Política y cultura: la difícil empatía

Bulmaro Pacheco Moreno, Recientes No hay comentarios en Política y cultura: la difícil empatía 39

Para todos aquellos a los que gusta la lectura, en Sonora solo hay tres librerías con más de 10 mil libros a la venta: La Librería Unison, ubicada en la parte baja sur del museo y biblioteca de la Universidad de Sonora por el Bulevar Rosales, la Librería del Noroeste, al final oriente del Bulevar Colosio casi llegando a la Matamoros, en Hermosillo; y Libros y Más, por la Miguel Alemán en Ciudad Obregón.

A nuestro juicio, son las mejor dotadas en la mayoría de los temas y las disciplinas del conocimiento y al alcance de quienes investigan, enseñan, debaten, disertan o simplemente ejercen el placer de leer como una herramienta de la ingeniería de la vida… No hay más.

Los modestos estantes de libros de las grandes tiendas son como las de los aeropuertos: Predominan los manuales de autoayuda, de consejos prácticos para la vida, y escándalos para la nota roja, así como algunas variedades de sub literatura caracterizada por simplificar la realidad al gusto del lector.

Si medimos en relación al número de habitantes de la entidad, entonces en Sonora contamos con una librería-de ese nivel- por cada 850 mil habitantes; muy lejos de la media nacional. Si nos vamos por el promedio de libros leídos en Sonora al año, la cifra oficial apenas llega a un libro per cápita, comparado con la media nacional de 2.94. En Sonora, los cálculos indican que solo se gastan 95 pesos por persona en libros al año.

En bibliotecas públicas no andamos mejor. Las pocas que existen no están actualizadas y sus instalaciones lucen desgastadas y en pleno deterioro,unas incluso cerradas hasta nuevo aviso por falta de personal.

Con esas cifras nos daremos cuenta de la gravedad del problema y de lo atrasados que andamos respecto a la distribución de bienes culturales hacia los habitantes y lo disparejo que se encuentra Sonora comparado con otras entidades como Jalisco, Querétaro, Veracruz y Puebla, entre otros, donde el fomento a las actividades culturales alcanza otros niveles y se caracteriza por mayor intensidad en todos los órdenes.

En materia de museos no mejoramos del todo. Está el histórico de la Unison (sin aire acondicionado), el Costumbrista de Sonora en Álamos (sin aire y sin presupuesto), la casa de Álvaro Obregón en Huatabampo (sin presupuesto y sin aire), el Sonora en la Revolución en Ciudad Obregón -que es la antigua residencia del hijo del general, don Pancho Obregón-,(exiguo presupuesto) el de los Yaquis en Cócorit, el Ferrocarrilero en Empalme (que acaba de transformarse en Asociación Civil)… y párele de contar. Los muy escasos museos no cuentan con los recursos financieros necesarios para mantenerse y casi siempre andan a la última pregunta (algunos hasta “la última pregunta” eliminaron ya, se dice).

Las oficinas de difusión cultural de las contadas instituciones de educación superior observan una creciente tendencia a la burocratización y con muy escasa actividad. No cuentan con los presupuestos adecuados y tampoco con los perfiles deseables; por lo general, predominan las relaciones familiares o las negociaciones sindicales.

En auditorios mayores a 800 butacas andamos regular. Tienen auditorios solo SLRC, Nogales, Agua Prieta, Guaymas, Ciudad Obregón, Hermosillo y Navojoa. No hay más. En la mayoría de las ocasiones que se utilizan, o son para eventos ajenos a la cultura o reciben presentaciones de artistas o comedias casuales, de temporada, pero esporádicamente y sin un plan de desarrollo cultural del municipio, excepción hecha de la Sociedad Sonorense de Historia, siempre en actividad de fomento a la cultura, pero también sin recursos para llegar a fin de cada mes.

En materia de contenidos culturales en medios electrónicos la crisis es peor todavía. Predomina el mercantilismo y el desdén por lo cultural. Basta con echar una ojeada al tipo de música promovida por la mayoría de las estaciones para darnos cuenta de la baja calidad de la oferta programática y musical so pretexto de que “Eso es lo que la gente quiere” (sic).

En materia de cronistas municipales andamos todavía atrasados. Fuera de Rómulo Félix en Hermosillo, Pepe Escobar en Cajeme, José Luis Islas en Empalme,Faustino Olmos en Guaymas y Manuel Hernández Salomón en Navojoa, no se sabe de ningún otro que desarrolle una actividad permanente tanto en la difusión como en la promoción de la cultura en los municipios.

Los cronistas no tienen oficinas propias, por lo general cargan con sus papeles y los archivos en sus propios maletines y batallan enormidades para todo, incluso para que los reciba en audiencia la autoridad municipal casi siempre indiferente y distante de la cultura del municipio. Nadie sabe por qué se estableció años atrás la coordinación de los cronistas en el CEDEMUN en lugar de vincularlos directamente con el Instituto Sonorense de Cultura, para darles mayor capacidad de interlocución tanto en el desempeño de sus actividades como en la gestión de los asuntos especiales de su competencia.

¿Por qué tan pocos bienes culturales para una población cercana a los tres millones de habitantes? ¿Por qué su actividad cultural oficial luce escasa, sin coordinación y sin recursos económicos? ¿Por qué el presupuesto 2015 para el Instituto Sonorense de Cultura solo abarca el 0.3% del presupuesto estatal de egresos que es de 49 mil millones de pesos?

¿Por qué una entidad donde a finales del siglo XIX y principios del XX hubo clubes de lectura, conciertos de ópera, música clásica, obras notables de arquitectura y círculos de debate político y cultural, se estancó en su desarrollo cultural?

¿Por qué la Cultura no ocupa un lugar prioritario en las propuestas realizadas hasta hoy por  los candidatos a todos los cargos de elección popular? Es un misterio. ¿Falta de interés? ¿Ignorancia del tema? ¿No lo consideran prioritario? Quizá así sea, pero hay otras razones: Lo peor es que no lo consideran un asunto rentable ni una prioridad para Sonora, craso error, porque si a cada rato hablan de la aguda crisis de valores que padecemos, la solución en mucho y sin duda, es la cultura.

Si se habla de recuperar el estado de derecho, la solución es el fortalecimiento de una cultura cívica y social encaminada al conocimiento de obligaciones y derechos. Los pueblos cultos-eso no se discute- tienen una mejor calidad de vida y un alto sentido de orgullo por sus raíces culturales.

Si se habla de fortalecer el tejido social, la solución es la cultura que fomente la unidad, el orgullo y el conocimiento de las raíces de cada grupo de población. Por desgracia, en la mayoría de los temas culturales se ha impuesto el relativismo moral y poco a poco se pierden las raíces y el orgullo por la identidad local. Bastaría con ver el tratamiento dado a los centros históricos de cabeceras como Guaymas y Hermosillo, hoy en ruinas, para constatar lo anterior. ¿Por qué tanta indolencia? Quizá porque no es rentable políticamente ni se puede presumir en los informes, o porque se considera un gasto superfluo. Le peor …es que no conocen la historia.

Si se habla de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, la cultura es  la herramienta fundamental para fomentar el ejercicio de los derechos, el debate, el conocimiento y el acceso a mejores niveles de información.

Es más, fomentar la cultura a fondo sería una herramienta muy importante para apoyar las políticas de combate a la inseguridad y la ignorancia generalizada sobre las leyes y el orden, y fortalecer la capacidad ciudadana de decisión con un conocimiento más amplio de las -nuevas e inéditas para muchos-, realidades que se viven.

La cultura nunca ha sido una prioridad para el PAN, incluso ni en sus fundadores. Nunca tuvieron un proyecto cultural ni como partido ni como gobierno. Su exacerbado conservadurismo-históricamente- los ha hecho refractarios a la diversidad cultural y a la pluralidad social.Mucho menos lo han tenido en el sexenio que termina en Sonora.

En el PRI se recuerda a los gobernadores,verdaderos impulsores de la cultura y a los fundadores de instituciones que con el tiempo se han consolidado, entre ellos Alejandro Carrillo y Samuel Ocaña.

Y es que no todo el mundo le entiende a la cuestión cultural, por lo controvertido y a veces difícil  que resulta el trato con los exponentes de las diversas ramas de la cultura. Ni modo, para eso son el diálogo, la concertación, los acuerdos y el consenso. Para eso es la política. Si quienes aspiran a un cargo de representación política no se esfuerzan en fomentar y promover la cultura, años perdidos serán para Sonora. Lástima que no lo vean así y  que algunos traten de reducir los problemas de la entidad a cuestiones solo de liderazgo, de pragmatismo superficial o mercadotecnia de coyuntura para salir del paso ,pero eso no nos dice nada, salvo a la creencia de que al pueblo lo que pida, y si no pide cultura, ni modo. Lástima. Habría que recordarles la célebre expresión de Mailer: ¿Qué es la grandeza sino la riqueza indestructible que queda en la memoria una vez agriada la esperanza y agotadas las pasiones?. Ojalá y se entienda.

bulmarop@gmail.cm

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