Geografía del atraso

Jean Meyer, Recientes No hay comentarios en Geografía del atraso 26

En 1953, al final de la guerra, Corea figuraba entre los países más pobres del mundo, más que Guatemala y muchísimo más que México. Hoy Corea del Sur −no hablo de Corea del Norte que es un caso tétrico− figura entre los países más desarrollados, productivos y ricos. Guatemala sigue siendo muy pobre y México no ha podido sacar de la pobreza gran parte de su población. Sin embargo tanto México como Corea del Sur empezaron a desarrollarse sobre la base de las industrias maquiladoras; la diferencia viene del hecho siguiente: Corea invirtió masivamente en la educación de calidad para todos, de manera piramidal, empezando por la escuela primaria. Mientras tanto descuidamos nuestra educación al invertir las prioridades: nuestro sistema universitario tendrá defectos pero funciona; secundaria y preparatoria dejan mucho que desear pero no son catastróficas. El desastre se encuentra a la base porque hace muchos años, por razones de baja política, el Estado abandonó la escuela primaria al sindicato único, a cambio de un control político electoral favorable.

Las maestras y los maestros de la República Restaurada y del Porfiriato, los de los años vasconcelistas, tanto los de la escuela pública como los de la escuela privada fueron educadores de primera; hubieran merecido el apodo que se ganaron sus colegas franceses de la época, “los húsares negros de la República”, negros porque lucían una bata negra. Eso explica que hasta su desaparición (por la edad) en los años 1950, la escuela primaria haya conservado un buen nivel en México y que haya recibido las alabanzas de la UNESCO. Hoy en día, todas las evaluaciones nacionales e internacionales son motivo de desolación.

Una reforma era inevitable. Es inevitable. Sin embargo muchos maestros, por su reclutamiento mismo, hecho sobre el cual es inútil insistir, no son verdaderos maestros y, por lo tanto, se oponen y se opondrán a cualquier reforma por modesta que sea. La permanencia de la maquinaria sindical tampoco ayudará a la reforma, porque su peso político asusta a varios gobernadores que se niegan a “adaptar la letra pequeña de la ley a sus normativas locales”. Es el caso de los Estados de Baja California, Chiapas, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Sonora y Zacatecas, algunos de los Estados más pobres de la república. No quieren tocar las condiciones laborales (reclutamiento, promoción y salida) y mucho menos implantar la evaluación de los maestros, porque estos últimos rechazan la reforma. Para sabotear el concurso que implantaría la reforma a la hora del reclutamiento, concurso basado en las capacidades pedagógicas y en el conocimiento de las materias, los dirigentes sindicales y los gobernadores han nombrado miles de maestros, sin concurso. “Elemental, mi querido Watson”. Seis mil en Oaxaca, uno de nuestros Estados más pobres.

Es precisamente en las regiones más pobres del país, las que no ofrecen ni trabajo ni perspectivas, las que expulsan su juventud hacia las grandes ciudades y los Estados Unidos, que se encuentran los maestros más radicalmente opuestos a la reforma, los que, queriéndolo o no, consciente o inconscientemente, obstaculizan cualquier forma de progreso y encierran a su gente en el atraso, el subdesarrollo, la pobreza. Así se arma un círculo vicioso. Los Estados que tienen el mejor nivel de educación primaria, el menos peor dice el pesimista, son los que tienen el mejor nivel de vida y mayor actividad económica. Es precisamente en los Estados más pobres que los maestros no han permitido la realización del censo educacional. Sabemos que en dichos Estados se encuentran, proporcionalmente, el mayor número de escuelas ficticias y de “aviadores”. ¡Qué tristeza!

jean.meyer@cide.edu

Author

Leave a comment

©2012 Casa de las Ideas, Derechos reservados. l Sitio desarrollado por: Freaner Creatives

Search

Back to Top