Nuestra primaria

Jean Meyer, Recientes No hay comentarios en Nuestra primaria 16

Después de mi artículo sobre la Geografía del atraso que señalaba el círculo vicioso que se arma en nuestro país entre el nivel de educación y el nivel de vida, recibí comentarios muy valiosos. Una persona que pasó gran parte de su vida laboral cerca de la educación primaria de México me puso generosamente a reflexionar sobre los puntos siguientes: por los niveles de deserción, resultados de prueba Enlace y gasto educativo, la primaria, con menos, hace más que la escuela secundaria y la media superior. Deplora mi consejero que la prueba aquella haya sido suspendida “por razones ciertas: surgieron momentos de corrupción, pero se olvidó que era el único momento de aplicación de normas bien definidas, que era para la mayoría de las escuelas una gran oportunidad para mejorar” y que las escuelas la aprovechaban.

Nos recuerda que los problemas no pueden atribuirse exclusivamente a los maestros, sino a muchos factores. Dejo la palabra al especialista que explica que “desde los cambios de libros de texto y los programas de estudio surgidos con el Acuerdo para la Modernización de la Educación Básica y Normal, se perdió el rumbo.” ¿Cómo? Desde 1996, con los nuevos programas de estudio, desaparecieron los aprendizajes esperados en un grado escolar, algo que existía en la educación de los cincuenta, “cuya estructura fue tomada en buena medida de la educación francesa”. “Esto es gravísimo, cada profesor ha definido lo que más o menos va a enseñar”.

Además, los libros de texto y los materiales de apoyo al maestro no corresponden con el programa de estudios, es decir faltan referencias a lo que debe cumplirse del programa. El programa de estudios “que aparece en el Acuerdo respectivo firmado por Alonso Lujambio tiene más de seiscientas páginas” laberínticas, de manera que se pierde una propuesta que debería expresar clara y brevemente lo que debe enseñarse. “El número de páginas de los libros de texto puede ser de más de mil y su desorden obliga al maestro a seleccionar lo que va a utilizar, con el exclusivo criterio de su práctica”. Unos libros vienen organizados por lección, otros por unidad, otros por capítulos, mientras que los libros de texto anteriores tenían un ordenamiento por unidad: “cada una de las cuales correspondía a un mes de trabajo y eran muy claras sus referencias al programa de estudios”.

Subraya que los cambios han sido casi anuales en las rúbricas esenciales, a saber lectura, escritura y lo que antes llamamos cálculo y que ahora se intitula matemática fundamental. Se cambia constantemente de libros, métodos y lenguaje. Me dice que ningún país del mundo ha tenido tantas “innovaciones”. Por desgracia, la escuela francesa no canta mal las rancheras y ha ido brincando de “reforma” en “reforma”, a todos los niveles. Hasta aquí los factores pedagógicos de la crisis.

Además de las causas políticas que mencioné en mi artículo anterior, vienen las que él me señala, y subrayo entre todas la extinción del Consejo Nacional Técnico de la Educación, en 1998, cuando la prepotencia del sindicato coincidió con la debilidad del Secretario de Educación. Hay que recordar que durante décadas los programas de estudio y los libros de texto han sido preparados y revisados seriamente en este Consejo que juntaba maestros experimentados con especialistas, universitarios, historiadores, todos los cuales trabajaban gratis, por convicción y vocación. A diferencia del Consejo que evitaba el arbitrario, “el poder quedó en una sola mano, la del enviado del sindicato y su grupo de especialistas”. Así se entiende porque de aquí en adelante las “reformas” se han decidido sin tomar en cuenta la experiencia de los maestros, las sugerencias y los diagnósticos de los especialistas.

jean.meyer@cide.edu

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