¿Y usted, qué espera?

María Emma Freaner Figueroa, Recientes No hay comentarios en ¿Y usted, qué espera? 15

Como madre, abuela y ama de casa, dos cosas me quedan muy claras cada vez que elegimos nuevos gobernantes: Una cosa es lo que prometen y sueñan con hacer, y otra muy diferente lo que logran realizar una vez que ocupan sus puestos.

He visto a cada nuevo gobernante llegar lleno de proyectos, ilusiones y compromisos, mas no importa que tanto planeen, qué tan buenas intenciones tengan ni qué calificados estén, porque finalmente resulta que no gobiernan solos, y en ese tener que delegar responsabilidades se va perdiendo el control y desdibujando los objetivos planeados, ya que a cada miembro de su equipo además del objetivo común, le impulsa uno propio.

La forma de gobierno más elemental que conozco es liderar una familia y por experiencia sé lo difícil que esto resulta. Hay que estar en sintonía primero con la pareja y después, cuando los hijos comienzan a crecer, resulta que cada miembro es un persona con pensamiento propio que puede o no estar de acuerdo con las reglas y los acuerdos que los padres imponemos.

Aquí la ventaja es que el núcleo familiar es pequeño y no existe un límite de tiempo para entregar resultados. Poco a poco se va logrando un acercamiento y entendimiento de todas las partes. Se enseña y se forma al mismo tiempo, se aprende a trabajar en equipo y en esa convivencia diaria se van asentado las bases de las futuras relaciones humanas, basadas en los valores que son importantes, donde el respeto, el querernos y aceptarnos como somos, el consenso al tomar decisiones, el apoyo moral y material son parte muy importante.

Mi abuela paterna, madre de nueve hijos de los cuales mi papá era el mayor, decía que las dificultades para mantener unida a la familia comenzaban cuando los hijos se casaban y la familia crecía, porque cada nuevo miembro llegaba con una historia familiar distinta, con diferente manera de ser, de pensar y reaccionar y que a veces les daba mucho trabajo integrarse o de plano no lo lograban.

Si esto sucede en pequeños grupos de personas, imagino que es una lucha de titanes tratar de integrar y lograr que todos lo que participan dentro del gobierno sigan los lineamientos que su líder traza y luchen juntos por los mismos objetivos.

El encubrimiento es otro de los obstáculos que limitan a los gobernantes cuando toman posesión. Hasta entonces descubren cual es la realidad que guarda el municipio, estado o el país que van a gobernar. Antes de empezar a invertir tienen que tapar los hoyos de todo tipo que dejaron los dirigentes anteriores. Tienen además que cumplir con los compromisos que por debajo de cuerda hicieron durante su campaña, y decidir qué “amarres” van a respetar y cuáles van a rechazar.

Todavía no llega un líder que se atreva a presentarnos la realidad tal como la encontraron. Parece como si hubiera un acuerdo tácito entre todos los partidos para solo dar a conocer casos insignificantes y encubrir todos los graves desfalcos que dejó su antecesor, esta es quizá la mejor manera de asegurarse un trato semejante cuando entregue el poder. Así, el encubrimiento y la impunidad enlazan sus manos.

Y nosotros, pueblo, nos sentimos tratados con menosprecio, como si no tuviéramos la capacidad para darnos cuenta de lo que sucede, como si su información fuera privilegiada y no estuviera en boca de todos. Se les olvida que estamos en la era de la información instantánea y no solo tenemos acceso a lo local, sino a lo mundial.

Contantemente veo documentales en TV donde reconocidos científicos nos relatan la historia de nuestro planeta presentándonoslo como un ente vivo, en constante cambio y movimiento desde su formación. Entre períodos de hielo, deshielo, continentes que cambian de perfil, terremotos, tsunamis, civilizaciones muy desarrolladas que desaparecen para dar lugar a otras incipientes; me parece que en este planeta siempre hay algo que está por finalizar para dar oportunidad a un nuevo comienzo.

Las noticias que me llegan del exterior, me hablan de sobrepoblación y de una futura crisis alimentaria a muy corto plazo y me hacen pensar, con gran inquietud, sobre el futuro que le espera a nuestro país. Cada vez importamos más y producimos menos, en parte porque estamos sufriendo una grave falta de agua en muchas regiones como la nuestra, donde ganado y siembras están en constante peligro, de inundaciones en otras donde se pudren las cosechas y se derrumba la infraestructura, de incendios que van acabando con los bosques, alterando los ecosistemas y, como resultado de todo esto, numerosas especies animales están en peligro de extinción, y para acabarla de amolar los programas que se implementan para rescatar el campo nunca llegan a su destino, o llegan tarde.

Por televisión nacional dan a conocer los acontecimientos que afectan a nuestro país, pero ese conocimiento se queda a nivel de suceso noticioso que acapara la atención por unos instantes y se pierde entre pleito entre partidos, marchas de protestas y enfrentamiento entre bandas de narcotraficantes. No se hace conciencia de que las crisis de todo tipo que se están presentando en el mundo entero son apenas el comienzo de lo que puede sobrevenir después, si es que no las tenemos ya entre nosotros.

Nada podemos esperar ya del gobierno que está por entregar. Quisiera poder tener la esperanza que el nuevo gobierno tendrá la capacidad y se dará tiempo para planear a futuro lo que más conviene a México implementando programas de prevención y concientización entre sus gobernados y resolviendo las muchas necesidades que padecemos en lugar de perderse en un día a día que no tiene fin.

Una sola cosa le pediría a los nuevos gobernantes y al los que el día de mañana asumirán mando en el país: Que nos hablen con franqueza. Que nos sitúen en la realidad presente y futura, porque si siempre nos van a están maquillando las realidades y presentándonos solo números alegres nunca vamos a poder, por simple ignorancia, trabajar en conjunto apoyando sus planes y proyectos.

Como gobernados tenemos derecho, por medio de nuestros representantes, a opinar y conocer a fondo esos planes y proyectos. No sólo qué piensan hacer, sino cómo, cuándo, dónde, con qué financiamientos, quién lo va a realizar y bajo qué condiciones y supervisión, etcétera. Sí, ya sé, esto es como esperar un imposible, pero ¿qué no elegimos con ese fin a nuestros diputados y senadores?

Pensándolo bien, no sé de qué estamos hechos los mexicanos, que después de vivir decepción tras decepción, cada tres y seis años aún somos capaces de seguir manteniendo la esperanza de un cambio. Yo cada vez abrigo menos expectativas… ¿Y usted qué es lo que espera?

@mefreaner

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