La impunidad en los tiempos de la 4T

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en La impunidad en los tiempos de la 4T 42

Impunidad, del vocablo latino impunitas, es un término que refiere a la falta de castigo. Se conoce como castigo, por otra parte, a la pena que se impone a aquel que ha cometido una falta o un delito. Aunque no es un concepto de uso común, si es una afirmación que en 2018 alcanzó su grado máximo de utilización; a partir del combate que a la misma se ofreció como oferta central en el plan de gobierno que ofreció Andrés Manuel López Obrador; entonces candidato a la presidencia de México.

Junto con la corrupción, la impunidad se convirtió entonces en la posibilidad de ser una más de las políticas públicas necesarias para sanear a la nación del cáncer que la ha invadido. Nadie es ajeno a ese conocimiento general y sería imposible resistirse a no apoyar medidas que se encaminan a este logro, que lamentablemente no se soluciona por decreto. La solución está en hechos sin estridencias que se encierran en la erradicación del mal, en la persecución de los practicantes y quienes lo permiten y no en acciones correctivas que son de alto riesgo para la sociedad en su conjunto, pero que mediáticamente hacen mucho ruido.

Andrés Manuel López Obrador —les juro que no soy enfermizo anti-AMLO, pero como a los círculos, no se le encuentra el lado; salvo que como al espíritu santo, la creencia está en la fe— ha provocado con sus cantadas imposiciones en formas y fondos de su actuar ya como presidente, serios inconvenientes que están causando un daño a la nación, en tal de corregir situaciones que vienen de muchos años atrás y que no son las más correctas. Dejaré por un lado el aeropuerto, ya es tema sino agotado, si fastidiado. Igual a los super delegados que al final ni fueron super y tampoco delegados o la anunciada cancelación de la reforma educativa que va en contra de sus muchachitos del pueblo bueno que en Oaxaca y la región, se dicen ser maestros.

La impunidad se otorga, se concede y a quien le benefició, ni siquiera le queda la lección de no repetir lo que hizo mal y por eso se ganó una sanción, cualquiera que sea y que le aplicaría la autoridad civil de origen constitucional. Igual que en lo jurídico, la jurisprudencia es el conjunto de sentencias judiciales resueltas en un mismo sentido; en la vida diaria, los actos reprobables pero permitidos, se vuelven costumbre.

Con impunidad, por ejemplo, las casetas de cobro en la cuatro carriles en nuestro estado están tomadas desde el mes de septiembre de 2018. Impunemente también quienes lideran este movimiento reciben a diario donativos de automovilistas y choferes que los premian por liberar una ruta que se supone esta pagada con nuestros impuestos.  La presencia de gobierno no necesariamente significa ejercicio de autoridad. No hay autoridad alguna que pongo limites a los atropellos que como en este caso, ocurren por civiles insurrectos que dañan las arcas nacionales. Por otra parte, creo que todos estaríamos de acuerdo en que desaparecieran estas casetas o por lo menos, reducir significativamente sus cuotas.

Con Impunidad desde hace tres semanas, maestros de Michoacán tienen bloqueadas las vías del ferrocarril de importante ramal que introduce al centro del país, los grandes volúmenes de productos varios que llegan por mar de diversos puntos de los cinco continentes igual salen por el otros que exportamos. Las perdidas declaradas por las diversas cámaras en que se agrupan empresarios afectados son inmensas y en su caída ocasionan afectaciones irrecuperables en fuentes de empleos y perecederos tirados a la basura.

El Pueblo es bueno, afirma constantemente AMLO en sus mañaneros cantares y sus buenos propósitos de no atender violencia con violencia y ciertamente los hijos, el pueblo deben ser buenos por naturaleza, aunque nuestra realidad por siglos y siglos han demostrado que la condición humana es variable. Tan es así que nuestros antepasados, rompiendo con esta primicia, crearon las primeras leyes que determinara cuando los comportamientos no son correctos y deben sancionarse.

Andrés Manuel López Obrador, se asume como un pastor bueno que nos quiere llevar al paraíso, pero bien valdría la pena que alguien de sus cercanos le recuerden que no lo es; que es un presidente de todos los mexicanos que esta para brindar seguridad, paz, empleo, trato igualitario, respeto de credos políticos y religiosos y tantas cosas que solo con leyes que regulan las acciones a emprender, serán posibles y que las tenemos; faltaría aplicarlas para ser lo más cercano a lo justo.

Filosofías éticas, catálogos de conductas y cartillas morales son parte de una educación familiar que determina conductas, aun rompiendo libertades. En la práctica de convivencia ordenada de la sociedad organizada, si la creación de leyes tuviese el objetivo de ajustarse y cumplir una sola visión de lo moral, haríamos todo menos democracia.

Finalmente, me voy a referir al caso más reciente de impunidad, ausencia de autoridad y contradicción del pueblo bueno.  Hasta donde estas líneas fueron escritas había ya 98 muertos y 42 hospitalizados en calidad de graves y por lo menos 65 desaparecidos. En el municipio de Tlahuelilpan, Hidalgo, en una tragedia que ha dado la vuelta al mundo, previo a la explosión que sucedió después de 4 horas de escurrimientos de combustible, policías y militares no fueron capaces por su limitada presencia de convencer a más de 600 pobladores del municipio, que, bañados en el carburante y cargando bidones y otros envases de plástico, trataban de recuperar lo más posible de la gasolina de alto octanaje que escapaba de unos de los ductos que por ese municipio pasa y que fue perforado por manos; hasta ahora no identificadas con el fin obvio de robar el producto.

Policías y militares en estos casos actúan bajo protocolos de seguridad establecidos. Al parecer en esta ocasión los ignoraron, repito, por la enorme diferencia entre ellos y los civiles y hay que decirlo, por la ausencia de sus mandos superiores a sabiendas de que como en la ley física; a toda acción corresponde una reacción. La única forma de controlar a quienes huachicoleban, seria con la fuerza pública, que es por naturaleza violenta por necesidad. Los culpables, no debemos ir lejos por la respuesta, son aquellos, estos y esos, y las consecuencias son las y los muertos, desaparecidos y hospitalizados.

Tratar de derivar la atención prejuzgando a la limitada fuerza pública es solamente un mal destino con propósitos hostiles. En todo caso sus mandos, incluyendo al presidente de la república, deberán responder por sus tácticas fallidas para la atención de un asunto de seguridad nacional, tratado más con caprichos personales que con formas cercanas a las técnicas apropiadas.

Con ilegalidad de cuello blanco, el presidente manda a tres distinguidos miembros de su gabinete, a comprar pipas para el acarreo de gasolina. Los eficaces mandaderos hacen una modesta compra de más de 500 mastodontes con millonaria inversión no presupuestada, menos licitada y peor, sin cumplir con ninguna de las reglas impuestas por la ley de adquisiciones que se supone deben regir estas gigantescas compras. Esto es también impunidad.

También, en calidad de presidente todo terreno, en su papel de “te cumplo” se lanza a la contratación de operadores de pipas para acarreo de combustibles con salarios superiores, por ejemplo, a médicos del IMSS que, en algunos memes salían —los médicos— corriendo a entregar documentación requerida y mire usted, ¡al ejército nacional!

 

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top