Entre ser ciudadano y político

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en Entre ser ciudadano y político 30

Un joven me hizo reflexionar sobre la confusión que se da entre los autonombrados miembros de la sociedad civil, que se apropian del derecho de ser ciudadano mientras quienes transitan en la brega del quehacer político como militante de un partido o servidor público de elección o por nombramiento, son calificados como políticos. Me decía el joven amigo que la gente ya no cree en los políticos y esto como gobierno, equivaldría a que en la iglesia se dejase de confiar en el sacerdote o pastor.

La charla vino al cuento por la necesidad que se tiene, me decía el joven amigo, de que los próximos candidatos provengan de la sociedad civil y no de las áreas de gobierno estatal, federal o municipal o de los partidos políticos; como si los dichosos políticos vinieran de Júpiter y no de la sociedad civil. Ahora todos opinan en sentido negativo y tiene su origen en las famosas redes, en donde siendo un pizarrón abierto, se raya a gusto y placer, sobre todo la parte que merece tacha, que es vulnerable a la crítica fácil e irresponsable y la que no gusta a quien lo escribe. Los que viven el acuerdo y están conformes en lo que sucede, nada opinan porque lo bien hecho está por cumplimiento de la obligación de hacerlo y por lo tanto no merece exposición alguna. Vivimos en torno de lo malo, lo mal hecho, lo reprochable, lo mas fácil para dejar salir el vituperio que se lleve el coraje que sentimos, a veces contra nosotros mismos.

Para nadie es discriminatoria la razón que se expone en cualquier convocatoria para integrar algún organismo autónomo o dependiente del gobierno—ejemplo consejos electorales, fiscalías, comisiones, etc. —el que sea primer requisito no haber sido ni servidor público o desempeñar cargo en partido político alguno. La intencionalidad política de apropiarse del poder cualquiera de las siglas del basto mosaico que en México existe en cuanto a la presencia de fuerzas políticas, ha echado abajo la carrera política que es tan real como cualquiera otra. Nadie que se encuentre en este caso, con libertad puede alegar que su honorabilidad esta antes del compromiso político que se le endilgue y peor aun; los partidos políticos dejan ver con estas disposiciones que es cierto que el comportamiento de sus militantes esta sujeto no a sus valores personales, sino a las necesidades institucionales, así no sean las mas correctas.

El comentario surge de la inquietud que despierta la campaña política, que aunque sea oficial hasta marzo la federal y mayo la local—de 2018, conste—ahora ya se encuentra en todo su apogeo y los nombres de los buenos, los malos, los feos y los peores se apropian de toda platica en donde se encuentren más de dos. Desde el inicio del presente milenio las condiciones cambian y se opta por inventar cada tres años figuras que compitan—extraña opción—independientemente del dudoso futuro que la invención pueda traer como consecuencia de ir con visión inmediata de ganar sin prever lo importante de lo segundo: gobernar. La intuición, sensibilidad, agilidad mental y vocación de servicio salen sobrando, ante lo imponderable de ser quien por su apariencia física entre las pocas cualidades exigibles garantice como anote anteriormente, el ganar ganar,

“Yo no soy político” afirmación falsa e hipócrita de quienes aspiran cargos públicos y reniegan de los políticos tradicionales, como ahora llaman a quien ejerce el oficio o profesión, de esta que debiera ser la mas nobles de las actividades sociales. Los talentos son parte del inventario con que fuimos habilitados antes de nacer y así es que algunos resultan aptos para la música, el canto, la pintura, la escritura; la enseñanza y el liderazgo; por ejemplo. No todos cabemos en lo que para algunos es nato. Igual, el desempeño del ejercicio de la política no es para todos, aunque todos quepan en el y nos dejen consecuencias como las que estamos pagando por malos y corruptos gobernantes, que nunca merecieron la confianza que les fue depositada por decisión colectiva.

Platón filosofo griego, 400 años antes de Cristo definió así al político: “El político es quien posea el conocimiento para gobernar correcta y justamente, además de representar los mejores intereses de sus ciudadanos”. Igual cataloga a aquellos que dan la apariencia de poseer ese conocimiento sin serlo, a quienes define como sofistas o imitadores. Cada tres años surgen aquellos que “apenas” se dieron cuenta que la población merece mejores cosas y empiezan su luchita, aduciendo que el pueblo esta cansado de los políticos y que él o ella, según se trate; traen la oferta de corrección que se requiere para el cambio de la problemática social. La pregunta surge luego ¿Donde estabas que no te habías dado cuenta?
Finalmente justifico lo escrito, que espero no le haya resultado enfadoso. Entre ser ciudadano y político, no hay más barrera que aceptar que para ser lo segundo, antes hay que ser lo primero y vivir lo primero creyendo que no estoy en lo segundo, es tan solo un disfraz que surge algunas veces de la ignorancia.

A SUS ORDENES EN: oscarhpaco@hotmail.com; @PacoBarrera en Twitter; igual en Facebook

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