Guaymas en la historia de la minería sonorense

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GUAYMAS EN LA HISTORIA DE LA MINERÍA SONORENSE

Por: Jorge Murillo Chísem

Recuerdo que en 1961 el director del Colegio Regis aquí en Hermosillo era el destacado historiador y maestro lasallista, Bernardo Zepeda Sahagún, quien pronto se interesó en el pasado sonorense y publico el libro “Sonora en tus Manos” para sus alumnos de cuarto año de primaria.

En una de las primeras páginas, al explicar el origen de la palabra Sonora, entre varias hipótesis, indicaba que pudiera deberse a la “sonoridad de sus metales”, por su notable riqueza minera.

Efectivamente, nuestro Estado es rico en cobre, plata y oro, entre otros metales, ocupando su producción en la actualidad los primeros lugares a nivel nacional. Pero esto también lo supieron las naciones imperialistas que codiciaron su territorio en el siglo XIX, enviando a numerosos filibusteros. Prueba de ello son las célebres batallas que hicieron heroicas las ciudades de Guaymas y Caborca en 1854 y 1857 respectivamente.

El cobre fue uno de los primeros metales que interesó a los empresarios mineros, por su abundancia y demanda en el mercado del bronce y del latón. Así también las abundantes minas de plata hicieron que el gobernador general Ignacio Pesqueira, creara las Casas de Monedas de Alamos y Hermosillo a mediados del siglo XIX.

De Santa Rosalía, Baja California, llegó en una ocasión al puerto de Guaymas el señor José R. Villavicencio, propietario del rancho Santa Agueda, y traía consigo algunas muestras de “boleos” con alto contenido de cobre, llamadas así por la forma esférica de presentarse el mineral. El señor Villavicencio logró interesar a los señores Julio Muller y G. Blumhardt, residentes alemanes en el puerto y le pagaron, según documentos, $ 16.00 pesos por los derechos de explotación.

Para el año de 1874 estos señores hicieron llegar el primer cargamento a Europa consistente en seis mil toneladas de este mineral que fueron valuadas en $480,000.00 pesos.

Lo pintoresco de la actividad minera del cobre de Santa Rosalía, fue la llegada desde el puerto de Hamburgo, Alemania, de las grandes barcas que con sus velas desplegadas en cuatro poderosos mástiles, navegaban rodeando el Continente Americano por el Cabo de Hornos hasta llegar a Santa Rosalía donde dejaban el carbón de coke y posteriormente cruzaban el Golfo de California para llegar al Puerto de Guaymas con sus espaciosas bodegas repletas de artículos de las más delicadas manufacturas, tales como: vajillas de cristal, de loza o porcelana; utensilios de cocina, con esmalte o sin él; cuchillería. Lino inglés cargado de Liverpool, vinos de Burdeos, coñac y champaña de la viuda “Clicquot” (famosa Champagne de la señora Barbe Nicole de Clicquot) , recogidos en el puerto El Havre; carnes y mariscos de conserva, ladrillo refractario y cemento inglés.

Todo esto para el disfrute y aprovechamiento de los sonorenses de aquellos tiempos.

(Si usted desea más información, le recomiendo la lectura del libro de Huycke, H.D., titulado: “To Santa Rosalía Further and Back”).

Una vez vaciadas las bodegas con mercancías europeas en Guaymas, se disponían a cargarlas con el concentrado de cobre en Santa Rosalía, para regresar nuevamente al viejo continente.

Esta conocida mina de cobre de Santa Rosalía se le conoció con el nombre francés de “La Compagnie du Boleo” o Mina del Boleo, por sus accionistas galos que compraron los derechos de explotación.

El cobre es el metal que ha acompañado al ser humano en su desarrollo desde que abandonó la edad de la piedra. Este metal también sufrió transformaciones en su uso a partir del siglo XVIII, especialmente, en la llamada segunda revolución industrial con el invento del generador eléctrico que abrió para este metal grandes perspectivas de uso.

Más tarde, el invento de la máquina a vapor revolucionó el mundo industrial y el consumo de cobre, ya que se utilizó en múltiples aplicaciones, como la armónica de latón (Alemania), las hélices propulsoras de los barcos que eran de bronce (Inglaterra), el primer cable telegráfico submarino entre Dover y Calais, el dínamo eléctrico con bobina de cobre (Alemania) y el teléfono en Estados Unidos, que permitió la transmisión de voz por cables de cobre. A fines del siglo XIX, con la segunda revolución industrial, comienza la masificación de las aplicaciones del cobre: primero se inventó el generador eléctrico en el cual se requería cables de cobre para la transmisión y luego, el invento de la ampolleta eléctrica aumentó el consumo de cobre ya que la electricidad era conducida por cables de este metal.

La aparición de diversas nuevas tecnologías, como el descubrimiento de la dinamo por Werner von Siemens en el 1866, y la producción económica de corriente eléctrica en grandes cantidades, elevó todavía más las demandas de cobre por parte de la industria y de artesanos. En el año 1866 se generaron unas 100.000 Tm de cobre, cien años más tarde (1976) fueron 7.854.100 Tm y en el 2006 se produjeron hasta 12.000.000 Tm de cobre.

Los grandes veleros tuvieron que quedarse en los puerto de Guaymas y Santa Rosalía en 1914, al recibir órdenes sus capitanes de concentrarse hasta terminar la Guerra Mundial.

Algunos de sus jóvenes marinos alemanes se quedaron a vivir en Sonora, según el recordado historiador sonorense Claudio Dabdoub Sicre,  y formaron con el tiempo muy conocidas familias: Hugo Schwarzbeck del velero Reinbek; Karl Wetzel y Hans Lawrenz del Thielbek.

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