Pejelandia y la sombra del pasado

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en Pejelandia y la sombra del pasado 27

Lo que estamos viendo en el gobierno federal, no es nuevo. En el año 2000 a la llegada de Vicente Fox y el PAN a los pinos, igual pintaba el panorama. Un presidente equipado con un gabinetazo que ilusionaba a medio país para vivir ¡por fin! En el paraíso democrático que por años el partido acción nacional había idealizado y que era tema en el discurso de aquellos que si le entendían al principio y doctrina con que ese instituto político fue creado. Luego todo cambio, para seguir igual.

Foxilandia empezaron los burlescos y noveles usuarios de las redes que apenas pintaban, a decirle al México que Fox en sus imprudentes discursos dibujaba. Todo estaba bien y cuando estaba mal, era de rigor culpar a los priistas que en sus setenta años—entonces—habían ocasionado. Muy pronto el gabinetazo se vio superado por una sola persona, Marthita, la directora de comunicación social de inicio del sexenio y a los siete meses primera dama del país. Doña Martha Sahagun, irrumpió en el escenario nacional, superando en ligerezas a su consorte, el presidente.

Apenas cumplido el año, la administración Fox encontró su rumbo. El faro que la guiaba siguió pintado de verde, blanco y colorado, pero con mucha más ineficiencia que los tricolores que aun se encontraban turulatos, por los resultados electorales de ese año. El efecto Fox que lo llevo a ganar las elecciones, le duraba y le duró los seis años, de tal modo que Felipe Calderón con calzador, retuvo la preciada posición de presidente. Fue fraude, imposición o robo de elección, aseguro AMLO y seguidores. Para entonces la autoridad electoral en manos de civiles sin mando de gobierno garantizaba per se un resultado democráticamente obtenido en las urnas y no en la mesa de negociaciones como pretendía entonces ya sabes quién, que incluso se autoproclamo en 2006 presidente legítimo con el águila imperial sobre su imagen.

Ya Felipe Calderón se quedo sin la opción de culpar a sus antecesores, porque habría de cargar ese pasivo a sus mismos camaradas de partido que no dejaron las cosas claras, menos limpias. QA Fox se le ha acusado de muchas cosas, menos de corrupto, sin embargo, si se ha señalado a Marthita como tal, particularmente en el enriquecimiento explicable de sus hijos, que fueron los nuevos ricos del sexenio.

Cuando Enrique Peña Nieto llega al poder en 2012, no hay la espectacularidad que se da cuando se trata de encontrar culpables de los males con que es recibida la administración para el ejercicio de los siguientes seis años. Un presidente—dígase lo que se diga de EPN—moderado, cuidadoso de las formas y conciliador le entró al toro de enfrentar los retos que le heredó FCH, particularmente en la guerra contra el narco que tanta sangre ha costado y sigue costando al pueblo mexicano. No había tiempo de remitir al pasado lo que todos sabíamos.

Andrés Manuel López Obrador es sin duda alguna, el candidato presidencial que más votos ha logrado en la historia de México que se inicia al triunfo del movimiento independentista en 1821. No solo ganó las elecciones, conquistó a un ejercito social que le apoya en todo, que no percibe errores y menos acepta que su líder sea cuestionado. No es AMLO un presidente en quien quepa prudencia alguna para juzgar a quienes no estamos de acuerdo con sus formas de hacer gobierno. Un presidente echado pa´elantedecimos los Sonorenses, aunque arrastre en su ímpetu decoros, prestigios y faltas de respeto.

La estrategia que López Obrador enfrentó para conquistar votos se fundó en las criticas al pasado priista y panista; sin embargo, hace lo mismo que criticó y que lo hizo crecer socialmente. Arremetió contra Peña Nieto, cuando se trató de nombrar a un fiscal general, “fiscal carnal” le espeto de inmediato AMLO. El ahora presidente de la patria amorosaimpuso a un fiscal carnal, ordeno el nombramiento de un fiscal obligado a seguir las instrucciones del jefe al que debe su cargo. Igual está sucediendo en la elección de magistradospara la suprema corte en donde, dejando por un lado las capacidades y valores personales de la ahora magistrada Yasmin Esquivel, ser esposa del principal constructor y asesor del presidente de la república José María Riobóo; convierte el asunto en conflicto de intereses.

El PRI y el PAN hacían mal en sacar al ejército de los cuarteles para combatir al crimen organizado. Hoy, el ejercito es la fuerza no solo que opera, coordina y tiene a su cargo la seguridad nacional y la seguridad pública. También administra pipas –camiones—para acarreo de combustible, construyen aeropuertos y se maneja como dirección de recursos humanos contratando operadores de las mencionadas pipas. Los dos PRI y PAN hacían mal en diseñar el desarrollo social en base a programas asistenciales; hoy la fuerza electoral del presidente y su partido se encuentran en los 23 millones de mexicanos que entre ninis, adultos mayores, madres solteras, becados e infantes en protección serán atendidos directamente por la federación, en sus domicilios.

A casi cuatro meses de este sexenio, no sabemos de juntas de gabinete presidencial que tiendan líneas de acción a la problemática nacional. Andrés Manuel López Obrador, desde su podio y micrófono en las ruedas de prensa mañaneras, le da rumbo al quehacer de gobierno federal, ejerciendo un dominio completo y exhibiéndose como experto en educación, salud, seguridad, ingeniería financiera, desarrollo social y todo lo que implica el difícil oficio de gobernar. Si usted me pregunta por los miembros del gabinete morena, con mucha pena le mencionaré a dos o tres de los secretarios de estados, conocidos más por equivocaciones que por sus aciertos.

Los conservadores como AMLO nos señala, a quienes diferimos de sus modos y forma de gobernar, no valemos un cacahuate. Para el estamos estacionados en el pasado, sin animo de caminar en ese encuentro hacia la patria anhelada. Ni siquiera somos parte de ese pueblo bueno y sabio que lo rodea. Haga de cuenta los fariseos en tiempos de Jesús el Mesías.

Lo último que nos indica un grado máximo de inestabilidad emocional en los manejos públicos, es la aplaudida acción de firmar un compromiso de no reelección de parte del presidente López Obrador, cuando la Constitución por si misma elimina hasta ahora cualquier intento de crear la figura de reelección presidencial. Esto más el decreto verbal de muerte al sistema neoliberal, a la corrupción y al huachicoleo a partir de ya, nos ubica en la esperanza del cambio gatopardista de que todo cambia, para seguir igual.

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top