Tendederos y percheros

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A raíz de los recientes eventos de los días 7, 8 y 9 del presente mes, ocurridos tanto aquí en las ciudades sonorenses como en multitud de otras ciudades del país, podríamos decir que se destapó la mítica Caja de Pandora, una caja que se dice contiene todos los males habidos y por haber. No es que dichos eventos se hayan generado en un instante, como por el influjo algún mágico ensalmo, desde luego que no, pero no hay duda de que alguien le levantó la tapa a esa caja llena de sorpresas buenas y malas, y de ahí han brotado y van a seguir brotando una serie amplia de situaciones, protestas, denuncias y manifestaciones, a cual más con pronósticos reservados.

Una de ellas son las denuncias del acoso que están sufriendo las estudiantes de la carrera de medicina en nuestra máxima casa de estudios, la Universidad de Sonora. Estas denuncias, profundamente dolorosas y preocupantes como son, revelan una situación que, como dije antes, no es de reciente generación, dado que se ha venido gestando y desarrollando lentamente, poco a poco, de manera similar a como se propagan las enfermedades infecciosas, que luego se convierten en epidemias y finalmente en pandemias. Más o menos como lo que está ocurriendo con el tristemente famoso Coronavirus, conocido también como CoVi-19 que en estos momentos trae de cabeza al mundo entero.Pero ese es otro tema.

Sin embargo, el tema del acoso a las muchachas, tanto por lo que revela como por lo que implica, ha cobrado actualidad gracias a la aparición de una especie de colgaderos o tendederos de alambre o de cuerdas, de los que se cuelga una serie de cartulinas en las que se denuncia el acoso de que están siendo víctimas las estudiantes de medicina, por parte de algunos de sus maestros, doctores especialistas muy conocidos en la comunidad médica, e incluso por parte de sus mismos compañeros estudiantes. Acoso sexual, agresiones groseras, insinuaciones procaces, violencia verbal y toda la variedad de formas con las que los muy machos mexicanos agreden y denigran a las mujeres, muchas veces sin importar su condición y situación, su nivel socioeconómico, e incluso su edad.

He investigado un poco y puedo decirle a usted que, lamentablemente, los maestros acosadores y majaderos representan una mayoría, aunque existe desde luego una reducida y honrosa minoría de ellos que protege, apoya y defiende a las muchachas. En lo personal me duele mucho esta situación, principalmente porque afecta a una gran parte de las muchachas que estudian, y que merecen todo el respeto sobre todo de sus maestros, algunos de los cuales incluso son personas mayores que en otros tiempos fueron amigos míos, o bien son hijos de médicos que han sido amigos míos, y de los cuales hoy me siento profundamente avergonzado.

Estos peculiares sitios de denuncia que aparecieron en la Uni-Son, han sido bautizados como “Los Tendederos”, y en otras ciudades del país, como por ejemplo La Paz, B.C. les llaman “Los Percheros”, que para el caso son lo mismo y sirven para lo mismo. En esos alambres o cuerdas, las muchachas denuncian en forma anónima el trato denigrante de que están siendo objeto, de parte de sus maestros que han perdido toda honorabilidad y dignidad, convirtiéndose en parte integral de este mundo de acoso y violencia que estamos viviendo, para vergüenza general de la gente decente, que somos la mayoría.

En este lamentable escenario, las marchas del sábado 7, y sobre todo las del domingo 8 (Día Mundial de la Mujer), y posteriormente el impresionante paro nacional del día lunes 9, fueron como un poderoso explosivo que demolió los diques que durante largos años habían contenido la manifestación de los agravios femeninos. Y las aguas de la rabia contenida, del dolor apenas sofocado y del resentimiento incubado, brotaron por el enorme boquete y se desparramaron, impetuosas e incontenibles, inundándolo todo.

Pero es importante anotar que si esta situación de acoso hacia las muchachas estudiantes de la carrera medicina es real, como en efecto lo es, no hay ninguna razón para pensar que no está ocurriendo también en las demás carreras universitarias, en todos los campus que existen en Sonora. E igualmente podemos pensar que se dan en todas las escuelas, desde las secundarias y preparatorias, hasta las instituciones educativas de nivel superior, tecnológicos y demás. Exactamente, o en forma muy parecida a como sucede en los diversos centros de trabajo, oficinas, fábricas, maquiladoras, centros comerciales, etcétera.

Esta situación integra la parte medular de una epidemia incontenible que, como sociedad, nos debe horrorizar y llenar de vergüenza, pero también de coraje.

El problema es real y comprobable, y ha venido creciendo en dimensión, y desarrollándose en diversas modalidades en cuanto a perversidad y peligrosidad. Los feminicidios y violaciones, en todas sus deprimentes y horrendas manifestaciones, son expresiones demenciales y profundamente denigrantes que no dejan lugar a dudas, pero que desde luego no son las únicas.

Y se trata, como es necesario apuntar, de un problema multifactorial que tiene raíces muy profundas y complejas, que van desde lo familiar, hasta lo sociológico y lo psicológico. Todo concurre en la gestación de este tipo de conductas antisociales, anti-femeninas, antigénero, o como usted guste llamarles que, a pesar de no ser de reciente creación, con los años y gracias a una permisividad generalizada y creciente, han llegado a rebasar todos los límites y todas las formas de maldad y la perversidad de que es capaz de utilizar el género masculino en sus relaciones con el género femenino. Y es así como la violencia contra la mujer se ha llegado a normalizar, y se ha llegado a ver como algo irremediable y hasta cierto punto trivial. Y eso es verdaderamente terrible, por sus lascerantes consecuencias.

Ahora que las cadenas del silencio se han roto, y que por las llagas ha empezado a brotar el incontenible torrente la purulencia de las miserias sociales, se nos revela la dimensión del deterioro y la profundidad de la degeneración que se ha desarrollado ante nuestros ojos y frente a nuestras propias narices, sin que hayamos hecho nada para impedirlo.

Alguien a quien respeto profudamente por su valentía, por su enjundia, por su perserverancia y persistencia, ha dicho que este despertar de conciencias generado por los movimientos femeninos y feministas, va a disiparse en algún momento, como se han disipado tantos otros movimientos que en el pasado parecieron incontenibles, y que conducían al país a una revolución y finalmente a la caída del sistema, del estatus, del establishment, o como usted guste llamarle. Mi amigo le llama “entendible ingenuidad pasajera” a lo que otros califican como un gran parteaguas, un despertar de consciencias. Sueños versus realidad… ¿cuál se impondrá a la postre?

Es posible que el fervor y la emoción de este momento se diluya poco a poco. Ha sucedido antes, y puede suceder de nuevo. Y pudiera ser que, con el correr del tiempo y el devenir de las circunstancias, de lo que está ocurriendo actualmente solo queden leves vestigios. Y mi admirado y respetado amigo, que exhibe un entendible entendible escepticismo, entre sus argumentos utiliza la críptica frase que pronunciara Gómez Morín cuando la fundación del PAN: “Que nadie se haga ilusiones, para que no haya desilusionados”.

Yo prefiero quedarme con la idea -romántica e ilusa si usted quiere- de que lo que hemos estado viviendo en estos días nos dejará como remanente fundamental la creación de una nueva y más duradera consciencia, a nivel nacional. Quiero seguir pensando que después del 8 y 9 de marzo, nada volverá ser igual en México, y que estos cambios que adivinamos ya no los podrá parar nadie ni nada ni siquiera la implacable realidad.

Los sueños, las ilusiones y el idealismo son ingredientes indispensables, sin los cuales los seres humanos no podemos avanzar, ni acceder a estatus superiores. En mi romanticismo octogenario sigo pensando que quien es incapaz de soñar está muerto, o tiene el espíritu muerto. La realidad, dura y muchas veces cruel, representa una barrera que podemosy debemos sobrepasar. Y lo podemos lograr, claro que lo podemos lograr, pero únicamente con la condición de que no rindamos jamás nuestras banderas de idealismo y nuestros sueños, sean morados o color de rosa, estos preciosos y acariciables sueños de cambio que hoy vemos nacer bajo tan alentadoras y prometedoras expectativas.

 

e- mail: oscar.romo@casadelasideas.com

Twitter: @ChapoRomo

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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