Entre corrupción y mentiras

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en Entre corrupción y mentiras 39

Íbamos muy bien, ahora sí que como se dice en mi pueblo con una expresión de un ex gobernador: ‘tan bien que íbamos’ y se nos presenta lo de la pandemia”, expresó Andrés Manuel López Obrador, presidente de México en el anuncio que hizo el pasado domingo de que en México se perderán entre abril y mayo un millón de empleos.

Sin burla ¿Deberás creerá el presidente sus afirmaciones? ¿Estará consiente de ellas a pesar de la realidad que le restriega en la cara que no es cierto? ¿Estará el señor en su sano juicio?

En mi largo caminar en la viña del Señor, no me había topado con dudas tan extendidas sobre la salud mental de algún presidente de la república y mire que los he investigado a todos; al menos del General Alvaro Obregón (1920-1924) a la fecha. El más cercano a ello lo fue Vicente Fox (2000-2006), cuando se filtró en la prensa su necesidad de medicarse a base de Prozac.

El Prozac, cuyo principio activo es la fluoxetina, es un antidepresivo, que afecta químicos en el cerebro que pueden estar ocasionando desequilibrios en las personas con depresión, tales como pánico, ansiedad o trastornos obsesivo-compulsivos según lo explica la página www.drug.com.

La agresividad presidencial no es cuento, no es invención, no es falsa apreciación de nadie. Es tan real que le resulta imposible ocultarla. Le provoca largos vacios entre palabra y palabra con que integra sus frases. Su ánimo contestarlo es agresivo, nada de atento o respetuoso. Descalificaciones y adjetivos nada amable para quienes difieren de sus puntos de vista y accione a quienes de entrada califica como adversarios, no es para nada justificable no en su persona, si en la alta investidura que ocupa gracias al voto popular.

Súmele al presidente su inclinación sin rubor a mentir. El despacho Verificado, dedicado al seguimiento de frases y discursos emitidos por lideres políticos, sociales y religiosos, determinan que en los primeros 10 meses de gobierno de AMLO, este en sus mañaneras ha mentido en el 56 % de sus manifiestos. De cada 10 frases emitidas, concluye el estudio 6 están divididas entre mentiras y verdades a medias; que para el caso es lo mismo.

Aquí centro el motivo del tema de este despacho: en las mentiras presidenciales, observando que es notoria la insistencia en repetirlas tratando de hacerlas verdad

Es necesario decir porque el atrevimiento de calificarlas como tales, más viniendo de la figurapresidencial, que debiera de ser respetada y alejada de cualquier. Déjeme recordar algunas de ellas sin más intención que reclamar la burla que de nuestra inteligencia se trata de hacer.

Empiezo por la mayor de todas, la supuesta desaparición de LA CORRUPCION, en cualquiera de las áreas gubernamentales en este caso, las federales. Hasta números le puso el presidente: 500 mil millones de pesos al año, serían recuperados por el solo hecho de decretar su muerte (la de la corrupción). 18 meses del nuevo gobierno y como un buen juego de beisbol, cero hit, cero carreras y ningún hombre dejado en bases.

De los encarcelados, dos ex gobernadores (Javier Duarte, Veracruz y Roberto Borge de Quintana Roo), corresponden a procesos iniciados en el anterior gobierno.

Rosario Robles Berlanga, ex jefa de gobierno del Distrito Federal de Septiembre de 1999 a septiembre del 2000, al solicitar licencia para abandonar el cargo Cuauhtémoc Cárdenas (PRD), para competir por la presidencia de la república (tercera vez) en las elecciones del 2000; es acusada de fraguar aquella descubierta estafa maestra, en la que millones de pesos circularon en la nación, involucrando a universidades naciones y otras dependencias y que hasta ahora conocemos poco del tema, de tal manera que se dice más que la persecución y encarcelamiento por hechos aun no comprobados, hay una factura pendiente de fuego amigo de cuando ambos ocuparon ella el cargo de presidenta nacional del PRD y el, el de jefe de gobierno del Distrito Federal y su muy sonado caso de desafuero en los tiempos de FOX como presidente.

Hasta aquí entonces, repito nada de los 500 mil millones recuperados y menos prueba palpable de que la lucha anticorrupción es tal. Imposible creer que hay acción cuando ignoramos denuncias por este delito y menos que alguien en la cárcel este siguiendo el debido procesos por sus sucios actos en contra de la nación.

Corrupción es cuando el mismo gobierno en los meses de ser encabezado por la cuarta transformación, elimina el formato de competencia en el 70% de los casos,  para asignar contratos directos por obras y servicios y determinación de proveedores en las diversas y millonarias compras de todo lo que sea posible y necesario.

Le sigo con el cierre de la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, en donde se tiró a la basura miles de millones de pesos entre lo construido, por construir y las demandas de carácter internacional que los emporios constructores llevaron a los tribunales internacionales y que nunca, con todo y sus mañaneras, nos han dicho a los mexicanos cuánto costó cumplirse un capricho de tal magnitud.

De técnicos a técnicos, los nacionales e internacionales del pro al nuevo aeropuerto  demostraron en innumerables ocasiones la viabilidad del proyecto desechado. Los del no, no pasaron de ser constructores no favorecidos en los contratos del aeropuerto rechazado, entre ellos un muy amigo del presidente José María Riobóo, con gran influencia en decisiones trascendentales del presidente.  

Lo mismo pasó con PEMEX y sus derivados. Un cadáver del neoliberalismo que de momia trata AMLO en convertirla en competidora de Miss universo, con costo multimillonario con cargo igual a todos los que votaron por la 4T y los que presentíamos el temporal que se nos venía en la apabullante victoria de un candidato a presidente sin más plataforma política que dar salida a sus fobias, resentimientos y ánimos de venganza alimentados en sus años de líder social, más de inconformidades que de propuestas.

AMLO es tema, el quiere serlo. Nos alimenta de ocasiones de emitir juicios casi siempre en desacuerdos con sus arranques. Me cuento entre los que acepte desde siempre su triunfo electoral sin tache, menos duda. Soy su critico no por una diferencia ideológica—desconozco además su ideología—menos por ridículas ubicaciones de la geopolítica entre izquierdas, derechos y centros. Me duele México, viví las grandes crisis que arrastramos desde finales de los setentas y no quiero, me asusta que mis hijos repitan mi experiencia. Por eso, porque veo un mal futuro y se cuando inicia la tormenta, me atrevo a calificar mal al Presidente Andrés Manuel López Obrador.

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