Entre la Patria y el odio

Joaquín Robles Linares, Recientes No hay comentarios en Entre la Patria y el odio 8

Hace meses conocí el odio. La inspiración y la elocuencia narrativa me llevó hasta el, lo fui sintiendo feroz y agudo, como un puñal que destroza el cuerpo sin detenerse, profundo y salvaje, y al salir sangrante, vuelve a penetrar con más fuerza, intentando dañar aún más, matar. El odio no escatima tiempo ni lugar, espacio o condición, el odio es corrosivo y devastador para el que lo arrastra; mortal e incomprensible para el que lo padece en carne propia.
La semana pasada pidieron perdón. ¿Vale el perdón después de centenares de muertos, de incontables familias rotas, de humanidades quebradas por la fuerza perversa e incontenible de la rabia sembrada por años? ETA dejó las armas primero, ahora pide indulgencia y trata de lavar con las aguas de la reconciliación, el rencor sembrado por décadas de muerte y sufrimiento.
Cuando comencé la novela Patria (Tusquets, 2016) de Fernando Aramburu, (San Sebastián, 1959) la inicié con cierto recelo, pensaba que posiblemente me encontrara con la justificación nacionalista o, con los argumentos apasionados de la muerte patriótica, que a muchos cautiva, no creo que a nuestra Patria le falten muertos, ya tuvo demasiados, a este País le faltan patriotas vivos y le sobran héroes muertos.
El relato es estrujante, conmovedor, un nacionalismo exacerbado, acompañado de una izquierda trasnochada, en una parte del Euskadi profundo, estos van impregnando la vida diaria a tal punto, que los amigos se combaten, los vecinos se desconocen, los parientes se rechazan, la sociedad entera se enferma de desprecio, de repudio, de soledades y desconsuelos. La peor ignorancia es aquella donde se niega al otro, aquella que anula todo reconocimiento a los demás, como si no existieran, como si fueran enemigos.
Hacía tiempo que una novela no me sacudía, Patria lo logró, Fernando Aramburu es un escritor originario de la región y testigo cercano de lo que se narra, al final queda la advertencia, una sociedad está al borde de la locura en el momento que la confrontación social sube de tono; se endilgan culpas y agravios irresponsablemente, sin importar si son ciertos o no; se inocula con crueldad el germen de la desconfianza y la diferencia, ellos y nosotros, los buenos y los malos, inmediatamente la animadversión estalla.
Lo que sigue es el relato de muchas brutalidades, de muchas amarguras. Es indispensable que todos nos asomemos a esta experiencia, que identifiquemos con serenidad como se anida el odio, los discursos son herramienta maleable y acomodaticia, después vienen las justificaciones lamentables y, cuando se intenta retroceder, ya es tarde.
Los calificativos hirientes, los llamados al fusilamiento, a la expulsión de nuestro país, a repetir pasajes sangrientos de nuestra historia, a compararse con personajes que vivieron otra época y apropiárselos con intención de ejemplificar y diferenciar; se construye de mala fe la pedagogía de la hostilidad.
Hay momentos en la vida de los países en que la sociedad debe moderar los ánimos, que la política se convierta en construcción nunca en destrucción, nunca construir narrativas sociales transitando por el rencor y la descalificación.
Hay libros que marcan y creo que Patria es uno de ellos y, por lo que veo, es necesario advertir y decir lo que está pasando. En una de las frases más subrayadas de la novela se lee:
“no se te ocurra construir tu vida sobre la mentira y el silencio. Es lo peor te lo aseguro”. Al menos yo, no lo pienso hacer.

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