Esa ciencia tan indispensable, pero.

Ramón Pacheco Aguilar, Recientes No hay comentarios en Esa ciencia tan indispensable, pero. 7

Vivimos, aunque no todos lo aceptan o lo crean, en la etapa mas avanzada del desarrollo de la humanidad; solo por ello, ya somos privilegiados. Nunca antes la vida había sido tan cómoda, tan confortable, tan interesante; a la vez, tan demandante de nuestra responsabilidad. La capacidad de dar respuesta a los fenómenos que observamos solo se ve rivalizada por nuestra capacidad de generar nuevas interrogantes. Este estado de cosas es el resultado del avance de la ciencia y su concreción en los desarrollos tecnológicos que inundan nuestra vida cotidiana: el indispensable control remoto, la navegación ciberespacial, el democrático teléfono celular, las pantallas de plasma, la piel sintética, el botox, el grafeno, los GPI’s, las vacunas, los antibióticos, las TV-dinners, las imprescindibles palomitas del micro, etc. Ciertamente nuestro confort esta ineludiblemente atado al desarrollo de la ciencia, a la cual, consiente o inconscientemente, le pedimos cada día mas y mas. Y aún así, algunos se atreven a criticarla.

Cierto es que aún con todo este avance científico y aplicaciones tecnológicas, existen carencias, y que las inequidades e injusticias en la distribución de los beneficios que la ciencia le ha brindado a la humanidad persisten aún para un gran segmento de la población. Pero estas fallas no son imputables a la ciencia misma. La ciencia no tiene nombre, no tiene apellido; es libre, sin compromisos. La ciencia es conocimientos e interpretaciones nuevas, pero por si misma no genera ni resuelve problemas. La ciencia como concepto es inmaterial, abstracta; solo se hace concreta con las aplicaciones que nosotros le damos. Por el cómo de su aplicación se han acuñado conceptos equívocos como el de “la ética científica”, el cual rebasa a la ciencia misma como concepto inmaterial. La ética trata de la moral y de las obligaciones del hombre, la mujer y la sociedad en su conjunto, por lo que hablar de ética científica es querer colgarle a la ciencia, per  se, un “santito” que no le corresponde. La ciencia nos capacita en la búsqueda perenne de la verdad situándonos como individuos en un plano cosmológico sin principio ni fin. “Solo la verdad nos hará libres”; esta máxima socrática, tan actual pero tan ajena a la vez, es el combustible mismo de la actividad científica y de nuestra calidad de vida.

La sociedad el Siglo XXI es sin duda la mas informada de todos los tiempo, lo cual no significa necesariamente que sea la mejor informada (aunque debiera). Las fuentes de información actual cubren todo el inmenso espectro de la certidumbre, desde la charlatanería hasta los nuevos tratados y teorías. La ligereza de algunas fuentes informativas ha generado en grandes segmentos sociales una cultura “light” en lo referente al manejo de conocimientos o información científica. Algunas veces, esta ligereza descalifica la bondad inherente de la ciencia causando desconfianza e incluso temor hacia ella, llegando al grado de cuestionar el eterno e indisoluble lazo de la humanidad con la ciencia. Por ejemplo hoy día, el solo hablar de organismos genéticamente modificados (OGM) o de clonación provoca una respuesta de rechazo social, descalificándolos casi de manera automática. Ciertamente la aplicación de estos avances científicos requieren de un análisis minucioso que nos lleve a comprender con certidumbre cuales son sus alcances, aplicaciones, impactos y beneficios. La ciencia seguirá avanzando siempre, aunque el sentido se los demos nosotros. Por ello, hagamos de la ciencia nuestra mejor herramienta para vivir más y mejor,

A cientos de años de la concreción de la palanca, la polea, la rueda, el plano inclinado y la medición del tiempo, el lenguaje y la escritura, estos inventos y descubrimientos científicos nos siguen llenando de asombro y siguen siendo tan indispensables como en su inicio. Imaginemos por un momento nuestro desempeño cotidiano, trabajo o placer, sin alguno de ellos; simplemente, las cosas no serían iguales. ¿Entonces? ¿Cómo debemos comportarnos y responder ante los descubrimientos, avances y propuestas científicas que modifican nuestros esquemas mentales, paradigmas, tabúes y temores, llevándonos a calificar a la ciencia como inmoral, amoral o irresponsable? Les recuerdo que los adjetivos califican al sujeto y que la ciencia carece de este último atributo. La ciencia es la herramienta; la humanidad, el artista. Y como en todo, hay artistas buenos y otros no tanto.

 

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