¿Quién nos liberará de los libertadores?

Jorge Murillo Chísem, Recientes No hay comentarios en ¿Quién nos liberará de los libertadores? 33

Que desde siglos atrás, una buena mayoría de los pueblos del continente americano han sido víctimas de los abusos políticos y económicos del poder, resulta evidente. El problema es identificar a sus victimarios.

Por un tiempo se pudo pensar que los victimarios eran las potencias imperiales que se negaban a perder sus colonias luchando con crueldad contra los insurgentes. Basta recordar que en México las cabezas de los caudillos iniciadores de suindependencia fueron colgadas en la Alhóndiga de Granaditas durante más de 10 años.

Lo terrible es confirmar ahora que a la independencia no siguió la ansiada libertad sino una nueva forma de servidumbre. Los nuevos amos ya no fueron foráneos sino nativos; no era ésta en todo caso la esperanza de los pueblos al emanciparse. Ellos anhelaban el fin de toda dominación y lo que siguió, en la mayoría de los casos, fue una nueva forma de dominación.

Prueba de ello es la lucha de Liberales y Conservadores en el siglo XIX y al empezar el siglo XX, la lucha que iniciaron los hermanos Flores Magón en su periódico Regeneración con el lema TIERRA y LIBERTAD, y con las armas el caudillo Emiliano Zapata.

Esta dolorosa comprobación de la lucha mexicana por su libertad, obliga a replantear el problema como país permanentemente subdesarrollado.

¿Podemos pensar que está sometido actualmente al apetito desenfrenado de los países imperialistas?

¿Quién es el culpable más reciente de sus bajísimas condiciones de vida?

¿Cómo no ver que el atraso económico y cultural de nuestro país, el sometimiento político de nuestros pueblos se debe hoy a la voracidad y a la inmoralidad de oligarquías de origen local?

Yo me adelanto a decirle, estimado lector, que esté compuesta por militares o políticos, empresarios aprovechados o sindicalistas venales. La nueva clase explotadora de México es una especie autóctona, basta con leer diariamente las consecuencias de sus actos.

Pero debemos poner nuestra autoimagen y autoestima más arriba de esa zona intermedia entre el desarrollo y el subdesarrollo que, si no llega todavía a las realizaciones más altas del espíritu humano, por lo menos sigamos luchando por dejar atrás sus más horrendas manifestaciones.

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