No olvidar Asia

Jean Meyer, Recientes No hay comentarios en No olvidar Asia 27

La crisis de Ucrania y por Ucrania hace olvidar que el futuro del mundo está en Asia, que se definirá a largo plazo entre dos gigantes, China y la India, pero que mientras la tensión histórica entre China y Japón puede volverse peligrosa.

Primer punto, entre la India y China hay sesenta años de antagonismos. Un reciente incidente en el Himalaya nos recuerda que las tensiones persisten entre los dos países y que las ambiciones chinas en el océano índico, océano que New Delhi considera como su zona de influencia, han reforzado la tensión. Además de las rivalidades marítimas que las oponen, las dos potencias se disputan en sus fronteras unos 140 mil kilómetros. A la India le preocupa la amistad sino-pakistaní; a China le molesta el acercamiento (limitado) entre Estados Unidos y la India.

Segundo punto, más preocupante a corto plazo, China y Japón se han embarcado en una forma de guerra fría, a partir de su conflicto sobre unas rocas en el mar, las islitas minúsculas que Japón llama Senkaku, mientras que China las nombra Diaoyu. ¿Hasta dónde llegará la tensión, exaltada por los dos nacionalismos rivales? Uno puede minimizar el conflicto al saber que nadie vive en estos pedruscotes, pero sería olvidar una rivalidad muy amplia y muy antigua. El recalentamiento de las memorias históricas, centradas exclusivamente en los agravios, no ayuda a calmar los espíritus.

En el caso chino, hay que remontar a 1895, año de la derrota frente a Japón, el traumatismo mayor de toda la historia de China. El nuevo presidente chino Xi Jinping anunció tres prioridades: continuar las reformas económicas, luchar contra la corrupción y afirmar el “sueño nacionalista”, a saber devolver a China su lugar central en el escenario mundial.

Resulta que Japón se apoderó de las islitas precisamente en 1895. Para China, recuperarlas sería borrar la humillación del tratado de Shimonoseki que puso fin a la primera guerra entre el Imperio Ping y Tokio, entre el Imperio de En Medio y lo que consideraba “el enano japonés”. Desde noviembre del año pasado, la tensión subió al rojo en este mar de China. La decisión unilateral de Beijing de establecer una zona de control aéreo que incluye las islas en disputa, no arregló nada. Washington, Seúl y Tokio hablaron de “inaceptable escalada” y de “provocaciones chinas”. La retórica nacionalista con fines políticos es un elemento de riesgo mayor, puesto que el presidente chino debe satisfacer a sus militares y el primer ministro japonés se monta sobre la ola nacionalista.

¿Regreso a 1914? preguntan analistas de varios países. El riesgo de conflicto entre China, Japón y las dos Coreas debe tomarse en serio, especialmente cuando el siniestro Kim Jong-un afianza su reino dinámico con el terror. Y Estados Unidos se ha comprometido, en varias ocasiones, a garantizar la seguridad de Japón y Corea del Sur… o sea una cadena de alianzas… como en 1914. Dada la estrecha relación económica entre EU, China, Japón y Corea del Sur, una guerra de verdad parece impensable. Como
en 1914. ¡Cuidado con los errores de cálculo! La impotencia europea y estadounidense en el caso de Crimea no debería engañar al sector duro de los militares chinos; tampoco empujar el gobierno japonés a un rearme masivo incluyendo las armas nucleares.

1914 ha demostrado que los dirigentes toman decisiones sin prever consecuencias que lamentan demasiado tarde. Nunca olvido la exclamación del emperador Guillermo II: “¡Eso, no lo quise!” La guerra no resulta siempre de una decisión racional, sino surge al encuentro de muchos factores que incluyen el error de cálculo. Europa se suicidó entre 1914 y 1918. Hoy China ocupa el lugar de Alemania en 1914, Estados Unidos la de Inglaterra, Japón la de Francia… No quiero pensar más, y rezo para que no se suicide nadie.

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