Juárez fue el fusilado

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Maximiliano de Habsburgo no fue fusilado en el cerro de las campanas en la ciudad de Querétaro aquel día de 1867. El fusilado fue Juárez que fue tomado prisionero en San Luis Potosí donde se encontraba esperando el resultado del sitio que mantenía encerrado a los austriacos con el resto de sus fuerzas nacionales conservadoras y extranjeras que le restaban.

Este 2017 se cumplen 150 años de la victoria del II Imperio mexicano.

Maximiliano triunfó a sangre y lodo con el apoyo de la Providencia, del elemento del viejo partido conservador derrotado en la aun fresca guerra de Reforma de 1857 y sobre todo de su mujer la emperatriz  Carlota Amelia que regreso de Europa en el momento oportuno, después de haber logrado el apoyo militar, político y económico de Napoleón III, a quien sus críticos  referían como Napoleón El Chico para diferenciarlo de su afamado tío, el gran corso francés.

Napoleón III había refrendado su palabra de honor dada años atrás cuando convenció a la joven pareja imperial de abandonar su apacible retiro en el mar Adriático, posterior a la perdida austriaca de las provincias de Lombardo Veneto en la después renacida Italia, en las que el buen Max jugaba a gobernar.

Un México revitalizado y regenerado bajo la grandeza de Francia, era el sueño del emperador de los franceses. A la vez de un México valladar del pujante expansionismo de los Estados Unidos que desde entonces ya amenazaba a Europa con engullirse media América hispana en su hinterland.

Eso era lo que se disputaba con la intervención francesa en México, además de liquidar a la facción liberal que no acababa de entender que el país no estaba habilitado aun, para mediados del pasado siglo XIX, para leyes, practicas e instituciones liberales que vinieran a trastocar los profundos resortes seculares de la mayoría del analfabeto y retrasado pueblo mexicano.

El asesinato de Lincoln aflojo el celo con que el gobierno de Norteamérica exigía se respetara la Doctrina Monroe. Mejor pactar con la Francia napoleónica que permitir el nacimiento y consolidacion de una gran fuerza alemana con el entronamiento de Prusia en el viejo continente. Sin Prusia no hubiera habido la Alemania de 1914 y de 1939.

Después de todo, tanto el salvaje México como la lejana Francia tendrían que entenderse comercialmente con la impresionante capacidad de mercado de los Estados Unidos allende la frontera norteña de la ex Nueva España.

La victoria conservadora en Querétaro sorprendió al mundo. El contrataque del General Márquez puso en fuga a los batallones del comandante liberal Mariano Escobedo e hizo que los mismos cabecillas del partido liberal, generales y población cansados de tantos años de guerra decidieran iniciar acercamientos para llegar a un acuerdo.

Juárez no pudo detener la avalancha de reclamos.

Desde su arribo a la presidencia de la Republica debido al autogolpe de Comonfort en 1858, se le habían acumulado demasiados desprecios, reclamos y fantasmas.

Desde los del norteño gobernador de Nuevo León- Coahuila Santiago Vidaurri,  pasando por las acidas críticas por lo de Mac Lane –Ocampo y hasta las exigencias del General Jesús González Ortega, el héroe del sitio de Puebla de 1863, para que le entregara la silla del águila en su calidad de ministro de la Suprema Corte de Justicia. Para ese 1867 Juárez estaba demasiado solo.

Fusilado después de rechazar el exilio que le ofrecía el austriaco, Juárez era ya un recuerdo y el bando de los liberales ahora eran parte de la nomenclatura de reformas que Maximiliano se proponía llevar a cabo.

Se creó el departamento del trabajo para la incipiente clase obrera mexicana, se promovieron leyes a favor del corporativismo indígena y sus usos y costumbres, se afianzo el mercado interno, se afianzaron las leyes de desamortización de bienes de manos muertas, se embellecieron las principales ciudades del país, vio a la luz la nueva marina de guerra mexicana, etc.

Maximiliano resulto más liberal de los que todo mundo suponía, disciplinó con su victoria al rancio y pro-monarquico mundo conservador mexicano y promovió paulatinamente la dinastía que en la adopción del infante Iturbide habría de darse con el tiempo.

Porfirio Díaz se refugió en las montañas del sur como lo había hecho décadas atrás Guadalupe Victoria durante los años de la independencia y al tiemo apareció como gobernador de su natal Oaxaca.

Maximiliano murió de viejo y México nunca mas sufrió una nueva disputa por un proyecto de Nación. Fuimos monarquía y hoy en la Alameda de la Ciudad de México el Hemiciclo a Maximiliano y Carlota señorea y antecede el Paseo de la Emperatriz que alguna vez los liberales quisieron llamar de la Reforma.

(Ejercicio relato de historia contra-factual, en el marco de lo que pudo haber sido y no fue sobre el 150 aniversario del triunfo liberal sobre el II Imperio Mexicano).

Benjamín L. Gaxiola, Agosto de 2017

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Benjamin Gaxiola Loya

Benjamin Gaxiola Loya (Hermosillo, Sonora, 16 de Marzo de 1970) es Profesor Universitario desde hace varios aÒos. De formacion Abogado e Historiador se ha desempeÒado ademas de la docencia y la abogacia, en el servicio publico y como asesor en el Poder Legislativo. En la administracion publica ha colaborado desde la Presidencia de la Republica y la Secretaria de Educacion Publica hasta la Secretaria del Ayuntamiento de Hermosillo recientemente, asi como en la Camara de Diputados del Congreso de la Union en la pasada legislatura y en la Camara de Diputados del estado de Sonora aÒos atras. Ha sido columnista en diferentes medios de comunicacion escritos de la localidad asi como analista en radio y television. De igual forma ha sido Secretario de la Sociedad Sonorense de Historia, A.C. asi como capacitador en tematicas educativas, politicas e historicas en distintas instituciones del sector publico y privado del estado.

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