El tigre de Andrés Manuel, en acción

Oscar H. Paco Barrera, Recientes No hay comentarios en El tigre de Andrés Manuel, en acción 35

A solamente 20 días del cierre de campañas políticas y 23 del domingo 1 de julio, algunos aseguran que al menos en las candidaturas presidenciales y basadas en estadísticas y mediciones variadas, que este arroz ya se coció. Me pregunto ¿Y si no fuera así? Si en una última revisión de conciencia, miles de los electores que supuestamente se inclinan hacia ya saben quién cambiaran de opinión como sucedió en 2006 y ese enorme 30% de voto indeciso que permanece al margen en espera de su oportunidad el primero de julio inclina la balanza en otro sentido ¿Qué pasaría?
Hace meses curándose en salud el candidato y dueño de MORENA, anunció que de perder las elecciones, alguien tendría que amarrar al tigre. Una velada amenaza sin duda alguna en esa doble personalidad que en su desequilibrio emocional nos muestra cuando una vez es tolerante, amoroso y dispuesto a escuchar y otra es un remolino de negativos argumentos, iracundas afirmaciones y retadores insultos hacia quienes intenten hacer públicas opiniones distintas a las propuestas del personaje, que deberá pasar a la historia como quien rompió paradigmas que separaban partidos políticos que de acuerdo con sus tradiciones y pensamientos eran ubicados en la izquierda (socialismo) o derecha (libre mercado), para imponer su modelo pragmático que no acepta añejas imposiciones doctrinarias que le da sentido a una posibilidad de hacer gobiernos diferentes.
Les decía que aquel tigre salido de la boca del mesías, es el mismo que ahora reta al los gobiernos del PRI en lo federal y del PRD en la Cd. de México, provocando desordenes, ofensivas expresiones a todo aquel que no esté de su parte y se dan el lujo de golpear a policías que tratan de poner orden en aquel maremoto de imposición de fuerzas físicas, ya no ideológicas. No es difícil entender políticamente el meollo del asunto, que no es laboral, ni en defensa de los educandos menos de la sociedad civil que trabaja para pagar impuestos que den vida y energía a esa turba de maleantes mal llamados maestros de Oaxaca, Guerrero y Chiapas. Por algo será que son los estados mas rezagados en la estructura nacional. Bueno, pues ese tigre está entrenando para la reacción si por tercera vez López pierde de nuevo su sueño de ser presidente.
Todo es político, todo es el seguimiento de una estrategia que le dé a AMLO la oportunidad de crear victimas para acusar luego de represión a la necesaria imposición del orden y la seguridad en la cuarta ciudad más poblada de México. Al peje y sus seguidores les vale madre—necesaria expresión—la educación de los niños de aquellos estados en pobreza. Ellos quieren poder político que les atraiga beneficios a las pandillas en que han convertido la competencia política electoral. Por un lado esa realidad y por el otro la gris intervención de las fuerzas públicas que tratan de cumplir órdenes desarmados y refugiados solo en los escudos y macanas con que son habilitados.
Cuando las fuerzas públicas están indecisas en su actuar, no es temor al que hostiga, es temor al que ordena y cuando actúan los cesan de sus cargos o les crean juicios como viles chivos expiatorios. Todos, autoridades, partidos y candidatos hablan vagamente del combate a la impunidad y sin embargo con su silencio la permiten. Ya basta de cuidar del juicio de ser acusados de represores, la obligación es brindar seguridad y orden a cualquier costo. No es cierto que la violencia no debe combatirse con violencia como AMLO lo asegura y una prueba sería que fuera a darles un abrazo y su bendición a los sediciosos que se dicen maestros y los despache a trabajar en la atención de infantes que no merecen el abandono y se comporten como ciudadanos que gozan de todos los derechos para reclamar sin violencia los derechos que dicen les son afectados.
Andrés Manuel López Obrador ya hizo historia, con total independencia de si alcanza o no la ansiada presidencia de la república. Desde el año 2000 en que participo y ganó la jefatura del entonces Distrito Federal, se ha dedicado a hacer una intensa campaña en pos de la silla del águila. 18 años en los medios de comunicación y con presencia física en todos los rincones de la patria, lo colocan ahora como el político más brillante—no por ser bueno o malo; sino por su presencia y capacidad de marcar agenda en donde quiera que se encuentre—y conocido, que no necesariamente es el más aceptado. Su terquedad y colmillo para decirle a su público lo que quiere oír logró sembrar dudas, corajes y rechazos a la habitual clase política hoy por hoy acusada de ser causa de todas las desgracias de México.

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