Sin rumbo, cualquier norte es bueno

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en Sin rumbo, cualquier norte es bueno 109

En el año 2000, los panistas de Hermosillo anunciaron haber encontrado el diamante en bruto de la política, que ahora ya transcurrido el tiempo se dieron cuenta que no era diamante, aunque si tiene algo de lo segundo. Francisco “Pancho” Búrquez, ex presidente municipal de Hermosillo y hoy Senador de la República se revela como distinguido seguidor de la escuela filosófica del Peje Andrés Manuel López Obrador; que ha hecho del populismo un arte y de la mentira una estrategia que le ha producido innumerables simpatías y no menos críticas. Resulta que el buen Pancho, el maestro de baile que a falta de discurso y propuesta en su campaña al senado divirtió a la concurrencia con sus dotes de bailarín, que bien le abonó el ridículo espectáculo que ofrecía,  un lugar en las mullidas butacas de la Cámara de Senadores como legislador de primera minoría.

Hoy este distinguido congresista, se pronuncia primero por rescatar a su partido de las garras de la muerte en que lo colocaron quienes gobernaron  Sonora en los anteriores seis años. Extrañamente durante esos años no se dio cuenta de las tropelías que sus colegas  de partido cometían, menos de que si no cambiaban de actitud iban a seguir valiendo madre, como hace poco lo expresó. Tampoco se dio cuenta de que su partido estaba en poder de una cúpula o grupo de interés que operaba para sus particulares fines. Hoy, a toro pasado, con esa cúpula reducida a pandilla en franca huida el valiente senador se pone las pilas.

Luego con esa expresión fuerte, firme que ya le quisiera Placido Domingo para sus noches de tenor, expresa que propone reducir en un 50% los ingresos de los servidores públicos y reducir los gastos que ocasionan los políticos, refiriéndose a los altos costos de las campañas electorales. Me quedé esperando esta día 15 de octubre, que Pancho Búrquez regresara a la tesorería del senado la mitad de lo que quincenalmente le depositan por dietas, prestaciones y viáticos, gastos de gestoría y bostezadas en la cámara alta del poder legislativo de la  federación. Esperaba también que mostrara el boleto de avión que lo lleva y trae a la ciudad de México cada semana, debidamente pagado de sus propios recursos ya en tarjeta de crédito o en efectivo.

Esconder la incapacidad en propuestas vanas con el único fin de ocupar espacios en los medios de comunicación, lamentablemente funciona, da brillo unos días  aunque luego son parte de lo que el viento se llevó. Litigar en los medios es productivo para los medios, al fin ellos buscan penetrar en el colectivo social, litigar en donde debe ser es largo, tedioso y no provoca la especulación y morbo del banquetazo. Hay tantos temas no atendidos por nuestros legisladores que verdaderamente estos espectáculos sin mas fin que promoverse son lastimosos y desilusionan.

Encabezar fantasías no es arte que todos podamos hacer. Es de dechados en su manejo necio, pero para ellos efectivo.  Se necesita más que la saliva para decirlo o las ganas para hacerlo. Es necesaria una personalidad congruente con el decir y el hacer. Una expresión corporal  que no delate el esfuerzo por expresar la ocurrencia del día. Una sonrisa que cual mascarilla este dibujada y oculte los morados y rojos que pudiera enseñar alguna recóndita vergüenza oculta y un cinismo y falta de escrúpulos a toda prueba. Creo que presenté sin querer queriendo la foto del Peje y al buen Pancho, le faltan algunos kilómetros para intentar siquiera, acercarse un poquito al personaje de la fotografía.

Ciertamente, la clase política que impera en este momento en gran parte del quehacer público y partidista no es quizá de lo más recomendable, pero viven el momento que les toca, están en el lugar que ocupan y hacen lo que mejor pueden. No todo es malo, hay una buena cantidad de mujeres y hombres responsables y honestos que se manchan injustamente en el lodazal provocado por el proceder de los indecentes que todo contaminan; pero de eso a combatirlos con fantasías económicas, es como espantarse las moscas con pañales defecados.

México, su clase gobernante y la sociedad gobernada van a cambiar, téngalo por seguro. El horno ya no está para bollos, esta para fundir metales. La ocurrencia del senador Búrquez es una muestra más de que sin rumbo, cualquier norte es bueno. Claro que la gente quisiera menos oportunistas en los gobiernos y claro también que cuando se les dice cuánto cuesta la democracia en México se encabritan con toda justificada razón. El problema no es cuánto ganan o cuánto gastan; es cuanto producen para el bien de la ciudadanía y que yo sepa, la senaduría del multicitado bailarín ha sido productiva solo para él. Si merece la tercera parte o la mitad de lo que percibe, solo a él y su conciencia le corresponde calificarlo

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