La guerra contra la censura

Recientes No hay comentarios en La guerra contra la censura 24

Cuando se presenta un problema político y el partido en el gobierno le impone una censura al periodista, esto hace que se condicione la opinión de la gente y la censura convierte a la democracia en una autocracia.

 En tal caso, el periodista debe seguir informando lo que pueda, advirtiendo a sus oyentes o lectores sobre la traba existente, porque alguna información es mejor que ninguna. Pero hay casos en que la censura apunta a suministrar falsa información, es decir, a desinformar. En tal caso, servirle de vehículo es un acto de complicidad.

En el campo de la actual guerra de occidente contra el régimen sirio de Bashar Al Asad, el pueblo se encuentra hoy ante un dilema difícil de resolver. Es complejo entender el conflicto en gran medida, porque en él se conjugan múltiples factores y enemigos (externos e internos) y otros propios de su Estado.

En ocasiones el peor enemigo se encuentra dentro, y en múltiples ocasiones los periodistas se enfrentan a la censura. Si están en la misma cueva del dictador pueden convertirse en  buenos informadores o desinformadores. ¿Héroes o traidores?

Si el periodista advierte en sus mensajes que ellos están pasando por los censores del dictador, ¿No se está prestando el periodista a una campaña de desinformación?

Algunos analistas políticos defienden a los periodistas que informan con censura, convencidos de la madurez del público occidental, es decir, si yo te hablo desde un lugar donde sabes que un revolver apunta con su cañón a mi espalda, ¿No interpretarás acaso mi llamada como un mensaje en clave?

Prefiero pensar que en estos casos se ilustra con fuerza dramática hasta dónde está dispuesto a llegar el periodismo en su lucha contra la censura política. Si alguien envía  mensajes entrecortados porque lo están ahogando, confía en la madurez del receptor.

Pero si no creyéramos en la madurez del receptor que recibe los mensajes, ¿De qué valdría la democracia?, Cuando hacemos lo imposible por darle a la gente mensajes aunque sean cifrados, estamos también confiando en su capacidad de descifrarlos.

Todo aquel que se oponga a que los mensajes lleguen al pueblo, no lo trata como una persona madura sino como un menor de edad. Y ya se sabe: los menores no son libres. Necesitan tutores.

Author

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top