Recordando a un periodista de gran asertividad

Jorge Murillo Chísem, Recientes No hay comentarios en Recordando a un periodista de gran asertividad 29

Por Jorge Murillo Chísem

Gracias a la invitación que me hiciera don José Alberto Healy Noriega a escribir la historia del periódico EL IMPARCIAL en septiembre de 1992, empecé pronto a descubrir porque así me lo pidió, a un excelente periodista como lo fuera don José Santiago Healy Brennan, su admirado padre, oriundo de Monterrey, Nuevo León, pero de padres irlandeses. Fue fácil tener una semblanza de don Santiago porque se me dio para empezar más de 50 cuartillas mecanografiadas y enmicadas que conservaba con gran aprecio su hijo, y que habían sido escritas de manera autobiográfica por su padre años atrás.

Finalmente, después de más de 20 años de estudio en la hemeroteca, la obra quedó terminada y se publicó en el 2014 con el título HEALY, una historia de periodismo, pero en ausencia del autor intelectual don José Alberto Healy Noriega, debido a su lamentable fallecimiento.

Don Santiago a través de su columna DESHILANDO mantuvo siempre un sólido vínculo con su comunidad en Hermosillo. La inició en su nuevo periódico EL TIEMPO en 1933 junto con los periodistas el Licenciado José S. Nieto y Agustín A. Zamora Fontes.  El periódico era impreso en los talleres de la Escuela Coronel J. Cruz Gálvez vendiéndose  por las tardes a 10 centavos (cuando el dinero valía) y pronto tuvo buena demanda entre el público. “Dada la indiscutible capacidad periodística del señor Healy –escribió el señor José A. Mendívil Rincón en su libro Medio Siglo de Lucha,- muy pronto se convirtió EL TIEMPO en el mejor diario de Sonora y lógicamente en el vocero del Gobierno del Estado de don Rodolfo Elías Calles (1931-1934).

Vinieron entonces los comicios electorales de 1937, en las que los sonorenses designarían a su próximo Gobernador. Era fácil suponer que se presentarían enfrentamientos entre los callistas y los anticallistas, que aún mantenían viva la crisis iniciada en 1935 al originarse el rompimiento entre Lázaro Cárdenas y Plutarco Elías Calles.

Durante aquella lucha política, que don Santiago Healy vivió intensamente, publicó entonces las NORMAS DEL PODER, que transcribo a continuación con el fin de retomar sus razonamientos, de cara a los próximos comicios electorales de 2021 en Sonora:

 

En el siglo V antes de Cristo, el más grande de los historiadores de Grecia, Tucídides, quien escribió la Historia de la Guerra del Peloponeso, dejó a la humanidad un pensamiento vigoroso y de profundo sentido real y filosófico:

 

“De todas las manifestaciones del poder, -dijo- el saberse contener o moderar es la que más impresiona a los hombres”.

 

Es cualidad inapreciable en el hombre saberse gobernar a sí mismo, y bien se  ha dicho que quien sabe hacerlo tiene capacidad para gobernar a los demás.

 

Toda la admiración que nos causan los arrebatos y los impulsivismos a veces geniales de la juventud, vienen por tierra cuando entran en la balanza junto con la virtud reflexiva que se origina en la experiencia y en la meditación.

 

Precisa en el mundo la actuación de la juventud para las crisis violentas y depuradoras que impone la Naturaleza y que marcan el principio de las renovaciones saludables. Pero detrás del ímpetu agresivo, se encuentra la idea que lo originó y lo modela, hasta someterlo al paso regulador del Derecho y de la justicia.

 

De ahí que la sentencia de Tucídides, aplicada al poder, se sostenga sobre bases que no han destruido los siglos, y que por el contrario, se vigorice más y más con el transcurso de los tiempos y con las lecciones de la experiencia.

 

Para nosotros representa un tema que marca nuestros actos. La prensa constituye tácitamente un poder, el cuarto, y en la diaria manifestación de ese poder deja profunda huella en la opinión pública; huella que se ahonda cada día y con cada frase en sus hojas impresas; rastro imperecedero del bien o del mal; surco en tierras de fecundidad del cual puede brotar el árbol de la vida o el matorro

torcido y venenoso de la discordia.

 

Contener o moderar el pensamiento que extravían las pasiones, hasta higienizarlo a través del crisol de la reflexión; saturar el espíritu de serenidad para juzgar cada cosa desde planos superiores; hacer acopio de tolerancia y de ecuanimidad para visualizar el mundo que nos rodea; machacar en nuestro propio ser la fácil tendencia al egoísmo y a la egolatría; despersonalizar nuestros actos al realizar la misión que nos hemos impuesto, o nos ha impuesto la sociedad.

 

Tales son algunas de las conclusiones a que nos lleva el sabio consejo del griego.

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