Viaje al futuro

Joaquín Robles Linares, Recientes No hay comentarios en Viaje al futuro 11

La arquitectura  nos remite a aquellas series futuristas, en las cuales cuando éramos  niños, nos imaginábamos viviendo y colonizando otro planeta. Cristal, acero  y un diseño fantástico, todo edificado en un entorno montañoso y desértico, la ciudad de Tucson, Arizona, a los pies de este proyecto  que retó al futuro y la condición humana y otras variables hicieron que fracasara.

La Biósfera 2 es hoy un lugar de investigación ecológica, perteneciente a la Universidad de Arizona, antes se había construido para recrear las condiciones de nuestro planeta  en ambientes controlados, emulando a la ficción y pretendiendo a futuro la colonización de otros mundos, al final todo fracasó, el reproducir las condiciones de la Tierra en un ambiente artificial,  no fue del todo posible.

La producción de comida fue escasa para la demanda calórica de los integrantes de la misión, además la producción de CO2 fue exagerada para un ambiente hermético, pero lo que terminó por aniquilar las aspiraciones del intento,  fueron las cuestiones de carácter emocional de los integrantes, esta letal combinación mató el experimento.

Se invirtieron 150 millones de dólares en este sueño que terminó en un  naufragio financiero y científico, el lugar quedó a la deriva, sin embargo la Universidad  retomó las instalaciones y le dio una orientación peculiar a todo el complejo, se utilizaría en el futuro para la investigación en Ecología,  así como los efectos en los distintos ambientes de la contaminación y el cambio climático.

La experiencia es alucinante, al llegar y reconocer aquellas instalaciones vanguardistas, en un entorno excepcional a las faldas de la sierra de Santa  Catalina al norte de la ciudad, atendido por personal preparado y diligente, donde la ciencia y la tranquilidad avanzan juntas, toda una lección.

Después de un video introductorio comienza el recorrido por los distintos ambientes,  llegamos a la Selva, la humedad y el paisaje parece el centro de una selva ecuatorial.

Toda estructura está abrazada por enormes helechos así como enredaderas de distinto grosor, las lianas bajan rivalizando con larguísimos postes de metal y los troncos de los árboles se aferran al suelo con profundas raíces, como si siempre hubiesen estado ahí,   tras la explicación se suelta una lluvia fina que asemeja un clima selvático.

Después nos llevan a distintas partes de nuestra biodiversidad,  todo recreado con talento y visión; los avances son evidentes, árboles que absorben la contaminación de suelos, insectos que estimulan el crecimiento vegetal,  hongos que aportan nutrientes al suelo, peces que soportan distintas agresiones. En el ecosistema marino, el oleaje transmite una sensación de perplejidad.

A la par los vestigios de aquel ensayo por llevar nuestra  civilización a otros planetas, todo detenido en el tiempo, para muestra de aquellos que quieran ver el sueño; los cuartos, la cocina, la sala de estar, los apuntes de estos seres que intentaron edificar una quimera, nada se desperdició, todo permanece.

Al final nos llevan al pulmón artificial de este centro, una maravilla de la ingeniería, un enorme diafragma que en su momento fue todo un prodigio  de la técnica. Un espacio fabuloso donde el techo se agiganta o se achica según la demanda de oxígeno, construido para un espacio impenetrable, simplemente asombroso.

Al final salimos pensativos, conscientes de que en la ciencia,   hasta un sonoro fracaso puede convertirse en un éxito para la humanidad.

 

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