Fox, Calderón y Padrés

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La Nota (Julio Hernández / Astillero / La Jornada / Viernes 20 de junio, 2014): “Por su parte, el gobernador de Sonora, el panista Guillermo Padrés, quien ha cubierto su tramo de mando con disparates al por mayor, hizo que se borrara parte del mural que en el palacio de gobierno pintó Teresa Morán en los 80. Fuera quedaron, según información del periodista Carlos Moncada, las escenas dedicadas a ‘‘la vida y teogonía de los yaquis’’ y en las que se evocaban ‘‘las páginas históricas más brillantes contra los filibusteros y la intervención francesa, pues los albañiles tendieron capas de enjarre y las pinturas desaparecieron’’. El mandatario, quien dejará el cargo el año entrante, pretende ahora que en ese espacio ‘‘recuperado’’ se inserten retratos de Vicente Fox, Felipe Calderón y el suyo propio, ‘‘acompañado de su pueblo’’, además de referencias a sus obras ‘‘cumbre’’, como ‘‘el acueducto El Novillo, el estadio de beisbol y algún puente elevado’’ (http://bit.ly/1nlM4sC ). El Centro INAH de Sonora está ‘‘analizando’’ el proyecto de mantenimiento de los murales de ese edificio histórico en Hermosillo”.

El Comentario:

Pues nada, amigo lector, que las estupideces se siguen poniendo a peso en el gobierno de Padrés, o sea cada día más baratas, en la agonía de un deplorable sexenio de gobierno que, al concluir nos va a dejar postrados, bien madreados, saqueados, noqueados en la lona de cara a las lámparas y viendo estrellitas… precisamente las seis que adornan  el ridículo escudo del “nuevo sonora”. Una de las atrocidades más resonantes es sin duda la cometida recientemente con los murales del Palacio de Gobierno, y que se ha convertido en uno de los temas más candentes en los días recientes.

Y no es para menos, porque se trata de la destrucción parcial e irremediable de una parte de los murales que adornan la zona de las escalinatas del vetusto inmueble, autoría de los muralistas Teresa Morán y Enrique Estrada, en una primera etapa que data de la primera parte de ellos de los años 80 del siglo pasado, y del desaparecido y bien recordado Héctor Martínez Arteche la segunda etapa. El daño ya está hecho, y por más que digan los que quieren minimizar la dimensión del trágico disparate cometido por Guillermo Padrés y sus acólitos, se trata de un acto tan absoluta y completamente reprobable que no tiene parangón en los anales de nuestro estado.

Una de las características negativas más visibles del panismo es su propensión a destruir todo aquello que no entiende, y el arte, la cultura y la historia son cosas que quedan por completo fuera de la comprensión de estos salvajes ignorantes. Como ejemplo clásico recordemos la mutilación del águila nacional apenas al arrancar el sexenio de Vicente Fox. Ha habido otros casos igualmente reveladores, pero no tiene caso dedicar más espacio a enumerarlos. Los hechos hablan, y aquí en Sonora se acaba de dar uno de los más dolorosos.

La conciencia del gremio cultural de nuestro estado apenas empieza a dar signos de vida, y es predecible que haya una nueva tormenta en ciernes sobre la cabeza de Guillermo Padrés, responsable de todo lo que hace su gobierno.

Esto por un lado, porque hay otra estupidez que no tarda en mostrar sus devastadores efectos sobre este gobierno de desatinos y despropósitos. Me refiero a las órdenes de aprehensión dictadas por el ínclito Carlos Navarro Sugich, de la PGE (que desde luego, no se manda solo), en contra de Tomás Rojo y Mario Luna, voceros de la etnia Yaqui. Un asunto sacado de los archivos para tratar de dar respuesta parcial a la escandalera generada por la enorme complejidad de los conflictos que ya rebasan toda medida y toda proporción. Se les ocurrió que aprehendiendo a ambos voceros de la tribu van a cambiar, al menos parcialmente, la deplorable imagen que tiene el gobierno entre los sonorenses. Lo más probable es que se hayan echado encima un nuevo alacranero.

Se confirma pues la innegable vocación que tiene Guillermo Padrés por crear desastres, y luego tratar de resolverlos creando desastres mayores. Será tal vez por eso que estamos nosotros como estamos, y a ellos les está yendo como les está yendo.

Pero más allá de los efectos desastrosos de esta constante metedera de pata, está el panorama que trasciende el inminente término del actual sexenio. Falta ver y saber qué vamos a hacer los sonorenses al respecto, cuando nos encontremos a solas ante las ánforas colectoras de sufragios, el primer domingo de junio del año próximo. Falta ver si la mayoría decide refrendar esta espantosa situación que se prolongaría por otros seis años más, o por el contrario optamos por extirpar el cáncer que nos está matando. Faltan apenas once meses, y el reloj electoral hace tic-tac, tic-tac. Toma nota.

Author

Oscar Romo Salazar

Nací en Hermosillo, Sonora, el 12 de noviembre de 1937, en la antigua Calle Comercio (hoy No Reelección) al mismito pie del bienamado “Cerro de la Campana”.
Desde pequeño mostré una gran afición por la lectura y a lo largo de mi vida he sido un ávido lector. Leo todo lo que cae en mis manos, desde novelas de ficción, biografías de personajes famosos, libros de superación personal, revistas, periódicos impresos y virtuales… todo y de todo.
Me gusta mucho escribir sobre mi ciudad, sobre todo la pequeña ciudad donde me crié y donde crecí, dicen que tengo una gran memoria porque recuerdo cosas que sucedieron cuando yo estaba muy niño. Es posible. Trato de mantener vivos mis recuerdos escribiéndolos y compartiéndolos con quien quiera leerlos.
Estudié primaria, secundaria y preparatoria en Hermosillo, y posteriormente me fui a Monterrey a estudiar la carreta de arquitectura, la cual finalmente terminé en la ciudad de México, D.F.
Me casé cuando aún no terminaba mi carrera y formé mi familia con María Emma Freaner, originaria de Nacozari de García, quien me dio tres hijos: Oscar Upton, Carlos Eduardo y Leonel, los tres casados con excelentes mujeres. Tengo siete nietos, cuatro varones y tres mujeres, la mayor de 15 años y el menor de un año y medio.
He dedicado los últimos 26 años de mi vida a escribir, 25 de ellos en el periódico “El Imparcial”, y durante varios años lo hice simultáneamente para el periódico diocesano “En Marcha”, cuando lo dirigía con gran tino el padre Teodoro Pino, hoy Obispo.
Durante dos años y medio, de 2004 a mediados del 2007 tuve un programa de análisis político en Telemax al que llamé “Controversia”. Dicen que tuvo bastante éxito y que mientras duró fue muy visto.
El año pasado abandoné a “El Imparcial” por incompatibilidad de criterios y visiones con la actual dirección, y durante un año y medio aproximadamente (de principos del 2009 a mediados de este 2010, he venido colaborando con el portal “Contactox” de Claudio Escobosa Serrano.
Desde al año 2008 soy Presidente del Consejo Consultivo de Zona Histórica de Hermosillo y soy miembro de la Sociedad Sonorense de Historia.
En el mes de mayo de este año 2010 presenté mi libro “A Contracorriente: 25 Años Desde la Trinchera”, el cual fue editado por el Instituto Municipal de Cultura y Arte. Este libro es una primera compilación de unos 200 artículos de los más de dos mil que escribí durante el cuarto de siglo que tengo escribiendo.
Formo parte del elenco de escritores de “Casa de las Ideas”, un espacio donde espero concluir mis días como escritor, y desde donde me propongo seguir contribuyendo con mis escritos e ideas a mejorar en lo posible mi comunidad y, como soñar no cuesta nada, también el mundo donde vivo.

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