pobres lo son por flojos, porque no trabajan lo suficiente, o en este caso, porque desperdician sus ingresos en cerveza. Pero, además, Anaya no dijo “cerveza” dijo “caguamas” ¿por qué? Me parece que quería enfatizar otra idea totalmente arraigada en las clases ricas sobre los pobres: su incapacidad para “auto gobernarse”, de tal manera que una persona de escasos recursos si toma es para terminar totalmente borracho, así que no se toman cervezas se toma caguamas, es decir grandes cantidades de bebida. En otras palabras, la caguama la toman los borrachos (pobres) los de clases medias y altas tomarán por su partecervezas artesanales… pero más importante, la anécdota ilustra otra cosa más profunda, la creencia de los ricos y privilegiados respecto a que los problemas de los pobres tienen solución por medio de actos de voluntad y adopción de los principios morales correctos (es decir, aquellos del rico que te esta aconsejando). Ricardo Anaya en su papel de (falso) profeta, pide a la gente que deje de tomar, como si eso hiciese que mágicamente los dos mil pesos fueran suficientes para mantener a una familia. La distancia cultural y social de Anaya con la mayoría de los mexicanos es inmensa, él la hizo visible con su video y la gente se la restregó con sus memes. No entienden que no entienden.

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