Una manera de trascender

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Por Sandra María Pérez Orcí

Varias novelas, y películas muestran al ser humano con capacidades y habilidades superiores a las del hombre común. El súper poder de la invisibilidad, la rapidez, la súper fuerza, la elasticidad, algunos que otros poderes que subliman al ser humano como dioses, capaces de controlar la naturaleza, leer mentes, y ver el futuro. La verdad es que en sí cada uno de nosotros posee capacidades que nos posicionan de una manera superior a la de otros seres vivos, no como dioses, pero con el tacto y la esencia del rastro que deja el haber sido hechos por una mano divina. Éstos que nos hacen destacar y nos otorgan poder, que por el hecho de volverse cotidianos, pierden su extravagancia a los ojos de los hombres. Como por ejemplo el poder de aquella bella lírica con un son que conquista un corazón, el poder expresar toneladas de diferentes sentimientos con pinceladas y trazos finos y delgados, que, con su grosor, su precisión y su fluidez, son capaces de adoptar la lengua humana y hablarnos verdades. El enorme poder que las lenguas tienen para llevar a la raza humana a marchar por las calles del mundo por un mismo sentir, así como marchaban aquellos que buscaban la libertad y la realización de sus sueños con Martin Luther King al frente, así también como marchaban los soldados nazis confiscando la vida de los judíos liderados por Adolfo Hitler. Unos serán buenos poder escribir poemas que quiten el frío de los corazones, o escribir verdades que nos otorguen la posibilidad de conocer una nueva perspectiva del mundo en el que vivimos. Otros tendrán el poder de hablar más de un idioma, y comunicarse por varios lenguajes, otros podrán hablar a las naciones serena y fuertemente con convicción, otros serán capaces de descubrir las buenas nuevas de la ciencia, y llevarnos a vivir nuevas vanguardias en cuanto a las tecnologías y las nuevas maneras de vivir la vida. Otros simplemente tendrán la ocupación de ser padres.

Nos hemos quedado con la insensata idea de que esto se limita al hecho de procrear, pero la verdad es que va mucho más allá de este suceso. Sí, es cierto, es la formación de un ser humano, pero no la conclusión de su existencia.

Los padres son personas como tú y como yo, sólo que obligados a dejar el plano natural en el que nos encontramos para adoptar una vida donde el ser una buena persona ahora no tiene mucha relevancia, y el nuevo límite está pocos metros alejados de la perfección. Son jóvenes que se ven obligados a madurar, a crecer, a ser adultos, pero no cualquier adulto, si no uno capaz de tomar responsabilidad de su vida y aparte de la vida de las pequeñas personas que van completando su hogar. Es impresionante la infinidad de oportunidades que dejan pasar de largo por no ser lo que nosotros, sus hijos, necesitamos, aunque en algún momento de su vida fue su mayor añoranza, porque de tomarlo interferirá de alguna manera o de otra con esta profesión tan complicada.
Son seres imperfectos en toda su totalidad, que tienen que entregar horas de sueño, de trabajo, invertir gigantes cantidades de dinero, y dejar que consumamos la mayoría de las horas que trae cada día. Formamos parte de la mayoría de sus preocupaciones y de sus sueños, también.

Los padres son tan importantes, ya que en sus brazos podemos encontrar el refugio perfecto para descansar cuando de niños nos vemos sofocados por el miedo de la oscuridad de la noche, y de aquel monstruo que yace debajo de nuestra cama. Darnos fuerza y seguridad, cuando de adolescentes carecemos aún de una identidad propia, segura, y de la confianza en que somos especiales. Devolvernos nuestra esencia y nuestra paz, cuando de jóvenes el monstruo decide salir de su escondite de debajo de nuestra cama, y decide acompañarnos a la escuela, al trabajo y a nuestras reuniones, vestido de inseguridad, de miedos, de soledad, y a veces de la peor versión de nosotros mismos. Ellos son los que deciden ensuciarse las manos con nosotros al momento de limpiar los batideros que hacemos, tratando de jugar al mundo de los grandes, al mundo del adulto.

Son los encargados de ser las primeras paredes con las que nos topemos antes de salir por nuestra cuenta y toparnos ahora sí que con murallas.

Es tan admirable y sorprendente para mí el precisar la idea en que el ser padre involucra el tener en tus manos la posibilidad de moldear el carácter de otro ser humano. El ser padre conlleva el ir descubriendo las maravillosas características que hacen de tu hijo alguien único y especial y enseñarle a verlas como virtud cuando el mundo intente convencerlo de que son discapacidades. El ser padre es hacer la tarea de maestro, y tener que enseñar mientras tú vas aprendiendo.

Somos al final de cuentas una mezcla de su pasado y de su futuro, porqué al adquirir aquellas características que solamente pudimos haber heredado de ellos, ellos comparten con nosotros un camino más corto para el uso y el desuso de estas manías y pasiones que conforman nuestra personalidad y nos ayudan a enfocarlo y hacer de ellas un arma poderosa para abrirnos camino y muchas puertas de nuevas oportunidades.

Todos los seres humanos buscamos trascender. Todos buscamos dejar una huella en este mundo, pero nos disponemos a buscar las maneras más complejas y extrañas, curiosamente, y no tomamos en cuenta en que lo mejor que le podemos dejar a este mundo son seres humanos formados con las capacidad y competencias, con los valores y los fundamentos claves para sostener y ayudar a unificar a la sociedad para avanzar como hombres y sobre todo como seres humanos. Personas con vastedad de amor para ser los siguientes en tomar este arduo y complicado trabajo, con la fuerza necesaria para salir adelante y por ende sacar adelante a el mundo que lo rodea cuando esté se esté dando por vencido, con la suficiente motivación y pasión para perseguir los sueños que aún no han sido domados, sin importar cuantos obstáculos se presenten en el camino. Personas con la blandura de corazón para compartir aquello que ni ellos tienen y con el filo de una mente para juzgar lo malo y perseguir siempre el bien común.

Así que joven escucha la instrucción de tu padre y no desprecies la dirección de tu madre, porque adorno de gracia serán a tu cabeza y collares a tu cuello. Recibe la enseñanza, y adquiere sabiduría por ésta, porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas. El hijo sabio alegrará el corazón de los padres. Porque, al fin y al cabo, no fuimos en lo que más gastaron, si no en lo que más invirtieron.

Para mi papá quien mantiene mis ojos sobre las estrellas y mi mamá, quién se asegura de que mis pies estén correctamente plantados en la tierra, donde deben estar, floreciendo cada vez un poco más.

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  1. Ruben Fuentes 19/05/2017 at 12:36 pm

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