Iguales

Joaquín Robles Linares, Recientes No hay comentarios en Iguales 27

La herramienta del relato es extraordinaria, la narración se convierte en un poderoso instrumento para retratar aspiraciones, anhelos, frustraciones  y todo lo que tenga que ver con la forma de conducirse ante la vida de los seres humanos.

La novela ha sido el gran triunfo de la imaginación, y esta se nutre de la observación y reflexión del que la construye, el escritor. Hace ya algunos  años, por una recomendación materna leí La buena tierra, de Pearl S. Buck (1892-1973).

La novela narra el paso de las generaciones en una familia de chinos, sus tribulaciones, tristezas, limitaciones y  detrás de una descripción impecable, el titánico esfuerzo por progresar; la narración se enmarca en la China prerrevolucionaria, rural, pobre, llena de atavismos y conflictos sociales.

Cabe aclarar que Pearl S. Buck vivió 40 años en el país asiático, desde niña observó y conoció de cerca el desarrollo de la sociedad oriental y sus familias,  la aguda mirada de una escritora perspicaz nos introduce dentro del día a día de una familia muy pobre, ligada a la tierra y al peso descomunal de las tradiciones.

Recuerdo con asombro  la similitud de las formas de actuar de los personajes chinos con los nuestros; mexicanos y chinos separados por religión, cultura, idioma y un nutrido componente de elementos que nos hacen suponer distintos, sin embargo, al transitar por la vida el comportamiento es el mismo, la geografía a fin de cuentas no incide en lo central, somos iguales.

Al personaje de la novela con el tiempo le sonríe a la fortuna, deja su condición de pobreza e incluso se convierte en un próspero terrateniente. Paradójicamente, empieza por imitar a los antiguos señores acaudalados y poderosos, aquellos que en el pasado había criticado ferozmente y en algunos casos detestado, la condición humana emerge y el personaje de la narración se convierte en aquel ser que tanto despreció.

En México empieza a suceder lo mismo, todo lo criticado y aborrecido por aquellos que durante décadas apostaron a que eran diferentes, comienzan a comportarse como el personaje del relato, figuras que hacen exactamente lo mismo que aquellos que tanto criticaron y rechazaron.

A diario va asomándose lo que muchos de nosotros ya sabíamos, detrás de un discurso incendiario, la mayoría de las veces se encubre la demagogia y la simulación. Así como el personaje de la novela que se traiciona a sí mismo, sin importarle las consecuencias, sin medir el daño que le hace a su familia y a su historia personal.

Sería grandioso que los miembros de la actual clase política mayoritaria, que arribó al poder después de una elección ejemplar, y donde las instituciones que tanto despreciaron y denostaron les dieron un triunfo inobjetable, leyeran un poco más, y particularmente las grandes novelas de experimentados escritores, que siempre ven mucho más lejos de lo que nosotros advertimos.

Pearl S. Buck recibió  el premio Nobel de literatura en 1938, en años aciagos para la humanidad, se convertiría en una de las pocas mujeres en recibir el Nobel; al año siguiente comenzaría la Segunda Guerra Mundial; en 1949 se instalaba en China el régimen de Mao Zedong, que instauraría la República Popular China e intentará borrar todo el pasado costumbrista de la sociedad china sin lograrlo; en un pueblo las tradiciones pesan más que el discurso y la voluntad de un gobernante.

“Estar contento con poco, es difícil; con mucho, imposible.”
Pearl S. Buck.

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