Kant en la Roma

Joaquín Robles Linares, Recientes No hay comentarios en Kant en la Roma 29

En elevados escalones que dan acceso a la casona de elegante y refinado estilo, se han lanzado  todo tipo de declaraciones, presentaciones, ruedas de prensa, aseveraciones, defensas y evasiones, como  la última representación del sesentero y trasnochado “amor y paz”.

Los peldaños  de la casona, han sido por ahora la tribuna donde López Obrador le ha hablado al pueblo,  el elevado mirador desde el cual ha esbozado lo que será su presidencia. El mandato de un verbo insistente y notorio,  voz que reclama una atención permanente, a pesar de que faltan cuatro largos meses para que tome posesión, ante esto, el sector más favorecido del nuevo estilo  ha sido nuestra prensa.

Acude presurosa y sale con la nota, de ahí a los diferentes  medios, después con regocijo y suficiencia comienza la tolvanera a la  que nos está acostumbrando, el remolino informativo instantáneo y mediático que se forma, que nunca acaba, como aquella tormenta eterna dibujada en la superficie de Júpiter.

Sus detractores salen presurosos a desmenuzar y oponer argumentos sobre lo que acaba de declarar,  sus defensores a ultranza de inmediato aplauden toda argumentación, idea o nombramiento, independientemente que alguno de estos  sean nefastos y polémicos, que tristemente contradigan en los hechos lo que se prometió, por lo menos en los últimos 12 años de su muy larga campaña.

En contraste, el gobierno en funciones bajó el telón, desde los camerinos del teatro político nacional empiezan a despedirse, en silencio y sin declaraciones, no hay aquellas actividades del frenesí de cierre sexenal,  al contrario, los medios los mandan a las páginas interiores y no aparece nada relevante desde los primero días de julio.

Los contrastes son evidentes, uno en la cresta de la ola sin parar de declarar y recentándonos todo tipo de proyectos, los otros en silencio y apagando  reflectores, abandonado el escenario con la dolorosa derrota sobre la espalda, callados, avergonzados.

Mientras los otros enmudecen, López obrador sale a la escalinata con una nueva  propuesta que da mucho que pensar, la redacción de una Constitución Moral.

Si algo he aprendido con los años como observador de la historia política, es el riesgo que entraña  que dirigente argumente la moral como guía, conducta y propósito de un proyecto político, seguramente habrá preocupación, bajo este supuesto nebuloso y discutible, que con el ciclo político se convierte en un imperativo,   se han cometido infinidad de atropellos e injusticias.

Habría primero que definir que entiende López Obrador por  moral, quizá lo que él piensa sobre cómo hacer gobierno no necesariamente es moral, ¿Será moral qué unos paguen sus cuentas de forma responsable y otros no?, ¿Será moral resucitar un personaje como Bartlett, que tiene acusaciones muy serias en función de su conducta?.

¿Será moral nombrar a gente sin ninguna experiencia ni trayectoria en el campo del petróleo o la energía?, ¿Será moral condenar a miles de burócratas a cambiar de residencia sin siquiera estudiar a fondo las consecuencias económicas y sociales?

Desde la escalinata de la casona, López Obrador dibuja verbalmente una presidencia más allá de sus atribuciones, pareciera que desde esos pocos escalones se accede no a un templete presidencial, sino a un  púlpito. Creo que López obrador lo eligieron para tomar decisiones y conducir un país, no para dar clases de moral y menos imponerla.

 

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