México: 1913-1994: 10 muertes polémicas

Bulmaro Pacheco Moreno, Recientes No hay comentarios en México: 1913-1994: 10 muertes polémicas 33

Dice el historiador Stanley R. Ross, que fue el propio Victoriano Huerta quien seleccionó a Francisco Cárdenas y Rafael Pimienta para conducir a los prisioneros Francisco I. Madero y José María Pino Suárez del Palacio Nacional a la cárcel de Lecumberri.

Ya en la noche del 22 de febrero de 1913: “Veinte minutos después de haberse acostado los prisioneros, el coronel Joaquín Chicharro entró al cuarto seguido por el mayor Cárdenas. Se ordenó a los prisioneros levantarse y Ángeles (Felipe) preguntó que pasaba… Chicharro le dijo que Madero y Pino Suárez serían conducidos a la penitenciaría… Madero fue llevado a un automóvil cerrado, mientras que a Pino Suárez le dijeron que subiera a un coche Peerless que estaba estacionado cerca”.

“Cada coche tenía un chofer y había un ayudante en el asiento delantero del Peerless. Cárdenas y otro oficial custodiaban a Madero mientras que Pimienta con otro asistente a Pino Suárez”. Al llegar a la prisión de Lecumberri “se ordenó a los prisioneros salir de los carros y fueron muertos por la escolta. Cárdenas fue acusado de ser el principal responsable de la muerte de Madero, y Pimienta de Pino Suárez… La escolta acribilló los carros a balazos como prueba de un ataque (sic)… La autopsia reveló que Madero había muerto a causa de dos tiros que le horadaron la cabeza, y Pino Suárez de tres heridas en la cabeza y de cinco balazos en el cuerpo”. Cárdenas se suicidó en Guatemala en noviembre de 1920. Pimienta fue muerto en 1923 cuando había secundado la rebelión delahuertista.

Emiliano Zapata fue invitado a comer a la hacienda de Chinameca en el estado de Morelos, el 10 de abril de 1919, por el coronel Jesús Guajardo Martínez, de las gentes de Pablo González, a la sazón comisionado por Carranza para la pacificación del estado de Morelos. Zapata cayó en la trampa de quien fingió ser su aliado. Al entrar al inmueble Zapata, junto con su guardia personal fue recibido a balazos provenientes del segundo piso de la hacienda. Guajardo fue fusilado en 1920 por rebelarse al gobierno de Adolfo de la Huerta. Pablo González Garza, el autor intelectual del asesinato de Zapata, permaneció en el exilio de 1920 a 1937. Murió en 1950 en Monterrey.

Venustiano Carranza luchó hasta el final por imponer sucesor en la Presidencia de la República. Su gobierno terminaba en diciembre de 1920 y no dejaba de impulsar al oriundo de Magdalena, Sonora, Ignacio Bonillas a la sazón embajador de su gobierno en Washington. Carranza aseguraba que México debería ponerle un freno al militarismo y no dudó en enfrentar a Obregón y Calles promoviendo a Bonillas. Carranza fue presionado para salir de la Ciudad de México rumbo a Veracruz, donde gobernaba su aliado Adalberto Tejeda. No alcanzó a llegar y fue asesinado en la comunidad rural de Tlaxcalantongo, en la sierra de Puebla, un 20 de mayo de 1920. La muerte de Carranza dio lugar al ascenso del grupo Sonora que impulsó a Adolfo de la Huerta como sucesor por seis meses y posteriormente las presidencias de Obregón y Calles de 1920 a 1928. Rodolfo Herrero, el responsable de la muerte de Carranza fue expulsado del ejército por Lázaro Cárdenas y murió en Monterrey en enero de 1964.

Francisco Villa no imaginó que el día que acudió a Parral a un bautismo le tuvieran preparada una escalada que acabó con su vida. Era el 20 de julio de 1923 y Villa recientemente había hecho declaraciones a un medio de circulación nacional donde decía que, a su juicio, el próximo presidente debería ser el secretario de Hacienda Adolfo de la Huerta y no Plutarco Elías Calles de Gobernación. Sus asesinos encabezados por Jesús Salas Barraza y Melitón Lozoya nunca negaron la cercanía con los jefes del ejército en el gobierno de Álvaro Obregón.

Francisco Serrano aspiró a la Presidencia de la República en 1927 y no dudó en comunicárselo a Obregón y Calles con todo lujo de detalles. Buscó incluso a Obregón en su hacienda del Náinari para avisarle y al mismo tiempo, preguntarle si Obregón tendría interés en buscar la reelección. Obviamente Obregón negó esa posibilidad y Serrano se animó a lanzar su candidatura. Fue convocado a viajar de Cuernavaca a la Ciudad de México en octubre de 1927, junto con trece de sus simpatizantes. Al llegar al poblado de Huitzilac, Morelos, el nuevo jefe de la operación Claudio Fox les ordenó descender de sus vehículos y ahí mismo fueron pasados por las armas. ¿Quién ordenó el asesinato de Serrano y compañía? Los personajes de la época lo estuvieron discutiendo por un buen tiempo, pasando la responsabilidad a Calles y Obregón incluso negando y afirmando en una decisión que involucró a personal del ejército de entonces, que no pudo estar exento de órdenes superiores de quienes entonces mandaban en México.

Serrano y Arnulfo R. Gómez enarbolaron la bandera de la no reelección contra el plan de Álvaro Obregón de reelegirse, para un segundo período presidencial. Gómez fue acusado de conspiración y perseguido hasta Veracruz, donde fue aprehendido en octubre de 1927. Fue sometido a juicio en la misma terminal de ferrocarril y buscó comunicación con el presidente Elías Calles, que se le negó. Fue fusilado en el panteón municipal de Coatepec el 5 de noviembre de 1927.

Con la complacencia del gobierno de Plutarco Elías Calles, el Congreso de la Unión reformó el artículo 83 constitucional en 1927, para permitirle a Álvaro Obregón un nuevo período presidencial. La reelección estaba prohibida, “para el período inmediato” y ese fue el vacío legal que aprovecharon los promotores de la reforma. Fue electo presidente el primer día de julio de 1928 con 1.6 millones de votos, estando en Sonora. Viajaría posteriormente a la Ciudad de México para reunirse con sus partidarios y organizar la agenda de su gobierno, donde incluía prioritariamente la solución del conflicto con la iglesia católica que ya iba para 4 años. Obregón fue asesinado el 17 de julio de ese año por el fanático católico José de León Toral.

La explicación del asesino solitario nunca satisfizo a la opinión pública y las sospechas se desataron dadas las diferencias públicas de Obregón con algunos factores de poder de la época. A saber con Luis N. Morones el poderoso líder de la CROM, una parte del sector militar y diferencias notables con el presidente por problemas políticos diversos. Hasta hoy, y en torno a este asesinato, siguen las dudas sobre si hubo conspiración o solo fue un impulso de Toral.

Dice Pedro Castro: “En su fuero interno, Calles se oponía a la reelección, pero al menos veía como benéfica para sus propios intereses la ampliación del período presidencial de cuatro a seis años”.

66 años después del crimen de Obregón, ahora en 1994, fue Luis Donaldo Colosio —otro sonorense— quien cayó víctima de las balas disparadas por un presunto asesino solitario: Mario Aburto. Al igual que en los tiempos de Obregón, el crimen de Colosio estuvo precedido de rumores, ataques, confusión y un ambiente tenso en torno a los principales actores de la trama.

Lo que en 1928 fue el conflicto entre la iglesia católica y el Estado, 66 años después fue la rebelión indígena de Chiapas. Lo que en tiempos de Obregón era la actitud hostil de Luis N. Morones, secretario de Estado contra Obregón, en 1994 era la resistencia de Manuel Camacho a reconocer a Colosio como candidato. Lo que en 1928 era José de León Toral, un personaje misterioso y fanático, en 1994 Mario Aburto, un personaje misterioso con ciertas similitudes a Toral.

En septiembre de 1994 fue asesinado el coordinador de los Diputados del PRI a la LVII Legislatura y secretario general del CEN del PRI José Francisco Ruiz Massieu. El autor material Daniel Aguilar Treviño fue aprehendido el mismo día. El crimen fue aclarado y quienes lo planearon se encargaron de hacer desaparecer al diputado Manuel Muñoz Rocha, el personaje central vinculado a Raúl Salinas.

De los 10 crímenes señalados en 81 años entre 1913 y 1994, ocho fueron aclarados. En la historia, dos permanecen todavía en el misterio.

De Madero, Pino Suárez, Zapata y Carranza se supo de inmediato. Del crimen de Villa se tardaron un poco más y se terminó de aclarar en la biografía que escribiera Friedrich Katz. De Serrano y Gómez, los actores de la época fueron aportando versiones en entrevistas con abundante información y al paso de los años sobre decisiones, órdenes, diálogos y comisiones que fueron clarificando los crímenes. Los ocho casos aclarados fueron asesinatos fraguados desde el poder. Para eso ha habido —en la historia—, quienes se han decidido a hablar de cada caso en particular. Por eso y con el tiempo, se han ido aclarando y poniendo las cosas en su lugar. La historia también.

Del crimen de Obregón, Calles culpó al clero católico. Los obregonistas culparon a Calles y a Morones. De Colosio se ha hablado por una parte de un “crimen de Estado” y por otra de un “asesino solitario”. Tanto en el caso de Obregón como de Colosio las dudas siguen. Son los únicos casos de los diez narrados, donde todavía permanecen las dudas y sobre todo… el misterio que da lugar a una pregunta obligada: Si los ocho asesinatos aclarados fueron fraguados desde el poder…¿Porque los casos de Obregón y Colosio debieran ser la excepción?

bulmarop@gmail.com

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