Las fotos, recuerdos de vida

María Emma Freaner Figueroa, Recientes 2 comentarios en Las fotos, recuerdos de vida 44

Rodeada de fotografías que voy sacando de cajas y álbumes tratando de escoger las mejores para empezar a escanearlas, comento: ¡Qué montón de fotos! Y me contesta mi marido: Mejor di ¡Que montón de vida!

Mi archivo de fotografías va contando una historia personal y familiar que comienza con algunas viejas fotos de familia que mi mamá me regaló: Fotos de mis abuelos, de diferentes épocas de la vida de mis padres y sus hermanos. Las primeras fotos de mi infancia siendo apenas un bebé y después con mis hermanitos y primos en cumpleaños y fiestas escolares. Fotos muy pequeñas en blanco y negro, y alguna que otra de mayor tamaño que quizá tomó algún fotógrafo en su paso por el pueblo.

Fotos que el tiempo y va borrando en el papel y en la memoria. Fotos amarillentas que alguna vez fueron a color. Fotos de familiares que ya hace tiempo nos dejaron y que al verlas traen a mi mente momentos felices compartidos en otras épocas.  Fotos de seres queridos que por vivir lejos casi nunca vemos. Fotos que a ratos me alegran y otras veces me llenan de nostalgia y tristeza.

Fotos de lo que fue, de lo que quedó atrás, de momentos y acontecimientos, pedazos de vida que seguirán vivos en mi memoria mientras pueda retenerlos, y que se irán  conmigo porque forman parte de mi caminar por la vida.

En estos días de temperaturas extremas que invitan a quedarse en casa y no hacer nada, me he puesto a sacar los viejos álbumes y las cajas de fotos que fui acumulando durante años y que jamás llegue a guardar adecuadamente. He disfrutado intensamente volviendo a recordar tantos pasajes de mi vida que habían quedado en el olvido.

Mi archivo de fotos va contando una historia personal y familiar. Solo que la historia no está completa porque solo fotografiamos los momentos felices, cuando solos, o reunidos en algún festejo u ocasión especial, tratando siempre de sonreír, damos la impresión de llevar una vida perfecta.

En todos los años que llevo de vida no he visto en ningún álbum el retrato de un familiar fallecido en el momento de ser velado. Tampoco hay fotos de nuestros enfermos graves en los hospitales. Las dificultades y las penas vividas entre foto y foto no están documentadas con imágenes.

Guardo hermosas fotos tomadas cada cinco años en nuestro aniversario de bodas. En ellas se nota el paso del  tiempo, no solo en nuestros rostros, sino en la cantidad de amigos y familiares que nos acompañan, en la edad de nuestros hijos y la aparición de las nueras y nietos que fueron llegando el poco a poco para aumentar nuestra familia.

La historia detrás de esos años queda oculta. En ningún lado se trasluce la lucha constante, vivida día a día para formar a los hijos, acompañándolos hasta la edad adulta primero, y después por mantener la familia unida y en armonía. Tampoco se perciben las desavenencias o desacuerdos que se presentan de cuando en cuando entre los miembros de las familias, en ese proceso de aprender a querernos y aceptarnos como somos. Sin condicionamientos ni reproches, listos para unir fuerzas y apoyar cuando se necesite.

Tampoco se vislumbran las épocas difíciles, las crisis económicas vividas, los tropiezos que sólo unidos se pueden superar. La decepción de ver lo fácil que en la vida se rompen los lazos amistosos y se debilitan los familiares, cuando no coinciden nuestras maneras de pensar y de actuar al llegar el momento de definir el rumbo que queremos dar a nuestra existencia.

Las fotos no cuentan las crisis existenciales que padecemos cuando las realidades de la vida nos mueven el tapete y nos obligan a repensar nuestro destino. Crisis que, más que de vida son de pérdida de fe en nosotros mismos y el mundo que nos rodea, donde casi todo se mueve por intereses y conveniencias. Pérdida de fe ante la incongruencia de nuestros gobiernos y a veces hasta de nuestra iglesia.

Encontré fotos antiguas del grupo de compañeras que desde hace más de treinta años venimos juntándonos, con sus altas y sus bajas, unidas por una gran amistad. De diferentes edades y maneras de pensar, nos unió el interés por la formación de nuestros hijos cuando estos asistían a la primaria del Colegio Regis y hemos seguido acompañándonos, desde madres hasta abuelas, compartiendo experiencias, planes, alegrías y tristezas.  Nos conocemos y nos aceptamos como somos, con nuestras cualidades y defectos como lo hacen las verdaderas amigas.

Y así, poco a poco voy haciendo un balance de mi vida. Repasando las fotos como si fueran hojas de un calendario, pensando en épocas, lugares, viajes, familia, amigos que fueron, compañeras de escuela, de trabajo, de apostolado, etcétera. Mientras las voy separando resuenan en mi mente las palabras que una vez me dijo uno de mis hijos, viendo la cantidad de recuerdos del pasado que yo tenía guardados: “Mamá, ve tirando todas esas cosas porque cuando tú ya no estés, nosotros las vamos a tirar”. Difícil desechar pedazos de vida.

Pero tiene razón, estos recuerdos son míos… Mis hijos guardarán los suyos y después de ellos mis nietos… y así sucesivamente. Sólo espero que la mayor parte sean felices como los míos… y me gustaría pensar que seremos parte de ellos, como mis padres y abuelos forman parte de los míos…

 

2 Comments

  1. Ana ma moreno 07/08/2018 at 3:10 pm

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    • Ana ma moreno 07/08/2018 at 3:16 pm

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