Las candidaturas independientes, el coco de los partidos

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en Las candidaturas independientes, el coco de los partidos 56

Lo de moda en política es hablar de las candidaturas independientes. Este debe de ser un derecho que si bien es cierto requiere de reglas claras, también es cierto que debe ser abierto sin convertir su trámite en una aventura con pocas probabilidades de salir adelante. El Caso de Jaime Rodríguez Calderón “el bronco” en Nuevo León se convirtió ya en un icono en el sistema electoral mexicano. Haberle ganado al PRI, al PAN y PRD, además de la chiquillada no es cualquier cosa; es toda una hazaña y la mejor prueba de que los partidos políticos acabaron con la confianza y el afecto de la ciudadanía.

Una sincera y útil autocritica debieran hacerse todos los militantes que por afinidad de intenciones y principios están afiliados a los actuales institutos políticos. El que se hayan convertido los partidos en territorios dominados por intereses más allá de la política, es el factor importante del alejamiento y la distancia entre sociedad y clase política. No es asunto de uno, ni de dos; es de todos, los ocho que conservan registro gracias a que más del 3% de los electores votaron por ellos en las últimas elecciones.

Fueron mínimas las muestras democráticas que obligadamente debieran sostener los partidos para la elección de los candidatos a los diversos cargos en junio pasado. Cada quien opto por LA forma más cómoda de nombrar a sus candidatos y hubo quien como el Peje en Morena, llegó al grado de ridiculizar la cultura democrática mediante el sorteo en tómbola de las candidaturas. Desde luego que los formatos que imponen candidatos, no crean el compromiso social o mejor dicho, pasan sobre la obligación de estar comprometidos con la sociedad a estarlo con el partido que los cobijó, que no es necesariamente el mismo interés.

Las candidaturas independientes son junto con los partidos políticos las opciones ciudadanas para elegir representantes. De entrada este solo hecho significa un avance, porque la hegemonía de las instituciones políticas se rompe y da paso al derecho individual de ser votado. Si alguien me preguntara cual es mi opción de ciudadano respondería que la primera, la de los partidos políticos; aunque hoy atraviesen su peor crisis de confianza y credibilidad social. La concepción de los partidos esta extraviada, originalmente fueron creados para ser instrumentos creativos de fórmulas, propuestas y estrategias para ofertar mediante sus candidatos, las mejores formas de hacer  gobiernos honestos y eficaces.

Los ideólogos de los partidos brillan por su ausencia, se los merendó  también el gusanito del poder y si alguno queda, por allí vaga en algún cargo público que lo alimenta de aplausos y halagos. La practicidad que la modernidad no exige pero impone, los consumió.  Eso ha debilitado la condición de institutos del saber político que se han convertido en promotores del acontecer del día, en lugar de su objetivo de diseñar las acciones futuras que beneficien a la sociedad. La ideología ha dejado de ser propuesta y en su lugar entre partidos se disputan el discurso ocasional cual si fuera un concurso de oratoria.

Por lo anterior, por las mentiras en campañas, por los engaños en el ejercicio de poder de quienes fueron sus candidatos, por la ausencia de congruencia entre decir y hacer de sus dirigencias, militancia distinguida y quienes ostentan cargos públicos emanados de elecciones populares, los ciudadanos—muchos de ellos—han roto con los partidos políticos y aplauden la llegada de candidaturas independientes.   Sin embargo igual que existen los pros de la presencia de estas candidaturas existen las contras.

Las contras más visibles son las relacionadas, faltaba más, con lo económico, con las fuentes de financiamiento que necesariamente requiere la promoción de estas candidaturas. No es tan simple la toma de decisión, cuesta dinero y bastante. Los partidos políticos gozan de presupuesto oficial que les permite operar con tranquilidad estos pasos. Las personas, cómoda que sea su situación económica, deberán erogar cantidades que afecten su patrimonio familiar. Corremos el riesgo de entregar el poder público a intereses ajenos al de la sociedad o de crear vivales que le arriesguen con la proposición  de “métele para sacarle”.

El gran reto es para los partidos que dejaran de ser, lo repito, dueños de los bates y las pelotas; pero quienes obren de acuerdo con las reglas para lo que fueron creados no deberán preocuparse. México debe dejar de ser campo de experimentación en materia democrática, para convertirse en tierra de libertades y oportunidades.

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