Origen y consecuencias del histórico Maximato

Jorge Murillo Chísem, Recientes No hay comentarios en Origen y consecuencias del histórico Maximato 26

Lo dejó por escrito el reconocido periodista Carlos Monsiváis Aceves (1938-2010):

Roberto Blanco Moheno (1920 – 2001) coincide socialmente con el momento de la aparición en México del muckraker, o el “expositor de ruindades”‘, es decir del reportero de denuncia  y que “escarba” en los basureros del capitalismo.

La cita del señor Monsiváis viene al caso por las múltiples críticas que levantó en 1957 la obra en tres tomos del historiador y periodista veracruzano, “Crónica de la Revolución Mexicana”; porque el autor provocó un gran interés en el estudio de ese movimiento político, logrando que una nueva generación de historiadores emprendiera otros enfoques, que retomaran temas y buscaran diferentes interpretaciones.

Tal como pretendemos algunos aquí en CASADELASIDEAS.

Pero, como sucede en muchos cronistas, Blanco Moheno dejó “en el tintero” algunos elementos de juicio por analizar, como es el período conocido como “El Maximato”, y que los expuso en sus siguientes obras, como la publicada en 1981: La “Otra” política de México, donde transcribe una carta atribuida al expresidente de México, general Abelardo L. Rodríguez, y que dirige al constituyente sonorense de 1917, ingeniero Juan de Dios Bojorquez. Curiosamente antepone la siguiente sentencia:

NINGUN  MEXICANO  INTERESADO  EN  LA  HISTORIA  DE  SU  PAIS  DEBERÍA  IGNORAR  LA  PRESENTE  CARTA:  

    “Marzo 31 de 1936.- Sr. Juan de Dios Bojórquez.-

     Muy estimado amigo: “…………………………Hace más de dos años que previendo los infaustos acontecimientos para el general Calles que, en materia política, se desarrollaron después, hablando con él en su residencia de Cuernavaca le advertí mis presentimientos, pues ya notaba en el ambiente popular cierto malestar debido a la suposición de que el general Calles intervenía en asuntos de mi Gobierno, cuya impresión se esforzaban por crear muchos de los destacados elementos políticos y hasta colaboradores de mi Gobierno, al reconocerlo aparentemente, pero llenos de falsedad, como su jefe.

    “Al ir yo a tratar en determinada ocasión con el general Calles cierto detalle en el cual él participaba y que no podía dejarse pasar inadvertido sin que lastimara mi dignidad personal como Presidente de la República, le hice ver que se estaba dejando arrastrar por políticos oportunistas y aduladores irresponsables a un terreno de cuya escabrosidad le sería después sumamente difícil salir y que las fuerza de la costumbre creada por aquella gente con sus adulaciones e insinuaciones – que sólo buscaban su mejoría personal, afianzamiento o conservación de sus puestos – , lo estaba obligando a sentirse dictador o indispensable en el régimen que yo presidía, cosa que no iba de acuerdo con las protestas que en varias ocasiones y fechas me había hecho en el sentido de que nada detestaba él más que una dictadura en cualesquiera de sus formas.

Traté de explicarle – continua la carta de don Abelardo – que estaba cundiendo en la opinión pública la idea de que quería constituirse en dictador y que a la postre vendrían consecuencias deplorables si no se ponía el remedio a tiempo……….

”Le sugerí que era el momento más oportuno para que se retirara completa y definitivamente de toda actuación pública…………….El general Calles creyó entonces que yo exageraba las cosas tal vez movido por envidias o celos de su popularidad….

.

     “Con fecha anterior a esta entrevista – continua su carta  el general Rodríguez – había comunicado por circular a todos los miembros de mi gabinete, que se abstuvieran de tratar asuntos oficiales con el general Calles, ya que como presidente de la República era el único responsable de mi Gobierno…………….Además de esto, hablé personalmente con cada uno de ustedes, repitiéndoles con más amplitud lo dicho por escrito. De mis colaboradores, tu, León, Puig y Bassols, fueron quizá los que más se distinguieron en su afán de hacer aparecer al general Calles como dictador.  Tú y León lo hicieron, creo yo, por el cariño que le tenían al General, pero Puig y Bassols lo hicieron con toda perfidia y maldad, porque así convenía a sus intereses personales………………………A León le debe el general Calles el título de “Máximo”, que le creó a base de publicidad llena de servilismo y adulación por medio del periódico “El Nacional” del cual era el Director y que se dedicaba de lleno a adular exclusivamente al Máximo de su propia creación.  Para mi, es León el que inopinadamente más daño ha hecho a la personalidad de Calles….”

En un Boletín, el número 79 del Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca, que amablemente nos envían a todos los miembros de la Sociedad Sonorense de Historia, viene la crónica de los funerales de Plutarco Elías Calles por Arno Burkholder. Entre los numerosos datos de la crónica, señala el autor que el evento reunió a miles de personas, principalmente estuvo la distinguida presencia del presidente de la República, general Manuel Ávila Camacho, quien ordenó que se le diera al general Elías calles un entierro con honores de Presidente de la República.

La familia Elias calles Chacón recibió más de 250 coronas fúnebres, “solo una corona no fue aceptada por la familia Calles: la que envió el político y periodista Juan de Dios Bojórquez”……El general Cárdenas no envió corona. “De ese señor no queremos nada” declaró un familiar, ¿Consecuencias del Maximato?. En el Cementerio sólo hubo dos oradores: Luis L. León (el autor del título Máximo), y el director general de Correos, José María Tapia.

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