El regreso del porfiriato

Recientes, Sergio Romano No hay comentarios en El regreso del porfiriato 9

Tengo un don y suelo abusar de el: cuando en radio o en tele empiezo a hablar las ideas me vienen solas, de algún paraje misterioso de mi mente e improviso largamente con el bagaje de mis años de periodista y mi profesión de historiador como sustrato y apoyo. Pero a veces se me va la mano.

Alguno de esos días del diario hacer radio alguien del público me preguntó: “señor Romano ¿cree que algún día traigan a México los restos de Don Porfirio?”

Traía muchos temas en el borrador: los neandertales, Videgaray, el TLCAN, el plan para migratorio gringo, el Cuarto Reich nacional. Muchos temas.

Pero me clavé con Don Porfirio. Solté mi perorata del héroe del 5 de Mayo y de la batalla del 2 de Abrí donde derrota a Márquez y al Imperio de Maximiliano, y apunté que la Revolución clasemediera de Carranza lo estigmatizaba por varias razones.

“Por ejemplo, porque la mitad de los mexicanos vivían en la pobreza”.

Y mis viejos demonios historicistas brincaron porque me di cuenta en ese instante y lo dije: “igual que ahora”.

La SEDESOL y el CONEVAL reconocen que el número de personas en situación de pobreza extrema es de 13 millones  y casi 53 en pobreza de algún tipo.

Como en el Porfiriato.

Luego dije que lo acusaban de rodearse de aristócratas de viejo cuño y pensé en Chuayfett, en Pedro Joaquín, en Gamboa, en Murillo, en Osorio, en Lozoya.

Como en el Porfiriato.

Luego señalé que la Revolución triunfante lo acusaba de favorecer a grandes empresarios y latifundistas y me acordé de Slim, de Maseca, de Ricardo Salinas, de Emilito Azcárraga.

Como en el Porfiriato.

Y por supuesto de favorecer el capital extranjero y me acordé de OHL, de Repsol y todas las empresas españolas, coreanas, chinas y gringas que usan y abusan de sus empleados mexicanos y gozan de la cálida complacencia gubernamental.

Como en el Porfiriato.

Y la Revolución tiene sus huesos en París porque permitió la explotación de los jornaleros y campesinos en las grande haciendas. Y me acordé de San Quintín, de la Costa de Hermosillo, del valle de Culiacán.

Como en el Porfiriato.

Y en la educación… Todos con escuela pero analfabetas funcionales.

Como en el Porfiriato.

Con Don Porfirio había todo eso pero había paz.

No tienen que traer sus huesos: nunca se ha ido el Porfiriato.

 

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