La corrupción es todo un vendaval

Jorge Murillo Chísem, Recientes No hay comentarios en La corrupción es todo un vendaval 17

Conforme pasan los días y analizamos los hechos vergonzosos que la prensa, radio y televisión difunden día con día los resultados ya maduros, corroboramos una vez más que en nuestro país la corrupción pasó a formar parte del paisaje cotidiano ante la mirada indiferente o resignada de la mayoría de sus ciudadanos.

¿Por qué hemos llegado a estos extremos? ¿Es que así nos han educado nuestros padres y maestros?

Es difícil aceptar que la corrupción esté desarrollándose como parte de nuestra cultura contemporánea. Pero de lo que sí se puede estar seguro –estimado lector- es que día a día este problema amenaza gravemente la economía y la legitimidad de nuestra débil democracia.

¿Cómo pretendemos realizar las próximas elecciones estatales y nacionales?

Le voy a recordar a usted los tipos de corrupción que vemos y vivimos con demasiada frecuencia desde hace muchos años. Por supuesto el problema es más frecuente en los servidores públicos, y no nos vamos a poner “La Túnica del dominico italiano Savonarola” para fustigar sin piedad estos hechos, porque muchas veces somos cómplices por nuestra tolerancia, indiferencia o resignación.

La extorción: cuando vemos que el servidor público aprovechándose de su autoridad y bajo la amenaza sutil o directa, obliga al usuario a entregarle también directa o indirectamente, una recompensa. El tan conocido soborno (mordida): cuando el ciudadano o una empresa, entrega directa o indirectamente a un servidor público, determinada cantidad de dinero con el propósito de que obtenga una respuesta favorable a un trámite o solicitud.

El peculado: es decir, la apropiación ilegal de los bienes por parte del mal servidor público que los administra.

Por supuesto, usted y yo nos hemos enterado de las colusiones: es decir, de esas asociaciones delictivas que realizan algunos servidores públicos con los contratistas, proveedores y arrendadores, con el propósito de obtener recursos y beneficios ilícitos a través de concursos amañados o sin realizar estas, a pesar de que así lo indique la ley.

El fraude: cuando nos enteramos de que algunos servidores públicos venden o hacen uso ilegal de bienes del gobierno que les hemos confiado para su administración.

Y pudiéramos seguir señalando muchas faltas a la ética cuando nos enteramos de que algunos malos servidores públicos no cumplen con los valores de su institución, es decir, cuando no conducen sus actos con honestidad, responsabilidad, profesionalismo y espíritu de servicio.

Pero seamos optimistas ante este sombrío destino de nuestro país: después de décadas de flagrante corrupción, tolerancia y cinismo, ¿Acaso ya tenemos cambios positivos en Sonora (no hay mal que por bien no venga) o vendrán hasta el 2021, líderes que inicien una cruzada de rigorismo moral? Porque cuando este vendaval de corrupción, en su expansión constante, deja de ser vista como un quiste y pasa a ser vista como un tumor maligno, la consigna es extirpar.

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