Yo si tengo miedo ¡mucho miedo!

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en Yo si tengo miedo ¡mucho miedo! 40

Yo si tengo temor, dicho en cristiano tengo miedo, mucho miedo. Les cuento:

A finales de diciembre pasado en prensa, radio y televisión, fuimos enterados de que en China, el gran país de la muralla histórica, se iniciaba una epidemia surgida en una de sus grandes ciudades, Wuhan con sus once millones de habitantes es la cuna del mortal virus bautizado primero como coronavirus y ya más técnico y con significado científico COVID-19. Como surgió, de donde vino, es mutante o una micro criatura más que por generaciones fue adquiriendo el súper poder que hoy tiene, para ponernos a temblar a miles de millones de indefensos, pero prepotentes, necios e inteligentes seres, que poblamos la tierra.

Los chinos comen de todo, dijeron muchos y la naturaleza les cobró su glotonería en un murciélago portador del virus, hasta entonces desconocido. Otro dijeron que en serpientes venía el gran enemigo y como la canción de la Camelia, la verdad nunca se supo.

Wuhan es de las cinco grandes urbes del país asiático que alberga en su territorio a la mayor población del mundo: 1,395 millones de habitantes en casi 10 mil millones de kilómetros cuadrados. Nada más por comparar, les comento que en México vivimos (hasta antes del coronavirus) 126 millones de habitantes en 2 mil millones de kilómetros cuadrados.

Siendo Wuhan entonces gran centro económico nacional e internacional, no fue extraño que portadores del virus que lo adquirieron en visitas de negocios, de placer o de estudios llevaran su incomoda compañía a sus lugares de origen. Fue así que Europa se contaminara rápidamente, con presencia de la mentada epidemia sobre todo en el norte de Italia, todoEspaña y regiones de Francia y Alemania.

Hoy, Estados Unidos ya tiene más contagiados que la misma Italia y España, que desde hace semanas superaron a la matriz del extraño enemigo. La epidemia ya no es tal, ahora es una pandemia que azota al mundo y que nos mantiene en parálisis casi generalizada, restregándonos en la cara todos los días lo pequeños que somos ate seres que no existen a la simple vista pero que son capaces de borrarnos del mapa en cualquier descuido a cada momento.

Iniciaba mi escrito con un tengo miedo, que dicho públicamente puede obtener como respuesta un ¡¡uuuulllleeerrrroooo!! Por el simple hecho de doblarse ante la realidad o visto desde nuestra creencia religiosa es ausencia de fe en el Señor, si recordamos que Isaías (41:10) nos declara en su lectura y hablando por Dios que “No temas pues yo soy tu Dios”. Déjeme decirle a que tengo miedo.

Tengo miedo al incrédulo e irresponsable, que aun convocado por científicos, no por políticos, ignora los llamados a tomar medidas preventivas; en su beneficio, el de los suyos y el de todos. Les puedes decir misa y la ausencia de neuronas no lo ubica, no los despierta. Somos como fichas de dominó que a la hora de la desgracia caemos uno tras otro, aunque jamás sepamos quien era el otro.

Tengo miedo a la apatía de un gobierno federal que asume su responsabilidad fuera de tiempo, sin liderazgo, sin sinceridad, sin razonamientos claros, en donde lo técnico choca con la estulta posición de quien todo cree saber y cual si fuera el moderno Quijote, no sueña con luchar contra molinos de viento, pero si contra adversarios, conservadores y corruptos; a quienes fustiga a diario con el látigo de su supuesta honestidad.

Tengo miedo por mis hijos, por mis hermanos, sus hijos y nietos, por mi compañera y los suyos, por mis familiares todos, mis amigos y compañeros de trabajo y por mi prójimo—y prójima, diría Fox—que si bien es cierto que debemos morir, no es bajo esta circunstancia que debamos hacerlo, menos a la hora que al extraño enemigo se le ocurra.

Tengo miedo porque al fin, para ganar la batalla se necesita tener miedo. Con miedo piensas en la defensa, desarrollas estrategias, reflexionas y te arrodillas para recibir la protección del que todo lo puede.

Si fueron capaces de aguantar hasta este final, gracias. ¡Ánimo! Y como canta la Yuri: “Siempre vendrán tiempos mejores”.

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