En espera de los tiempos mejores

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en En espera de los tiempos mejores 18

La pandemia no deja de ser tema. Una recargada actividad del virus asesino se siente con fuerza en regiones de Sonora,que apenas semanas atrás parecía dejaba atrás no el peligro, sino la intensidad con que el Covid-19 pegaba en todos los rumbos del estado. La reactivación de la actividad comercial trajo también una intensa movilidad social que no acepta cuidados especiales, que no respeta sanas distancias y menos cumple con la obligación de portar todos el necesario cubre bocas, escudo personal que contra viento y marea se ha convertido en importante elemento de nuestra indumentaria diaria.

Hermosillo, está dentro de las cinco ciudades del país con más contagios. Al cierre de esta colaboración 17 mil de los 37 mil contagiados en Sonora, son residentes de la capital. Si le pegamos un rozón a los números encontramos que un tercio de la población del estado radica en esta caliente y pujante ciudad, pero en relación a los atacados por el pequeño asesino es el 46% de los casos los originados en esta población.

Un gran porcentaje de los residentes de pueblos y ciudades del estado, por lo que usted guste y mande viajan constantemente a esta capital que es sin duda alguna el centro comercial, medico, social y político del estado, luego entonces la posibilidad de exportar el contagio hacia todos los rumbos está latente. Por lo pronto Nacozari, el segundo municipio en importancia de la actividad minera estatal, es el primer municipio que de acuerdo con el consejo municipal de salud regresa al foco rojo que obliga a regresar a los acotamientos de movilidad y actividad comercial como medida precautoria ante el repunte de los casos de Covid-19.

No es privativo de ciudad alguna la irresponsabilidad social ante la crisis de salud que nos ha tocado vivir. Al parecer el orgullo de ser mexicanos incluye también la falta de temor, la ausencia de respeto al peligro o simplemente el importamadrismo que nos caracteriza en muchos temas. Las muestras de lo anterior ha quedado demostrado no una, sino en infinidad de veces.

Atraeré solamente dos ejemplos: Las colas en tiendas de conveniencia para comprar cerveza en plena época de confinamiento convocada por las autoridades y últimamente el desorden con que los aficionados al beisbol de la liga invernal recibieron la oportunidad de asistir a los juegos, condicionados a respetar las reglas sanitarias impuestas. Las reglamentaciones se acabaron en cuanto el aficionado estuvo dentro de los parques de beisbol. Una cerveza bastó para romper todo orden, sana distancia y demás condicionantes y como si una barita magina hubiese pasado sobre los estadios y borrar de la memoria colectiva la pandemia ¡zas! Todo se volvió pachanga, abrazos y baños con el ambarino líquido.

En dos semanas, vecinos en mi colonia, han celebrado en viernes de semanas seguidas pachangas concurridas no solo por adultos mujeres y hombres; igual bebés, niños y adolecente conviviendo a grito partido y en abrazos afectuosos que nada tienen que ver con los cuidados que la pandemia exige ¿consecuencias? Apenas aquellos sabrán, pero mientras tanto ellos celebraban, nosotros rogábamos a Dios por su salud ¡Vaya contradicción!

Amargados y enfadosos es lo menos que nos dicen a quienes insistimos en el quédate en casa y otros, culpan de todo lo que suceda a las autoridades. Si la gente no llevan cubre bocas, si no guardan la sana distancia, si están en parques y jardines, si hay fiestas; es porque las autoridades ni actúan ni protegen. Muy pocos aceptan la responsabilidad que a cada quien nos corresponde de cuidarnos y cuidar al prójimo.

Mientras no se cuente con la vacuna que inmunice si se puede, o por lo menos como en el caso de influenza aminore el riesgo de sus consecuencias; nadie que no seamos nosotros mismos nos garantizará la salud propia. Quienes han padecido el problema saben de lo que se trata tanto en las secuelas que puede acarrear la enfermedad, como en los daños económicos que a la familia ocasiona cuando la atención tiene que darse en hospitales y médicos particulares, fuera del sector público.

Ciertamente no todo ha resultado malo en la actual circunstancia, enseñanzas muchas nos deja una crisis como la que estamos viviendo; particularmente el reconocer la fragilidad que como personas tenemos ante la naturaleza, de la cual somos una parte pequeña de sus componentes.

Como miembros de una sociedad organizada, igual estamos obligados a responder cada uno para desarrollarnos en el mejor ambiente posible y no hay mejor círculo que el de la salud en todos los aspectos.

En ocho meses de este infierno en que el diablito coronavirus hace de las suyas, han dejado de existir muchas personas valiosas y necesarias, como es el caso de médicos, enfermeras, personal hospitalario, policías, bomberos, maestros, comerciantes, estudiantes, deportistas, periodistas y hasta sacerdotes. Estos lamentables sucesos acaban por hacernos duros ante la noticia, aunque después nos impacte y en muchos casos provoque depresiones y sentimientos encontrados.

Cada quien desde su atalaya, debemos ser cronistas de lo que pasa y vigilantes para que no pase. Esto es suma de voluntades para contrarrestar el mal, de no hacerlo, la resta es dolorosa y en ocasiones es muerte.

Cuidémonos, la vida es hermosa y como cantaba la Yuri… ¡Siempre vendrán, tiempos mejores!

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