Los (necesarios) partidos políticos

Juan J. Sánchez Meza, Recientes No hay comentarios en Los (necesarios) partidos políticos 22

Ya es un lugar común ubicar a “los partidos políticos” (así, en general) entre las instituciones que cuentan con los más altos niveles de descrédito social. No parece faltar la razón a quienes así opinan. La larga historia que nos ofrece a estas agrupaciones ensimismadas en sus intereses más inmediatos; irresponsables observadores de una realidad a la que solo parecen atender cuando se ponen en riesgo sus intereses, ha terminado por descalificarlos ante la opinión pública, que de varias formas ha expresado su desprecio por ellos, al grado de que no resulta exagerado afirmar que hoy día se encuentra colapsado el sistema de partidos en México, vía la concentración de poder en uno solo: Morena.

En parte como reacción a esa realidad, así como a la natural y compleja evolución social de la sociedad mexicana, en los últimos años han surgido innumerables organizaciones de la sociedad civil que desde distintos campos de especialidad -derechos humanos, seguridad pública, transparencia y rendición de cuentas, etc.- pugnan por incidir en las decisiones de gobierno y, a últimas fechas, por constituirse en contrapeso a lo que distintas voces consideran excesos propios del avasallamiento que viene impulsando el régimen encabezado por el presidente López Obrador en los más distintos campos de la actuación pública.

Incluso, el nivel de especialidad, rigor científico y juicio crítico de algunas de estas organizaciones, como México Evalúa, han puesto en serios predicamentos al propio presidente de la República, al desmentir, con los propios datos generados por el aparato público federal, las cuentas alegres a las que es tan afecto el presidente en esa visión color de rosa que le es ya tan conocida.

Sin embargo, creo que a todos consta el nivel de preocupación que priva entre amplios sectores de la sociedad mexicana que vemos la forma en la que prosperan sin obstáculo las más disparatadas decisiones adoptadas desde el Poder Ejecutivo y la forma complaciente y sumisa con las que las aprueba, y facilita su aplicación, el órgano legislativo federal, si bien con leves oposiciones, más en el Senado de la República que en la Cámara de Diputados, dejando entre nosotros la sensación de que el presente y futuro del país se encuentra a merced de la voluntad de un solo hombre, que cómodamente despliega su poder, sin oposición seria al frente.

Lo anterior debe hacernos reflexionar que, más allá de la incidencia de la sociedad civil, organizada a través de todas las formas conocidas e imaginables, son los partidos políticos las únicas instancias para la conformación de contrapesos reales frente al avasallamiento del Ejecutivo y su partido, Morena.

Hace algunos días nos recordaba José Ramón Cossío Díaz, ex Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la forma en que todas las normas de aplicación generalizada en el país dependen de lo que hagan las cámaras de Diputados y Senadores y el presidente de la República, sin perjuicio de que los nombramientos de todo el orden federal se realizan también por ellos, sean los Ministros de la Corte, los Consejeros del Instituto Federal Electoral, los integrantes de los órganos autónomos, y no se diga los secretarios de despacho, así como la totalidad de los directores de la administración paraestatal, descentralizada o desconcentrada.

Siendo así las cosas, y sin perjuicio de alentar y apoyar la participación decidida de la sociedad civil en los más diversos ámbitos de la vida nacional, y sin dejar de reconocer los defectos y limitaciones de los partidos políticos o pretender disculpar sus fallas, más nos vale que reconozcamos en ellos, los que existen o los que sea posible generar en el futuro, la instancia más efectiva para incidir de forma eficaz en las decisiones que hoy y mañana habrán de marcar el destino de México.

 

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