La ciencia de los inicios de la 4T

Ramón Pacheco Aguilar, Recientes No hay comentarios en La ciencia de los inicios de la 4T 45

En la vorágine de estos meses iniciales de gobierno de la autoproclamada 4T, colmada de aciertos y desaciertos, de consecuencias e inconsecuencias, de promesas y desencantos, de preguntas sin respuestas y de decisiones, algunas de ellas, sin lógica alguna, la ciencia y el “vasto universo” que en torno a ella se desarrolla y desenvuelve no podían transitar y permanecer ilesos.

El mundo de la academia y en especial el de la investigación científica, creyó, en algún momento de una inicial, animosa pero imprecisa meditación política, que un escenario nuevo y prometedor se aproximaba con el arribo de la nueva sigla partidaria. Creo que teníamos otros datos. Todo cambio ciertamente, o está en proceso de serlo, mas no necesariamente para bien. Los cambios implementados derivados dedecisiones jerárquicas dentro del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), no terminan por cuajar, como coloquialmente se dice, después del gran tropiezo inicial por el nombramiento de funcionarioscarentes de todo perfil para los puestos asignados. Aun hoy, siento que la nueva dirección general de CONACYT no acaba por consolidarse ni dentro de la estructura de gobierno y mucho menos ante la comunidad científica. Como en el caso de la presidencia de la república y su relación con los mexicanos, esta dirección general está polarizando a la comunidad científica nacional. Esto no es bueno para nuestra ciencia y menos para nuestro país.

Muchas de las acciones implementadas han resultado ser tan absurdas que tuvieron una corta vida; sin embargo, aunque se rectificó, lo cual es válido reconocer, ello siembra desconfianza en lo que se pretende hacer. Lo anterior nos lleva a dudar sobre los obligados y necesarios consensos en las esferas de poder y decisión, capaces de definir con claridad y validez una política pública federal respecto al rol de la ciencia en México. Imposible creerlo, tan imposible como tratar de leer la “Divina Comedia” en un día, cuando quien debería ser por principio el defensor e impulsor de la ciencia y esa política pública, refiriéndome con ello al propio Presidente de la República, se exprese sobre los científicos mexicanos y su actividad científica de una forma peyorativa e insultante. Una sociedad, y menos una economía basada en el conocimiento, no pueden sustentarse bajo esta premisa del insulto y la desconfianza.

Si rectificar es de sabios, esta virtud debiera “divisarse” en el cuerpo gobernante. Este País, sumido en una pobreza ancestral que se vislumbra eterna por lo que estamos viendo, necesita de sus científicos y de su ciencia. Pero para ello, se necesita de un gobierno, más bien de un Estado, que este convencido que ciencia es futuro, progreso, bienestar, prosperidad, independencia, soberanía. Creíamos que así sería con éste tan esperado cambio. Desafortunadamente, reitero, teníamos otros datos.

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