Terremoto político: no solo fue el tsunami

Bulmaro Pacheco Moreno, Recientes No hay comentarios en Terremoto político: no solo fue el tsunami 36

No será fácil entender a primera vista los principales ingredientes que se mezclaron para provocar lo que políticamente está sucediendo en México y en Sonora derivado de la elección del 1 de julio. No solo fue el “tsunami” político electoral como se trata de explicar el fenómeno, quizá por ligereza intelectual o por disculpa. Hay más.

Explicar objetivamente los principales acontecimientos de la última semana nos lleva a aceptar que se requiere considerar muchas aristas y una diversidad de elementos que han conformado la actual situación política, caso por caso (Estado por Estado), sin generalizar. Lo fácil y cómodo es caer en la simplificación de la realidad, la cortesanía o irse con la ola del oportunismo interpretativo con el clásico “¡se los dije!”, o el “yo ya sabía lo que iba a ocurrir!”, entre otras.

La realidad es que nadie—pero nadie—, previó las dimensiones de lo que pasó a nivel nacional y en los estados. En lo único que hubo coincidencia y certeza previa, fue en los números finales de la elección de presidente de la República. Por eso, lo recomendable es esperar a que terminen de caer las cifras y los dictámenes, así como el procesamiento de la información por parte de las instituciones federales y locales, y diseñar un análisis más exacto y objetivo. Finalmente, la realidad fría y dura de las cifras nos dará mayores elementos para una buena radiografía del momento.

Sobrarán los agoreros que a partir de la elección del pasado domingo se esmeren en predecir el fin del actual sistema político y de partidos, ante la contundente victoria electoral de Morena. A muchos de ellos les da por soslayar el hecho de que Morena es también un partido político, con registro legal creado recientemente, y que participó por primera vez en la elección federal del 2015.

Morena participaría en 2017 en elecciones para gobernador con altos porcentajes de votación en Veracruz y el Estado de México. Desde entonces y hasta ahora, Morena, como todos los partidos con registro, ha recibido puntualmente el financiamiento y las prerrogativas de ley para las actividades políticas que ha desarrollado.

¿En qué quedamos entonces? El malestar social y político de la gente ha sido es contra los partidos políticos, los políticos profesionales, o contra de aquellos que se han apropiado de ellos? ¿Contra los partidos como tales o contra quienes han desviado sus programas y principios? Quizá sí, pero la mayoría de los que votaron el pasado domingo votaron por un político profesional para presidente de México, y por un partido político de reciente creación.  Y vaya político profesional López Obrador: Candidato a gobernador de su estado: Tabasco; una vez candidato a jefe de gobierno de la Ciudad de México; presidente estatal del PRI en su estado y dirigente nacional de dos partidos políticos distintos (PRD y Morena); así como tres veces candidato a la Presidencia de la República.

Hay otros ingredientes de la rebeldía social y el malestar político, no solo el tsunami: La crisis económica y los efectos del gasolinazo de enero del año pasado; los escándalos de corrupción de los ex gobernadores, publicitados a cada rato; las sospechas de corrupción en altos niveles de los gobiernos federal, estatales y municipales; el distanciamiento cada vez mayor entre la clase política y la gente; la negada reforma del PRI, que fue relegada por el gobierno del presidente Peña Nieto, permitiendo que se siguieran haciendo las cosas internas del partido como si nada hubiera pasado en 12 años de oposición; la crisis de identidad del PAN que se fracturó con la salida de Margarita Zavala y el distanciamiento de su dirigencia con sus gobernadores y sus ex presidentes de la República.

Además, la crisis en el PRD, partido que se desgastó enormemente con sus militantes al aliarse con el PAN y al que por ahora, solo le falta que sus intendentes y oficinistas se pasen a las filas de Morena; también la frecuente y obsesiva deformación de mercantilizar la política o hacerla patrimonio de familias o de grupos que por años limitaron la movilidad política y social en las regiones; la estrepitosa crisis en los métodos de selección y reclutamiento de candidatos en todos los partidos; los cacicazgos locales y regionales que han frenado el desarrollo político.

Sumémosle la expansión del transfuguismo partidista así como la práctica frecuente de la política como un negocio; la desmedida injerencia del hampa organizada en los diferentes cargos de elección popular con la carga de violencia y asesinatos agregados; la petrificación de las candidaturas de familiares y personajes reciclados de siempre, casi todos representantes de grupos de poder político y económico a cambio del freno a la circulación de los cuadros partidistas; y el fracaso de las candidaturas independientes a todos los niveles.

Todo eso, —o casi todo eso—, terminó por hacer crisis el 1 de julio.

No lo vieron quienes no quisieron verlo, y todo eso fue principalmente lo que alentó el voto antisistema que provocó los más de 30 millones de votos por Andrés Manuel López Obrador, las cinco gubernaturas, los 307 diputados federales de la alianza, los 68 senadores, los  252 municipios y los 18 congresos locales que ganaron Morena y sus aliados. También la baja del PAN que se queda con solo 24 senadores y 82 diputados, el PRI con 13 y 45, el PRD con 8 y 21 y las 9 gubernaturas repartidas entre Morena (5),PAN (3) y Movimiento Ciudadano (1).

¿Que fue un tsunami político? Desde el punto de vista del impacto, así parece, fracturas partidistas en municipios y regiones, pero también  excesos de confianza, falta de ideas y propuestas para la gente y un desconocimiento brutal del verdadero sentimiento popular, en ese obsesivo y enfermizo afán de asimilar realidades a través de las encuestas y los sondeos de opinión y no del contacto con la gente.

¿Cuánto del voto duro del PAN le costó a Ricardo Anaya la alianza con el PRD y Movimiento Ciudadano? Fox sacó 15.9 millones, Calderón 15.0 Josefina Vásquez Mota 12.7 y Anaya solo12.5 millones. ¿Cuánto de su voto duro le costó al PRI (virtudes aparte de J. A. Meade) presumir a cada rato  que  se había postulado a un no priista como candidato? ¿En que estarían pensando con esa teoría que al final falló?. Por ejemplo; Francisco Labastida sacó 13.5 millones de votos, Roberto Madrazo 9.3, Enrique Peña Nieto 19.2, y José Antonio Meade solo 9.2. Es decir,10 millones de votos menos que Peña Nieto y menos que Roberto Madrazo en el 2006. ¿De quién fueron los 2.9 millones de votos que sacó el Bronco? ¿A quién se los quitó? ¿O fueron gracias a la figura de candidato independiente. El análisis del momento político mexicano apenas empieza. Habrá mayores elementos de juicio en el corto plazo, sin duda.

Lo positivo: la paz política de las elecciones y la expectativa de un cambio; un impulso real a la movilidad social, replantear la difícil estabilidad política, la disputa pacífica del poder a través de las elecciones, la consolidación de las instituciones, y la tranquilidad post- electoral, que manda señales importantes hacia fuera y hacia adentro cuando—inédito en México—, los tres contendientes perdedores reconocen su derrota, y el mismo día saludan y felicitan al candidato ganador. Todo eso provocó necesariamente un respiro en quienes temían lo peor y no ocurrió. Ya habrá mas elementos al cierre de la contabilidad electoral para entrarle de lleno al análisis de lo sucedido en las regiones.

bulmarop@gmail.com

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