El muro de paz y las protestas feministas en México

Mario Velázquez García, Recientes No hay comentarios en El muro de paz y las protestas feministas en México 208

Dr. Mario Alberto Velázquez García

Academia Mexicana de Ciencias

 

Como explica James Scott, en todas las sociedades, pero particularmente en aquellas donde un grupo sufre formas de control evidentes y altamente restrictivas, los oprimidos desarrollan forma de rebelión cotidiana que buscan, poco a poco, dañar y terminar con la opresión. Uno de estos mecanismos de rebelión cotidiana lo constituyen, desde tiempos medievales, los carnavales. Estos son eventos donde el orden social, las reglas de conducta y “buen comportamiento” son volteados y la gente puede por un rato librarse del control social.

Las manifestaciones políticas, particularmente aquellas que se producen en países con democracias débiles como México, funcionan para algunos grupos sociales como un tipo de carnaval. En estos eventos los grupos que se manifiestan desarrollan comportamientos que se dirigen a subvertir y protestar, al menos temporalmente, contra el grupo que concreta o simbólicamente los reprime. En los últimos años las manifestaciones de mujeres y grupos feministas del 8 de marzo se han convertido en un carnaval contra los distintos elementos que ellas perciben como opresivos o contrarios a sus libertades e incluso que atentan contra sus vidas.

En un contexto de evidente emergencia nacional por la cantidad de feminicidios, violaciones, tocamientos y otros tipos de ataques contra la integridad física, personal, moral,económica y social de las mujeres, el gobierno federal ha decidido en los hechos y en el discurso que la lucha por la igualdad de género no es su prioridad. Acorde con estrategias políticas del siglo pasado de ideologías de izquierda (pero también de derecha) las luchas de grupos como el feminismo, el pacifismo o los ecologistas eran considerados temas “pequeño burgueses” que deberían esperar a que se lograsen las Grandes Metas de la transformación, como la caía del capitalismo, la caída del estado, o en estas versiones más tibias o de plano marxistas-neoliberales terminar con la “corrupción” (léase cada vez más claramente mis enemigos, los que no están dentro de mi movimiento o los contrarios políticos) o las oligarquías políticas o económicas. Aquello, que el líder o el partido (es decir el líder) diga que es el contrario principal.

La decisión política presidencial de priorizar su cruzada contra la corrupción y los grupos conservadores choca directamente con los movimientos feministas que reclaman que su causa debiera ser una prioridad nacional. La visión presidencial- errónea desde mi punto de vista, – no sólo es política, sino también es un cálculo pragmático que hizo evidente estos días: desde su perspectiva, las mujeres que participan en las marchas no son una fuerza política y social lo suficientemente numerosa (“no llenaron el zócalo”, les dijo) para desafiar los votos que él obtuvo en las urnas. En otras palabras, para él no fueron las feministas las que lo llevaron al poder. Otro elemento, no menor, es el evidente conservadurismo moral de la persona que ocupa el cargo del ejecutivo federal: es un hombre con valores morales donde el uso de la mariguana, el aborto y las protestas feministas no tienen lugar.

El muro que el presidente mando colocar para proteger palacio nacional será sin duda uno de los momentos que marcará este sexenio. El peso simbólico de esta acciónseñalará determinará la manera en que las mujeres que marcharon este día entiendan su relación con el sistema presidencial mexicano. Más allá de las delirantes declaraciones del presidente y su vocero respecto a que era un “muro de paz” o era para “proteger el patrimonio de todos los mexicanos”, los muros son, en el contexto de una marcha, un acto claro de provocación y de represión, no física, pero si simbólica y al derecho de movilidad. El Palacio Nacional no es del presidente, es de todos lo mexicanos y entre ellos, el de las mujeres que decidieron manifestarse frente a este inmueble. Prohibirles a las mujeres acercarse, es negarles a mexicanas el acceso a un inmuebledonde en teoría todos y todas estamos representados. Es interesante y a la vez preocupante que el tipo de argumentos resumidos en la frase: el “muro de paz”, sean los mismos que usaron los soviéticos para dividir Berlín o los israelíes para colocar un muro con Palestina. Un muro, particularmente cuando lo instala un gobierno, significa que existe un grupo al que se considera peligroso y con el que se quiere tener el mínimo contacto o de ser posible, ninguno. El muro de palacio nacional no era de paz, era la declaración de guerra al feminismo que está fuera de la 4T.

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