Recuerdos de aquel “¡Ya cállate, chachalaca!”

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en Recuerdos de aquel “¡Ya cállate, chachalaca!” 50

Huachicol: El huachicol o guachicol es una bebida alcohólica adulterada. Esta palabra del español mexicano también se usa para nombrar al combustible adulterado o robado. Las personas que se dedican a la actividad ilícita de robar y adulterar combustible y bebidas alcohólicas en México se conocen como huachicoleros. Con esta definición no pedida por nadie, empiezo mi primera colaboración de este 2019, tratando de dejar claro a la amable lectora y el rezongón lector el significado de esta palabra, que es quizás en los diez días que han transcurrido del nuevo año, la más repetida por muchas bocas y la más escrita en todos los medios al alcance.

El robo de combustible—gasolina y diésel en este caso—al parecer y siguiendo las cifras que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha dejado gravadas en sus mañaneras ruedas de prensa, después del trasiego y comercio de drogas es el negocio más productivo y generador de bandas delictivas de la barriada, del comercio y que vergüenza; de los mismos funcionarios y empleados de PEMEX –algunos, que conste—en lo largo y ancho de la república.

En el centro del país, los carteles de las drogas, aparte de robar bancos, secuestrar y asesinar civiles y lo más dañino envenenar juventudes, también participan del negocio del huachicoleo, generando con esto una cadena delincuencial que nos tiene colocados internacionalmente como un país bárbaro y de corruptos.

Andrés Manuel López Obrador, esta haciendo lo que tanto le criticó a Felipe Calderón cuando este le declaró la guerra al narco, que empeoro el problema y trajo consecuencias que aun no dejan ver una posible solución y que finalmente de la mediana participación del ejercito en labores de seguridad social; nos llevará a la militarización completa del sistema preventivo, investigador y persecutor en la acción policial nacional. Déjeme dejar claro que en ambas acciones—la de FeCal y AMLO—estoy de acuerdo y alabo sus intenciones; pero ambas están regidas por líneas de acción erradas, apresuradas y con cero estrategias que no sean la inmediatez de ocupar las columnas de la prensa y los minutos de radio y televisión que llevan la noticia a los hogares mexicanos.

Discursos van y discursos vienen. El presidente López Obrador, en sus multifacéticas personalidades de actor único en el gran escenario de gobernar a México, enfrenta a diario a una prensa dormida—quizás por la mañaneada que les hace dar– pasiva, sin cuestionamientos; apoderándose de la agenda nacional con el tema que el quiere, como quiere y altanero con quienes un día antes emitieron críticas en contra de sus declaraciones. Habla y habla de todo y en todo cree tener la verdad absoluta, lo que hace que cometa errores continuos que fuera de enmendarlos, es insistente en imponerlos. Analicemos juntos los más lamentables de estos errores.

AMLO le dio reversa—antes de ser presidente constitucional—al nuevo aeropuerto de Texcoco y los millones de pesos invertidos, avalados por las opiniones favorables de especialistas en el ramo no solo nacionales, sino internacionales; por sus destos—decía mi abuela—cancelo la obra. Increíble, que un país pobre tira a la basura la millonada ya escrita sin mas argumento que no ser del gusto del dueño de los bates y las pelotas en la política nacional. Hay un daño al patrimonio nacional que nadie reclama y que todos hemos aceptado. ¡Somos únicos! Los gringos, no, déjeme bajarle tres rayitas: los ecuatorianos por menos que eso declararon loco a su presidente Abdalá Bucaram en 1997 y su congreso lo destituyo sin necesidad de fuerza pública o golpe de estado. Solo con la constitución en la mano.

A mediados de diciembre, luego del falló del tribunal electoral de la federación que ratificó el triunfo de Martha Erika Alonso en Puebla, Andrés Manuel López Obrador que debió por lo menos considerarse presidente de todos los mexicanos, antepone su jefatura de un partido político que reclama en la mesa, lo que no consiguió en la casilla; declaró antidemocrático un dictamen dictado por una instancia independiente por mandato constitucional y en su mañanera perorata; se negó a reconocer el triunfo de la poblana y declaró que no asistiría a Puebla por ese motivo. Diez días después de esa declaratoria de guerra la tragedia enluto al estado poblano cuando el helicóptero en que viaja la gobernadora y su esposo el senador Rafael Moreno Valle, por motivos aun no esclarecidos—pero que yo confío fue accidental—dejó colocado al imprudente político mañanero en situación de “sospéchosismo”. Ni ese error garrafal le dio al soberbio presidente, una lección que por lo menos lo coloque en actitud menos arrogante y contestaria.

Así llegamos a la guerra huachicolera, que es declarada contra los delincuentes, aunque las primeras víctimas sean los ciudadanos que carece del suministro de gasolina en varios estados y en la misma capital de la república. Más fácil ha sido convocar al convencimiento de gasolina hay, aunque ellos—los ciudadanos—tengan dos días durmiendo en sus carros formados en las estaciones de gasolina en espera de abastecerse del vital líquido. La interrupción no afecta tan solo la movilidad diaria y familiar; afecta la productividad nacional, el transporte urbano y el acarreo de cualquier tipo de mercancía por territorio nacional, ocasionando perdidas diarias de muchos miles de millones que tampoco han sido cuantificados.

Las ocurrentes acciones de quienes por años reclamaban el poder hasta resultan infantiles e irresponsables. Cierran los ductos que son las arterias que abastecen del vital liquido a todos los estados de la república, para evitar la sustracción vandálica que, perforando esos ductos, las bandas del crimen organizado sustraen millones de litros que les dejan pingues ganancias. Me recuerda allá por los ochenta, cuando las guerrillas crecieron en nuestro país reclamando derechos políticos, acudían a los robos a bancos y secuestro de millonarios empresarios, como fuentes de financiamiento. López Portillo que entonces gobernaba, nunca trató de cerrar los bancos para que no los asaltarán; menos les pidió a los empresarios que no salieran de sus casas.

Mentiría si dijera que me dan gusto los errores pejenianos. Un día aseguré y lo confirmo, no voté por él, pero en buena lid ganó y ganó con muchos votos. Es también mi presidente, aunque hasta ahora tengo más desacuerdos que aplausos por sus aciertos y lo menos que espero es que sea mejor que el anterior; ¡mejor que todos los anteriores!

Investigue los sistemas preventivos utilizados en gaseoductos y otros canales de transportación en volúmenes de gases y líquidos. Todos están equipados con tecnología que mediante sondas y sensores focalizan puntos de riesgos o de fugas efectivas. Nadie nos dice algo sobre la estrategia a seguir para acabar con las bandas huachicoleras y al parecer lo único cierto hasta ahora es que mueran por inanición y no por que fueron erradicas con la fuerza pública.

Me entretiene ver las caras de enfado o de risitas contenidas de los generales y almirantes de las fuerzas armadas que en ocasionan acompañan al presidente en sus mañaneadas. Sus rostros ya luego de muchos minutos de escuchar el sermón del presidente, me recuerda aquel grito que AMLO le lanzó al entonces presidente Vicente Fox: ¡“Ya cállate, chachalaca”!

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