100 años de la Constitución Sonorense

Benjamin Gaxiola Loya, Recientes No hay comentarios en 100 años de la Constitución Sonorense 43

El pasado día 15 de septiembre de este año, se cumplieron 100 años de la promulgación de la constitución sonorense.

Cien años de vida jurídica, un siglo de preceptos a favor del ordenado convivio social, una centuria de regirnos bajo un articulado progresista, con pretensiones de justicia social, funcional.
Una constitución — la sonorense — producto de la época y de la épica revolucionaria y sus demandas de reformas sociales, derechos humanos y garantías jurídicas para hacerlas valer, rectoría estatal sobre riquezas y gobernados, atavismos de regionalismo y reivindicación histórica.

Debatida y acordada por un Congreso Constituyente, es decir, diputados electos ex profeso para llevarla a cabo y desaparecer, en la entonces villa de Magdalena, Sonora, que para tan solemne suceso fue elevada a la categoría de ciudad desde entonces.
Desde entonces los sonorenses contamos con un texto constitucional hibrido, ajustado al mandato de la recién jurada de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de febrero de ese mismo año y dada a conocer en la ciudad de Querétaro, Querétaro; con particularidades muy de orden local.
La actual es hija y continuum de las anteriores constituciones que la entidad se había dado: la de 1831 en la que nacemos formalmente como entidad independiente a la muerte del llamado Estado de Occidente. La de 1848 bajo el marco del frenesí de la restauración federalista. La de 1861 en el preludio de la intervención francesa, como consumación de la guerra de facciones entre liberales y conservadores y reformada en 1872.
Distinguen al Texto Magno sonorense rasgos tales como la eliminación de las controversiales Prefecturas que durante el porfiriato actuaron como intermediarias políticas entre los pueblos y el poder ejecutivo, entorpeciendo el municipalismo y la vida cívica a favor del control gubernamental.

Asimismo, la constitución sonorense de 1917 concedía a los Ayuntamientos la facultad de iniciativa de ley, lo que les concedía mayor autonomía que en la actualidad.

Toca también a esta constitución asentar en definitiva a la ciudad de Hermosillo como ciudad capital de los poderes del estado, finiquitando de esa forma la circunstancialidad con que el gobernador Francisco Serna la había trasladado desde Ures en 1879.
No debe dejar de resaltarse una característica de nuestra constitución local: su atisbo soberanista.

Su artículo 23 deja en claro la no aceptación de pacto, acuerdo o acción que lastime la soberanía e integridad del estado. Resabios de la vulnerabilidad del estado a todo lo largo del siglo XIX bajo el telón de las agresiones filibusteras, la lejanía del apoyo del centro del país y la manera como los sonorenses de entonces tuvieron que arreglárselas solos en la mayoría de los casos.

Con la crisis de 1920 por la pugna entre Venustiano Carranza y Álvaro Obregón y la pretendida militarización de las aguas del Rio Sonora, saldrá a relucir este precepto, como un momento estelar a favor del paisanaje y los derechos locales en el marco del pacto federal vigente y en construcción tardía desde el lejano 1824.

Cien años de la Constitución de Sonora de 1917. En hora buena.

Benjamín L. Gaxiola
Hermosillo, septiembre de 2017

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