Si de pobreza hablamos…

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en Si de pobreza hablamos… 48

Los índices de pobreza en México se están moviendo. De 53.3 millones que éramos en 2012, somos ahora 55.3 millones de mexicanos contabilizados en este sector de la población. De estos 55.3 millones, once millones están inventariados entre los de pobreza extrema y registran en este rubro a aquellas familias sin capacidad de techo, alimentación, salud y seguridad social. Las políticas públicas encaminadas al combate de la pobreza por lo tanto, indican un total y absoluto fracaso. No encuentran nuestros gobernantes el cómo destrabar el atorón económico, menos como alejar el espíritu de pobreza que se apodero del cuerno de la abundancia que alguna vez fue nuestra querida patria.

Si revisamos los programas sociales encaminados a acabar con la pobreza, encontramos que no los hay como tal, los existentes no dejan de ser programas asistenciales que atemperen momentáneamente el hambre por ejemplo. Son seis los criterios—carencias dicen los técnicos del CONAVAL—tomados en cuenta para calificar el grado de pobreza: Educación, Salud, Seguridad Social, Vivienda, Servicios básicos en vivienda y Alimentación. Quien padezca la ausencia de tres carencias de las anotadas; es calificado en grado de pobreza extrema.

Las políticas públicas en materia de desarrollo deben ser claras, especificas. Asistenciales sí, es necesario, aunque no establezcan crecimiento personal resuelven problemas inmediatos de salud, mejoras de vivienda, despensas alimentarias, etcétera. Pero el enfoque debe ser productivo a futuro, hay que educar, elevar niveles de vida y cuidar la salud del ciudadano. La pobreza también se hereda, es cultural en algunas regiones y es la educación la única arma capaz de hacer cambiar modos de pensar, ideas adquiridas por ascendencia y conformismos regionales. Educar no es una acción de efectos inmediatos, es lenta y nadie con dos centímetros de frente debe pensar que podemos transformar criterios en un sexenio.

Estoy de acuerdo en el programa federal PROSPERA, que suplió a oportunidades y que este a su vez nació como solidaridad en el sexenio de Salinas de Gortari. Tres aspectos importantes contiene este programa: Desarrollo—crecimiento, capacitación, enseñanza, auto estima—Social, Educación y salud. Estas tres premisas serán las que a futuro produzcan cifras de crecimiento en los individuos vulnerables de la sociedad. Pero, siempre el pero, ya capacitados, ya educados ¿Quién los ocupa con empleos de calidad? Hemos dejado por un lado la urgente necesidad de la creación de empleos, de nuevas empresas, de otras formas de ingresar dineros al fondo familiar. Elevar niveles de vida incluye mejor alimentación, vestido, diversión y vivienda y eso se hace con dinero contante y sonante.

Si al crecimiento personal de la población vulnerable no se le suma desarrollo económico, seguiremos girando en un círculo vicioso. Dicen los especiistas encargados de medir la pobreza que el motivo para que haya crecido en 2 millones el número de pobres es la pérdida del valor adquisitivo. Usted y yo  ciudadanos comunes esto lo sabemos y nadie nos ha certificado como especialistas en el tema. Basta ser asistente por necesidad del supermercado para saber que si hace un año una despensa mínima nos costaba 500 pesos, ahora esa misma se elevó por lo menos un 25% y si hablamos de sueldos, seguimos ganando lo mismo.

Dos vertientes urgentes deben hacer causa común en el propósito de combatir la pobreza, una es la valentía de reconocer el valor real mínimo de ocho horas de trabajo como base para el sostén de una familia. No me digan que 64 pesos cumplen el propósito; con esto apenas compra medio kilo de carne, nada más para mencionar un producto de primera necesidad. Establecer la realidad nos deberá llevar necesariamente a la verdad, entonces rompamos el hechizo de medirnos tan bajo. Somos una sociedad consumista, lo somos y nos gusta porque el consumismo nos lleva a la comodidad y a la competencia de ser mejores para ganar más. Entonces, si al desarrollo social no se le incluye el desarrollo económico y un salario real, estamos jugando al quizás, quizás, quizás.

En Sonora, no estamos diferente al resto del País. Nuestra gobernadora electa que inicia su ejercicio el 13 de septiembre próximo, se encontrara un panorama difícil. Hermosillo, Cajeme, San Luis Rio Colorado, Nogales, Cananea y Nacozari, son quizás municipios privilegiados en materia de generación de empleos. Una más de las fallas del actual gobierno fue no haberse convertido en facilitador para nuevos inversionistas. Empalme y Guaymas, por razón de planeación nacional y ser puntos geográficos estratégicos  para la operación marítima internacional tienen en su futuro un crecimiento que generara riqueza local y regional.  Navojoa, Huatabampo, Agua Prieta y Caborca están súper urgidos de que el gobierno federal y estatal voltee a verlos y promoverlos ante inversionistas afines a los recursos naturales que cada uno de esos centros de población cuenten, incluyendo vías de acceso y regiones como polos de desarrollo.

En todo el estado se ha generado un comercio de capital corporativo, sin intereses locales que arrastran con el dinero circulante de cada población y que se reciente en pequeños comercios, entre otros del área de la construcción y de servicios. Los changarros en colonias populares cada vez son menos. Cadenas de tiendas ahora elegantemente denominadas de conveniencia—Oxxo, Modelorama, etc—y cuyo objeto principal es la venta de cerveza, vinos y licores están ya en cada esquina. Generan empleos, sí; muy pocos y mal pagados. Descuidamos al comercio local, hizo falta apoyo e inyección de visión, eso ni se duda. Ellos—el comercio local—circulaban el dinero que captaban en la venta diaria, construían, compraban muebles; ocupaban al mecánico. Eran parte de la cadena económica que daba vida a pequeñas y medianas poblaciones. Y no estoy en contra de sistema del gran comercio, solo que en su diseño hacendario todo es federación y nada municipio.

El tema de la pobreza que debiera ser un gran debate nacional y que no es solamente inconveniente del gobierno sino de toda la sociedad en su conjunto, debe abrirse como tal. Si a alguien le conviene romper este hechizo es a los grandes consorcios, pues ellos viven de las utilidades que sus ventas les dejan y si hay dinero en los bolsillos, hay compras de todo y en muy pocas ocasiones nos toca escuchar a un millonario hablar de pobreza. No hay propuestas de combate a este cáncer nacional en los partidos políticos—ellos aportan las personas a los gobiernos, deben entonces capacitar y proponer—y sin embargo esta gran multitud de pobres en el País es el mercado de votos que cada tres años es buscado y cooptado para obtener su voto, aunque nadie se comprometa a sacarlos de pobres.

oscarhpaco@hotmail.com

Twitter:  @hotmail.com

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