No un adiós, sino un hasta luego

Ramón Pacheco Aguilar, Recientes No hay comentarios en No un adiós, sino un hasta luego 34

Desde aquel lejano, mas no olvidado, miércoles 2 de octubre de1968 cuando mi Maestro de Literatura Universal Chavarin Gradilla, en mi segundo año de secundaria en la gloriosa Secundaria Federal 18 en mi natal Mexicali, alterado anímicamente por decir lo menos, nos informó que la tarde-noche anterior los estudiantes mexicanos habían sido masacrados por el Estado represor, decidí hacer uso de mi pluma como una herramienta de expresión escrita.

 

Así transcurrieron mis años de preparatoria y universidad entre periódicos murales, boletines y volantes impresos con la sofisticada tecnología del mimeógrafo, donde las bardas, los postes y los camiones urbanos fueron, entre otros medios, los vectores de trasmisión de aquellos escritos de juventud, validos al presente en su contenido la mayoría de ellos. Desde entonces me considero un comunicador; aficionado, pero comunicador al fin.

 

En tiempos más actuales, después de muchos lustros, ya aquí en Hermosillo, Joaquín Robles Linares, un buen amigo mío, médico de profesión pero ciudadano de corazón, con quien comparto coincidencias filosóficas, científicas, culturales y políticas, me hizo llegar uno de sus escritos sobre un tema que conjugaba la ciencia, la cultura, el arte y la historia, que recientemente había publicado en una revista electrónica cuyo nombre era “La Casa de la Ideas”, para que le hiciera comentarios.

 

Agradecí la deferencia de Joaquín, pero lo interesante del asunto es que quedé “enganchado” con el nombre de la revista: “Casa de las Ideas”. Nombre original y sugestivo. Le manifesté mi interés en ser colaborador. Pronto me presentó con el Arq. Oscar Romo Salazar, director de la revista, con quién desde un inicio establecí una excelente identidad y una mejor amistad que perdura al tiempo.

 

Ya como colaborador de esa  “Casa” y con libertad plena y sin restricción alguna de temas y contenidos, fui invitado también como colaborador periódico al programa televisivo de “Casa de las Ideas”, trasmitido por Megacanal cada martes a las 2 pm. En esos programas, junto con Oscar y otros conspicuos amigos y colaboradores, tuvimos la oportunidad de abordar temas relacionados con la política, la economía, el desarrollo urbano, la ciencia y el desarrollo tecnológico, la educación, la historia, la crisis de las universidades, el desempeño del gobierno, etc.

 

Temas de actualidad, algunos complejos, otros controversiales, todos interesantes, obligados y necesarios desde nuestro punto de vista. Siempre abordados con profesionalismo y respeto sin ser expertos en la mayoría de ellos.

 

Debo decir, sin presunción alguna, que este programa era un referente en nuestra comunidad y que representó un espacio para la expresión ciudadana que tanta falta hace en este atribulado, dinámico, globalizado e interesante mundo donde nos desempeñamos.  

 

Por ello con tristeza, en días pasados recibí la noticia directamente de Oscar, que el programa llegaba a su fin, cumpliendo así el ciclo que sabíamos que algún día tendría que cerrarse. Si bien este sentimiento de tristeza no lo puedo omitir, el agradecimiento, reconocimiento y consideración a mi amigo Oscar por su calidad humana y capacidad de comunicador son mucho mayores.

 

Buen trabajo Oscar. Vamos ahora por los nuevos escenarios y gracias por la oportunidad de ser colaborador de ambas “Casa de la Ideas”; Internet y TV, ha sido un verdadero honor.

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