Mi reflexión navideña

Ramón Pacheco Aguilar, Recientes No hay comentarios en Mi reflexión navideña 16

El año decanta sus últimos días. Llegó el momento de detenernos un poco, de tomar aire y suspirar, intentando explicarnos todo lo acontecido en nuestra vida en este año casi por concluir. Confieso que mis pensamientos y sentimientos se reaniman ante la cercanía de la época del año que más me gusta y disfruto. La Navidad siempre es bienvenida por la gente de bien. Yo me considero una de ellas y por eso la temporada navideña cuenta con mi especial predilección, exactamente como cuando era niño. En aquel ya viejo entonces, un año me era un siglo; hoy, un abrir y cerrar de ojos que me deja, por decir lo menos, completamente incompleto. En este mi universo interior en continua expansión, un tanto cuanto complicado, sigo soñando ese sueño de porvenir como un principio fundamental de mi vida.
Nostálgico pero entrópico como soy, días atrás me dije a mi mismo que ya estaba siendo hora de escribir mi Reflexión Navideña de este año y compartirla nuevamente con todos los míos. Pero ¿que podríamos reflexionar juntos en esta nueva ocasión que no hubiésemos compartido en los últimos 20 años de esta tradición? Mucho por supuesto, pues en nuestras vidas siempre debe haber algo nuevo cada día. Algo nuevo para vivir, para amar, para sentir, para pensar y por ello, para reflexionar.
La Navidad es ese tiempo; es la mejor ocasión para asentir que nunca debemos olvidarnos de agradecer. De agradecer a Dios, a la vida que nos mantiene vivos, al amor por existir, a la amistad por estar siempre a nuestro lado y al día por su sol; pero también a la noche por su luna y sus estrellas y por permitirnos soñar sueños sin prisa.
La Navidad es el tiempo del balance riguroso pero bondadoso a la vez. Tiempo de preguntarnos si cumplimos nuestro compromiso con todos. De reconocer nuestros aciertos y aceptar nuestros errores y omisiones, aún los involuntarios. De justificar nuestros actuares y procederes aunque a veces nos cueste (mucho) trabajo. Entonces, ¿dónde estamos y cómo anduvimos este año? ¿Qué cumplimos, o mejor dicho, que incumplimos? ¿Qué hicimos bien y que no tanto? Vale la pena someternos a este acto de contrición tratando de salir lo mejor librados. Preguntémonos: ¿Sonreímos a la vida? ¿Tuvimos buenos pensamientos para nuestro prójimo? ¿Trabajamos por ellos y sus derechos? ¿Nuestros sentimientos se portaron apropiadamente? ¿Contribuimos con los sueños de quienes amamos? ¿Seguimos siendo los idealistas empedernidos de antaño o ya no tanto? ¿Qué tal nuestra paciencia?
La emoción Navideña nos hace compartir nostálgicas sonrisas envueltos en un ambiente de Paz y Felicidad que se refleja en nuestros rostros y se siente en nuestro entorno. En perfecta armonía vivamos esta Navidad, sin olvidar que esa armonía debiera ser mundial y que en ello todos somos responsables. Podrá sonar hasta contradictorio el que hoy, cuando hemos generado la mayor cantidad de conocimiento científico en todos los campos y de todos los tiempos, sigamos estudiando en cómo ser felices y armónicos. Mi mayor deseo es que lo logremos siempre, para sentir ese nuestro íntimo acuerdo con el cielo. Feliz Navidad. Un abrazo.
Ramón Pacheco Aguilar

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