La propiedad del subsuelo en México, Estados Unidos y Canadá.

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En Estados Unidos y en Canadá existe una forma de propiedad del subsuelo basada en el derecho común inglés (common law), mientras que en México la propiedad del subsuelo está basada en el derecho español.

Este trabajo sobre el subsuelo de Norteamérica, se refiere fundamentalmente a la minería, tocando de manera marginal a los hidrocarburos, cuyo análisis intentaré en otro artículo.

Como resultado de la herencia institucional de España y Portugal, hoy en América Latina aún tienen gran influencia las ideas del régimen regalista. El regalismo es el conjunto de teorías y practicas privativo de los reyes de la Europa Occidental medieval, quienes regalaban (de allí la palabra regalía) concesiones para la explotación de las riquezas del subsuelo, riquezas que eran, por gracia divina, propiedad de la corona. En aquel tiempo las riquezas del subsuelo que más interesaban, eran los minerales. Naturalmente, estas regalías eran para los miembros de la nobleza.

Al independizarse de España, el subsuelo de América Latina dejó de pertenecer a la corona y pasó a ser propiedad de las naciones independientes, y éstas, igual que el rey, hicieron suyo el derecho de otorgar concesiones (regalías) para la explotación de las riquezas contenidas en el subsuelo. Desafortunadamente, esto casi siempre ha ocurrido en beneficio de las grandes empresas mineras nacionales e internacionales. Ejidatarios, comuneros, comunidades étnicas y propietarios particulares, permanecen al margen de los beneficios que produce la explotación del subsuelo del predio de su propiedad.

En la práctica, lo que ocurre es lo siguiente: Pensemos en un ejido de unas 15 mil hectáreas de llanuras, lomeríos y serranías (este ejemplo también sirve para ranchos particulares). Un día un minero  ingresa al ejido y se ponen a explorar el terreno con ojo experto y encuentra una veta de oro, hace una excavación que muestre trabajo de inicio de mina y le toma fotografías, dibuja un plano señalando el sitio, se traslada a la oficina de minería más cercana y denuncia, por decir algo, 100 hectáreas, para uso minero, alrededor del sitio que muestran las fotografía. Ya con el título (concesión) en la mano, se dirige a empresas mineras para ofrecerles en venta la mina. Si alguna empresa se muestra interesada, manda a sus técnicos y analizan el terreno, si la calidad del mineral les resulta atractiva hacen una oferta, negocian y compran. El dinero que recibe el minero es solo para él, nada es para el ejido. Lo único que puede hacer el ejido es cobrar por los daños provocados a la superficie del terreno por  la explotación minera, que suelen ser cantidades ridículas, aun en minas a cielo abierto, ya que para calcular el daño se utiliza el valor de la hectárea de agostadero en la región. De esta manera, ejidos, comunidades étnicas y propiedades rurales particulares, han sido despojadas sistemáticamente de sus recursos  en beneficio de las grandes empresas mineras, conduciendo al país hasta esta pésima distribución de la riqueza y a la corrupción, propias del sistema regalista.

En Estados Unidos y Canadá no ocurre esto, ya que en esos países se estableció una forma de propiedad del suelo heredada del sistema jurídico británico. Aunque también allí la propiedad del subsuelo es originalmente de la nación, ésta al vender, donar, regalar o dar en concesión un terreno, lo hace de manera integral, incluyendo el subsuelo, situación que se resume en la siguiente expresión latina: “cujus est solum, ejus est usque ad coelum et ad ínferos” (Aquel a quien le pertenece la superficie de un fundo, también es dueño de todo lo que se encuentra por encima y por debajo de esa superficie, con una extensión indefinida, desde lo más alto –el cielo- hasta las mayores profundidades –los infiernos-). La aplicación de este criterio permitió que en Estados Unidos y Canadá las riquezas del subsuelo fueran propiedad de los individuos dueños del predio superficial. Ello sirvió como aliento a la inversión privada, la toma de riesgo, la obtención de créditos y la innovación tecnológica.

Esta forma de propiedad privada del subsuelo desarrolló la figura de “contrato de arrendamiento”, mediante el cual el propietario del predio contrata con un tercero para perforar el terreno y obtener petróleo o gas o minerales que se encuentren en él, especificándose   en los contratos los términos, condiciones de pago y obligaciones de ambas partes. Esto contribuyó mucho a distribuir mejor la riqueza minera y petrolera en Estados Unidos y Canadá. Miles y miles de rancheros en EU y Canadá obtienen la mayor parte de sus ingresos no del  ganado, sino de los pozos petroleros o minas que operan en sus propiedades, en sociedad con empresas mineras y petroleras. Numerosas reservas indígenas se encuentran en la misma situación.  Este tipo de propiedad del subsuelo fue fundamental para el vigoroso desarrollo económico de Estados Unidos y Canadá.

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