¿Qué nos falta por ver? El caso del niño asesino y suicida

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en ¿Qué nos falta por ver? El caso del niño asesino y suicida 47

Un tema imposible de ignorar, es la muerte que ocasiona un estudiante de 11 años a una maestra de inglés y el suicidio del mismo. Todo lo anterior en Torreón, Coahuila, en una prestigiada escuela particular.  

El niño actor del episodio narrado, viene de una familia desintegrada, no por otra cosa que la ausencia por muerte de la madre y para su crianza, vivía con sus abuelos paternos. Fue con dos armas que sustrajo del lugar en que su abuelo guardaba en casa, con las que el pequeño cometió el crimen y posteriormente su suicidio.

Por lo pronto su abuelo de nombre Jose Angel, mismo nombre del menor de la historia, está en la cárcel por la posesión de armas, acusado de omisión al ser poseedor de armas sin los registros correspondientes. La trascendencia del hecho, resta decirlo, es de carácter internacional en razón lógica de la edad del ejecutor de esta horrible pesadilla.

La mañana del pasado jueves Jose Angel, acudió como todos los días a su escuela. Llegado un momento solicito a la maestro del grupo permiso para ir al baño. 15 minutos pasaron y el alumno no regresaba, lo que alarmo a la maestra que salió en su búsqueda. Lo encontró por fuera del baño, portando ya ambas armas que de su casa llevo dentro de la mochila. La criatura sin más dispara contra la maestra matándola en el acto, hiriendo además a cuatro compañeras de estudio y a un maestro de educación física.

Los doctos en el tema de las conductas humanas, están en trance buscando las posibles razones que por la cabecita del infante pasaban en el momento que toma la funesta decisión. La especulación natural que despiertan hechos como el que ahora toco, genera participaciones que se van de la a la z y todos aseguran tener la razón. El objetivo al parecer es aterrizar el razonamiento de cómo y porque el niño procedió como lo hizo.

Jose Angel, el niño suicida, según sus maestros y desde luego el expediente o kardex que da seguimiento al aprovechamiento del alumno, era un alumno de promedio sobresaliente, de tal modo que era candidato a competir en algunas de las ramas académicas; competencias de carácter permanente en este nuevo sistema educativo.

Quizás por el poco tiempo entre el evento y el duelo familiar, aún se desconoce la conducta que el alumno adoptaba en su círculo íntimo familiar. Once años y cargar con una ausencia materna, por más abuelos que existan, no debe ser muy fácil de digerir. No estar tampoco el padre en el desarrollo de la personita es argumento que debe impactar allá en lo más íntimo del sentimiento humano.

El martes de esta semana, fueron hechas públicas declaraciones del titular de la unidad de inteligencia financiera, con respecto al congelamiento de cuentas bancarias por más de 100 millones de pesos, que Don Jose Angel abuelo del niño, mantiene como patrimonio que ahora es investigado en su origen. Además la prensa nacional detalla como la madre del menor murió de forma extraña degollada y el padre en varias ocasiones ha estado recluido en la cárcel, sin mediar explicaciones en el porqué de sus detenciones.

Los antecedentes entonces del ambiente que rodeaba a la criatura, no eran los más sanos, por lo que se infiere en su mundito hubiera no unas sino muchas confusiones.

Un error que muchos padres de familia cometemos, es buscar zonas de confort supuestamente para los menores cuando en verdad el confort es para nosotros, al verlos tranquilos y entretenidos ante los equipos que conceden el ingreso a los avances de la tecnología. Para muchos la influencia recibida de juegos y otras fuentes promotoras de entretenimiento con alto grado de violencia, sonrazones más que claras para que mentes inmaduras y en formación, en poco tiempo se orientan hacia conductas inapropiadas.

El niño de Torreón, puede ser cualquier niño no solo de Mexico, sino del mundo. El imperio del mal en que nos desarrollamos en este mundo de ambiciones y deseos consumistas no es un juego, es la terrible realidad con que contamos. El diablo—diría mi abuela—no duerme y en casa de los abuelos del niño estaba lucifer presente en forma de arma y al alcance del menor como es el caso. Solo basto el momento para generar la desgracia y este llego el fin de semana pasada.

Se presume que no fue de parte del niño un acto esporádico del día; sino una acción planeada, estructurada y programada. Lo prueba su afirmación que dicen menciono antes a sus compañeros, cuando expreso: -“hoy es el día”.

Estamos a puntos algunos y otros lo han perdido y me refiero a la capacidad de asombro. Ya nada nos sorprende, aunque todos nos asuste. Juicios van y sentencias vienen, todos creemos tener la solución a cualquiera de los problemas que por millares nos aquejan y los eventos graves que dejan dolor social se repiten como dijo alguien, aislados pero frecuentes. En las tragedias lo peor es buscar culpables y más vale aceptar que todos lo somos, hasta la naturaleza.

Ahora, muerto el niño a tapar el pozo como suele suceder en la aplicación de correctivos. Toda la inercia se inclina hacia la campaña de operación mochila segura, que consiste en la revisión diaria de las mochilas de escolapios al ingreso de sus escuelas. Lo que se tenga que hacer, es hora de apoyarlo.

Aquella defensa que involucra a la Comisión de Derechos Humanos que defiende el derecho a la intimidad, a la seguridad jurídica, a la discriminación y el interés superior de la infancia; no puede ser superior al derecho que la sociedad tiene de sentirse seguro en cualquier lugar público. La escuela no es casa de los estudiantes, es edificio público para recibir instrucción y aprendizaje y no debe estar sujeta a la privacidad de nadie y si, a la seguridad de todos.

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