¡México, creo en ti!

María Emma Freaner Figueroa, Recientes No hay comentarios en ¡México, creo en ti! 11

Recuerdos imborrables de momentos mágicos cuando escuchaba a mi padre, un gran declamador, interpretar esta poesía de Ricardo López Méndez. La decía con tanto sentimiento que cada estrofa penetraba en mi ser, haciéndome sentir orgullosamente mexicana y convencida de que vivía en un  país  mágico… hermoso.

 

Eran los años cuarenta del siglo pasado, el mundo estaba inmerso en la Segunda Guerra Mundial y todos sufríamos las consecuencias económicas que ésta ocasionaba. Sin embargo, yo vivía y juzgaba el momento con mente de niña, desde mi pequeño entorno que estaba lleno de relativa seguridad y felicidad.

 

Un buen día encontré un libro de poesías titulado: “Poesías de México y el Mundo” entre los libros que estaban a la venta en una tienda en la capital del país, y lo compré. Entre las poesías patrióticas en él incluidas, está “México Creo En Ti”. La leí y releí -ahora desde la experiencia de muchos años vividos- y con tristeza comprobé que el México que su autor describe a principios del siglo XX, ya no es más el México que hoy estamos viviendo, en pleno siglo XXI. Se diría que tampoco los mexicanos somos los mismos de entonces.

 

“México, creo en ti,

Como en el vértice de un juramento.

Tu hueles a tragedia, tierra mía,

Y sin embargo ríes demasiado,

Acaso porque sabes que la risa

Es la envoltura de un dolor callado…”

 

Antes, como ahora, los mexicanos seguimos amando a nuestra patria… a pesar de todo. No importa que tan mal nos esté yendo, seguimos riendo y sacando chistes de nuestra situación, aprovechando cada acontecimiento ofensivo, triste o doloroso, para elaborar versos y bromas sobre cada acontecer, buscando la forma de encontrar consuelo en nuestras desgracias. Ejemplo de esto son la multitud de videos, memes, escritos críticos y demás cosas que aparecen constantemente en las redes sociales…

 

“México, creo en ti,

Porque creyendo te me vuelves ansia

Y castidad y celo y esperanza.

Si yo conozco el cielo es por tu cielo,

Si conozco el dolor es por tus lágrimas

Que están en mí aprendiendo a ser lloradas…”

 

Nunca me sentí más mexicana que cuando viví en los Estados Unidos. Entonces tuve la opción de decidir mi futuro, al gtener que escoger entre la nacionalidad norteamericana (a la que tenía derecho, de acuerdo con las leyes) y la mexicana. Al regresar a mi patria estaba consciente de que había renunciado al “sueño americano” para vivir la “realidad mexicana” que se sostiene en base a la esperanza de un mejor mañana que nunca llega, y de una confianza constantemente defraudada. Donde se sobrevive con el apoyo de familia y amigos, donde se comparten el dolor y las alegrías, donde se lucha hombro con hombro, cayendo y levantando pero esperando… siempre esperando… mejorar su vida, un mejor gobierno, mejores oportunidades de negocios o empleo, mejor educación para sus hijos y hasta el premio gordo de la lotería… con o sin avión presidencial…

 

“México, creo en ti,

En tus cosechas de milagrería

Que son solo deseo en las palabras…”

 

Nuestro México es mágico. Aquí en Sonora, si leemos la prensa y oímos las noticias encontramos una realidad que no vemos cuando salimos a la calle ni sentimos en nuestros bolsillos. A nivel nacional los políticos informan de planes, reformas, nuevas leyes, triunfos sobre el narcotráfico, recuperación económica, avances que son solo deseo en las palabras, pero nosotros seguimos creyendo en un mañana mejor, en un milagro de nuestra Virgen de Guadalupe, en que el siguiente sexenio nuestros políticos si van a cumplir sus promesas de campaña y que los gobernantes si se preocuparán por su pueblo, en que la violencia disminuirá y en que pronto saldremos de las crisis…

 

“México, creo en ti,

Porque escribes tu nombre con la X

Que tiene algo de cruz y de calvario;

Porque el águila brava de tu escudo

Se divierte jugando a los “volados”

Con la vida y, a veces con la muerte…”

 

Con motivo de las inminentes fiestas patrias que dan principio esta noche, con “El Grito” (en esta ocasión virtual, por la pandemia), he vuelto a repasar en mi memoria la historia patria que aprendí en la escuela; los conocimientos adquiridos por medio de la lectura, de las visitas a los museos y sitios históricos, así como conversaciones con personas de diferentes lugares de la república con las que tuve la oportunidad de convivir durante más de 20 años, en una actividad a la que entregué parte de mi vida. He escuchado y leído las participaciones de historiadores que han investigado profundamente sobre nuestros conflictos armados internos, y nos han presentado una realidad distinta a la que la historia escribió. Nos han hablado de lo mucho que se omitió, como por ejemplo las traiciones entre los líderes, de los héroes anónimos, de la faceta obscura y la vida secreta de alguno de nuestros héroes.

 

Hay una constante de pueblo sufrido y oprimido, y de una clase privilegiada desde la conquista hasta la actualidad. Desde los indígenas precortesianos hasta los indocumentados que hoy emigran en busca de una mejor vida, y vuelven a ser discriminados y explotados, allá del otro lado de la frontera.

 

También hay una constante de promesas incumplidas y expectativas no logradas, así como la forma como se ha gobernado el país donde se pone en evidencia más la búsqueda del propio beneficio o lucimiento que el desarrollo armónico de la nación y el bienestar de sus gobernados. Aún no veo que tengamos un sendero bien trazado, siento que partidos y gobierno planean en una base de prueba y error jugando “volados” mientras deciden nuestro futuro, jugando con la vida y a veces con la muerte por la falta de empleos, la desnutrición infantil, la falta de educación, la escasa atención en el sector salud, y ahora con la lucha contra la violencia y el narcotráfico…

 

“México, creo en ti,

Porque eres el alto en mi marcha

Y el punto de partida en mi impulso.

¡Mi credo, patria, tienen que ser tuyo,

Como la voz que salva

Y como el ancla…! “

 

Sí, sin duda es hermoso viajar, conocer otros países más desarrollados, con otro tipo de culturas, con diferentes costumbres y maneras de ver la vida. Pero es mucho más hermoso regresar a nuestra patria y darnos cuenta de que sin importar cuántas maravillas haya en otros lugares, regresar a México es llegar a casa, a nuestro hogar, con nuestra gente, nuestras tradiciones, nuestra cocina, nuestras luchas cotidianas; y que vale la pena seguir creyendo y luchando, porque este país es nuestro, y es el único que tenemos. Que sin importar los buenos o malos gobiernos, los mexicanos tenemos la capacidad de sobrevivir, y lo hacemos con esperanza siempre en el mañana, entre cantos y risas y bromas, aún en los peores momentos de tristeza y dolor.

 

Aquí nacimos y aquí descansarán nuestros restos, en un México que necesita más que nunca de la ayuda de sus hijos para poder levantarse, y sostenerse en pié para seguir adelante en busca de su destino.

 

 

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