Llegar a viejo y pobre, una pesadilla

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en Llegar a viejo y pobre, una pesadilla 84

Mi inolvidable compañera de LIV Legislatura Cristina Murrieta López, hace unos días me incluyó como depositario de uno de sus envíos en redes. En el describe un nuevo movimiento social de un grupo de voluntarios que trabajan en pro de llevar a los ancianos en pobreza distribuidos por todas partes, un consuelo convertido en donativos de alimentos, vestido y otras necesidades para personas del rango descrito. Cristina es un conjunto de virtudes reunidas en una sola persona. Critica permanente de los malos gobiernos y de quienes abusan del prójimo, defensora a ultranza de las libertades y derechos humanos, activista permanente de causas que conducen al bien común, promotora cultural del arte de la leer y escribir, poetiza y compositora musical. Todo un estuche de monerías es mi admirada y valerosa dama y debo decirlo, es habitante permanente de mis mejores recuerdos de las andanzas políticas que juntos vivimos cual mosqueteros practicantes del todos para uno y uno para todos. Un día políticamente, la diáspora que provocan las oportunidades nos separó de compartir ideales y caminamos en diferentes rumbos pero con un mismo objetivo. Jamás la empatía entre dos seres que saben apreciar el valor de la amistad nos ha alejado, seguimos igual fraternalmente unidos por ese cariño, al que se une el respeto.

Ya ve, sin querer queriendo usted ya me acompaño al homenaje espontaneo al valor de la amistad. Cuando usted sienta ganas de hacer lo mismo con una amistad que vale, invíteme y la acompaño. Les decía del propósito del envío de mi amiga es pedir el apoyo, la colaboración de muchos en esa noble tarea que unió a personas afectas a la caridad y amor al prójimo. A mí, además de recordarme la obligación de solidarizarnos en causas  nobles me dio tema para esta colaboración.

La senectud es quizá la parte más importante de la persona. Los bendecidos de Dios que alcanzamos una edad superior a los 60 años sabemos de lo que hablo. Para entonces algunos alcanzan la dicha de ser abuelos. Si los hijos se aman por sobre todas las cosas, los nietos deben provocar el doble de sensaciones de las que nos despiertan los hijos—no tengo la fortuna aun de ser abuelo—y esas sensaciones son preguntas que nos hacemos cuando ves a la hija, al hijo y piensas en la profundidad de tu silencio, cuán grande es Dios que permite que me vea reflejado en esa persona que lleva mi sangre, que es mitad tú y mitad yo producto del placer con cargo al amor, porque aquel pudo ser momentáneo pero el amor es eterno.

Fue hasta enero de 1943, durante el gobierno de Don Miguel Alemán que se creó el seguro social, para garantizar entre otras cosas seguridad a la clase trabajadora. Las primeras pensiones surgieron diez años después cuando los iniciales afiliados al instituto acumularon las 500 semanas laborables exigidas por la ley de entonces, ley que cambió en 1991. Es apenas una cuarta parte de la población mexicana susceptible de alcanzar este beneficio que garantiza minimamente alimentación y servicios médicos a los que cotizaron por lo menos con sueldos mínimos.  México está llamado a ser un país de adultos mayores en los próximos diez años, hoy apenas si esta población ronda el 23 % del total de habitantes en la república.

La ausencia de una organización laboral efectiva que orientando, recomendara dedicar una parte del sueldo obtenido al pago de seguridad social y obligando a los patrones aunque fueran temporales a este trámite tiene un alto costo para gran parte de la población senil mexicana. Son millones los ancianos que llegaron al zenit de su vida sin más protección que la calidad de hijos que criaron y quieran hacerse cargo de ellos. La federación y los estados han creado diversos programas asistenciales para apoyos a esta parte de la población de extrema vulnerabilidad, con ayudas económicas que dejan ver una buena intención más que un remedio a su necesidad. La creación del seguro popular aunque limitado en su cobertura,  es un gran paso.

Lo que sigue es una acción de justicia. Si en verdad somos un país solidario y subsidiario debemos caminar juntos en la lucha por alcanzar niveles de vida dignos. No es posible que las persones que llegado el momento por edad o por condición física sean declarados incompetentes para la realización de trabajo alguno y por cosas de la vida se desarrolló en la llamada economía informal y nunca estuvo inscrito en ninguna de las instancias de seguridad social, sea condenado a la mendicidad o la dependencia social para subsistir. Son más de lo que usted quisiera quienes llegan a presentar este cuadro, le menciono solo algunos: Albañiles, jornaleros del campo y del mar, trabajadoras domésticas, boleros, pintores, artistas, vendedores ambulantes, comisionistas y hasta profesionistas que ejerciendo su carrera jamás se les ocurrió pensar que los años pasan veloces y nos cobrar la factura por el tiempo vivido. Apenas hace dos meses de la tragedia de Mexicali, en que murieron calcinados 17 ancianos en un asilo rural y ya nadie se acuerda de ellos, ni de las garantías para salvaguardar sus vidas en caso de accidentes como este.

Llegar a viejo (a) en México para muchos es una pesadilla. Lo incierto de un mañana con penurias destruye la dicha de llegar a cierta edad y no tener como subsistir con dignidad los años que falten para emprender la retirada definitiva. Entiendo al legislador que reglamentó ser un derechohabiente de cualquier instituto de seguridad social para alcanzar la gracia de recibir una remuneración económica por sus años de servicio, pero reclamo la parte que concierne al hecho de que todos somos contribuyentes cautivos por el pago de impuestos, particularmente por el consumo de vestido, servicios, bienes y diversiones y a partir de entonces la nación nos debe la parte de la reciprocidad  que nos corresponde.

Siendo nuestra Patria una nación de leyes e instituciones, adolece de marco legal que proteja a los adultos mayores en calidad de vulnerabilidad por su condición física, abandono o incapacidad. La dadiva en programas sociales de gobierno para este rango de la población es más, repito, un acto de caridad que solución al fuerte problema de pobreza y esta si pobreza extrema. La constitución señala un ingreso que sea suficiente para cubrir necesidades primarias de la persona y en ese tenor debiera hacer justicia la revolución a los viejos y viejitas que no llegaron a la edad por casualidad y en el camino de muchas maneras cumplieron en lo posible con sus obligaciones ciudadanas.

Nota: Escribo esta columna el mero día de los abuelos y las redes se encuentran llenas de felicitaciones para muchos que a Dios gracias, subsisten en otra condición social. Lo escribo como reclamo social de quienes ni siquiera alcanzan ser nombrados con el DON que merecen, por los miles de descobijados que al parecer a nadie importa y porque en razón de justicia algo hicieron por la sociedad que ahora ni los ve, ni los oye. Vale 

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