¿Ya nos olvidamos del lápiz?

Jorge Murillo Chísem, Recientes No hay comentarios en ¿Ya nos olvidamos del lápiz? 13

La nostalgia es un sentimiento que cualquier persona puede atravesar en cualquier etapa de su vida. Es pensar en algo que se ha tenido o vivido en una etapa y ahora no se tiene, está extinto o ha cambiado.Me refiero al uso del lápiz.

Sin lugar a dudas, el lápiz de grafito es uno de los productos de consumo masivo con mayor significación para los seres humanos. Aún con la llegada de las computadoras, lap-top, tabletas, etc., el lápiz sigue siendo en los niños el instrumento idóneo para aprender las primeras letras.

Nuestra primera infancia está altamente vinculada a este elemento. Todo el maravilloso proceso de aprender a escribir y dibujar está íntimamente ligado al lápiz. Nuestras primeras tareas, pensamientos, ideas y posteriormente los logros académicos o empresariales en buena parte, se materializaron gracias a él.

El color amarillo de su madera, su inconfundible # 2, su casquillo con banda dorada y su excelente borrador, lo hacen un producto emblemático para cualquiera.

La suave madera, la calidad del grafito y su buen acabado, contribuyen a obtener un lápiz de reconocido prestigio para la empresa a nivel nacional e internacional.

Por supuesto, no necesitamos hacer una encendida o vehemente alabanza para defender o justificar la existencia del lápiz ya que él tiene vida, historia y un papel en el devenir de los seres humanos.

Papel y lápiz conforman una simbiosis imprescindible; su labor e incondicionalidad hacen del lápiz un compañero, una necesidad y una presencia incomparable. Piénselo bien estimado lector, y verá que la vida no sería vida sin cuadernos y lápices.

Las palabras, el alma de las palabras, y muchos quehaceres humanos dependen de los lápices, de sus gomas o borradores y de lo que gracias a ellos se construye y se borra. Las palabras tienen otra cadencia y otro sabor cuando se escriben con lápiz; observarlas y manipularlas durante unos minutos o un tiempo cualquiera es un regalo y un reto.

La palabra escrita con lápiz y después borrada deja huellas; lo cual no sucede en las computadoras ya que con aplastar la tecla “suprimir” se eliminan sin dejar rastro.

Ni las computadoras ni el Internet podrán desplazar al lápiz. Aun cuando seguimos usando estos medios modernos electrónicos desde 1984, cuando apareció aquel exitoso ordenador personal Macintosh de la empresa Apple Computers Inc.

El lápiz, pues, sigue “vivo”, y conforme se va haciendo pequeño con el uso, se vuelve más cercano a la persona, porque mientras se escribe y se borra, se mira más profundo. Cuando es imposible coger el lápiz entre los dedos y es menester recurrir a otro “nuevo”, afloran entonces los recuerdos, pensando en el tiempo transcurrido y lo que se escribió con él.

Los lápices pequeños, imposibles de utilizar, contienen recuerdos y son testimonio de uno, de los tiempos, del quehacer de la vida, de las deudas, de las alegrías, y de muchas otras cosas.

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