¿Elección, corrupción?

Jean Meyer, Recientes No hay comentarios en ¿Elección, corrupción? 32

No, no voy a hablar de México porque me tocará, el primero de julio, no solo votar, sino estar sentado en la mesa de la casilla y no creo que me toque, como en las presidenciales de 1940, que un Gonzalo N. Santos, el famoso “Alazán tostado” nos mande un comando para barrer a los electores con ametralladoras. Desde que existen las elecciones, varios siglos antes de Cristo, en la antigua democracia de Atenas, existían la corrupción y el fraude; por cierto, el fraude se castigaba con la pena de muerte. Pocos países, pocas democracias, incluso las más auténticas se libran del financiamiento ilegal, del voto de los muertos o de los ancianos bienaventurados que llevan en camión del asilo a la casilla. Hoy, trataré el caso de las elecciones presidenciales francesas del año 2007, pero con una advertencia: hasta el momento, todo lo que voy a decir no pasa de ser sospechas, hipótesis, acusaciones todavía no comprobadas. De todos modos, es significativo y no deja de ser grave porque, como decía Voltaire, “calumnie, calumnie, siempre quedará algo”.

Nicolas Sarkozy fue electo presidente de Francia en 2007, con una cómoda ventaja y nadie puso en duda su victoria. En aquel entonces, las relaciones entre Francia y Libia eran malas; rápidamente mejoraron, al grado de que Muamar Gadafi (el Gadafi), invitado en visita oficial en París, pudo satisfacer su extravagante deseo de plantar su tienda beduina en los jardines del palacio presidencial, del Eliseo. La amistad no duró mucho y en 2011, cuando la “primavera árabe” pasó de Túnez a Libia y Gadafi mandó al ejército contra los insurgentes, el presidente Sarkozy encabezó y provocó la intervención militar de la OTAN que culminó con la caída y muerte de Muamar Gadafi.

Desde aquel entonces, corre el rumor de que el dinero libio había financiado gran parte de la campaña electoral de Nicolás Sarkozy, en 2007. En 2012, el sitio Mediapart mencionó la cantidad de 50 millones de euros. Sin prueba. En 2013, la justicia francesa abrió el caso. Vale la pena notar que, en 2012, Sarkozy había perdido la reelección frente al socialista Hollande; quizá, de haber ganado, no hubiera tenido problemas con los jueces. En seguida había sido inculpado de haber rebasado el límite de los gastos autorizados en campaña. Desde que dejó el poder, unos jueces vengativos no han dejado de investigarlo por diversos motivos, en lo que puede parecer una vendetta política; hay que saber que, siendo presidente, Sarkozy manifestó claramente que no quería a los jueces.

En 2014, el expresidente fue interrogado bajo custodia durante 18 horas y luego no se habló mucho del asunto, hasta que, a principios de 2018, un personaje bastante dudoso, intermediario financiero del gobierno de Gadafi, fue arrestado en Londres. La justicia francesa lo había convocado a fines de 2016 y, por lo mismo, no había vuelto a pisar el suelo de Francia. Fue arrestado por fraude y lavado de dinero. Eso puede explicar que Nicolás Sarkozy haya sido imputado de nuevo, el 21 de marzo pasado, por supuesto por financiamiento libio en 2007. Interrogado bajo custodia durante 25 horas (en dos días, lo dejaron dormir), fue liberado bajo control judicial, con prohibición de hablar con sus antiguos colaboradores y de viajar a ciertos países, entre los cuales Libia.

¿Mucho ruido, pocas nueces? Hasta la fecha, no hay nada claro. Sí, hubo dinero libio en circulación. ¿Lo recibió Sarkozy? Si no lo recibió él, ¿estuvo al tanto? Por lo menos dos de sus colaboradores muy cercanos, el Sr Hortefeux y Claude Guéant, entonces secretario general de la Presidencia, recibieron dinero. Guéant recibió en 2008 un giro de 500,000 euros con el cual compró un departamento en París, hoy confiscado por la Justicia. Contó que ese dinero provenía de la venta de dos cuadros flamencos: quedó comprobado que no; salió de una de las muchas cuentas de un riquísimo saudita relacionado con el hombre arrestado por los ingleses…
Por lo pronto, como bien dijo Sarkozy en su entrevista televisiva, al otro día del interrogatorio: “La política, se acabó”.

jean.meyer@cide.edu

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